ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

Este es un espacio para conceptualizar, analizar, efectuar crítica y proponer estudios sobre política aplicada, marketing, comunicación, educación, métodos aplicados, alta dirección y proyectos sustentables. Contacto:baltasarhernandezgomez1@hotmail.com, baltasarhg@gmail.com

miércoles, 23 de mayo de 2012

LA MUTACIÓN DEL ADN POLÍTICO EN MÉXICO

¿SE PUEDE CAMBIAR EL ADN? La politiquería mexicana dice que sí Por Baltasar Hernández Gómez. El pragmatismo político quisiera perturbar las leyes de la naturaleza y hacer que sus convenciones protocolarias se volvieran cánones científicos. En su estúpida apuesta irracional e inhumana llevan la penitencia. La táctica de transmutación política está siendo impuesta por la politiquería mexicana como algo “natural”, promoviendo una visión materialista, que malinterpreta la teoría darwiniana de la evolución de las especies, para colocar el interés personal por encima del concepto bienestar común concebido en la Polis griega. El cambio de bandera, principios ideológicos y trayectoria por parte de la clase política no es otra cosa más que el intento fallido por atraer la ingeniería genética a sus fines siniestros. En la actualidad la ciencia está en posibilidades de clonar o hacer variaciones en las combinaciones de los cuatro elementos que integran al ADN de los seres vivos, pero esto no significa que el zon politikon adquiera la capacidad de tener para sí los experimentos comprobados, y por ende, sea capaz de modificar las relaciones cromosómicas de su especie. Hoy en día, el paso de un partido a otro y las modificaciones en imagen y discursos es conducta recurrente para afianzar la partidocracia y sus personeros, propagando la idea que los cambios -por incongruentes e infames que sean- son legítimos, toda vez que sirven como medios para mantener el denominado “equilibrio de poderes”. Lo que no sale a la luz pública es que la meta es seguir reproduciendo el modelo hegemónico de dominación. Hay que recordar que un orangután no puede combinar cargas hereditarias con un burro. Un perro no puede conceder genes, vía cópula, a una rata. Lo mismo sucede para el género humano, ya que en las presentes circunstancias es imposible que el Hombre (hombre y mujer) se perpetúe con especies diferentes. Si Nicodemo Sánchez Toledo aspirara a cambiar apellidos por pugnas con sus progenitores, podría hacer uso de los derechos que otorga la ley para tal efecto, sin embargo, el legado genético, la cultura sorbida (una manera templada de decir mamada) en el seno familiar y las experiencias vivenciales no desaparecerán por decreto judicial o intereses cortoplacistas. Nicodemo seguirá siendo Sánchez Toledo, toda vez que los nuevos apelativos fueron impuestos por el arbitrio jurídico. Aunque Nicodemo posteriormente apareciera presumiendo apellidos como Smith Corcuera, su raíz de sangre permanecería en cada gesto, palabra, pensamiento y actos que llevara a efecto. Sin decirlo en voz alta muchos políticos profesionales (porque hacen de la actividad política su modus vivendi) siguen la ruta de mutación del ADN en pensamiento y gestión. Cuando sus organismos propulsores los dotaron de rangos de poder su heráldica pública lucía en marquesina repleta de leds, utilizando el argumento clave de la institucionalidad. Durante decenios se ejercitó la filosofía estoica si había desgracia por no haber sido palomeado por la mano del poder Ejecutivo, tanto en lo federal como estatal. Ahora, cuando los vientos cambian, negando continuidad en posición y canonjías, los apellidos son inmediatamente ocultados en el laboratorio de la traición. Ante la turbulencia del desamparo optan por la permuta del ADN político, adoptando características morfológicas que permitan el funcional acoplamiento a los nuevos entornos de subsistencia. En palabras comunes y corrientes a esto se le denomina deslealtad. Punto. Dicho performance ha sido constituido en deporte nacional por los políticos del sistema. La imaginaria mutación genética es alegoría de desfiguración superficial, que se aprecia, nada y más y nada menos en colores, texturas y expresiones. Ningún priista, perredista o panista (por no citar a todos los miembros de sectas partidistas minoritarias y satelitales) puede, en un momento determinado, quitarse el ropón y decir a los cuatro vientos que todo fue ilusión o mentira. Nadie que fue institucional al sistema se transforma de la noche a la mañana en rebelde. Ningún revolucionario muda de un día para otro sus ideas y proyectos para convertirse en reaccionario. Los que han transitado por esta órbita son simple y llanamente seres nefastos y peligrosos. Aunque traten de aparentar desacuerdos profundos en lo relativo a principios ideológicos o nominaciones a cargos de elección popular, con el propósito de justificar transmutaciones, los ojos cada vez más abiertos y atentos de la sociedad civil dan cuenta que el hipotético cambio del ADN político es un acto atroz de oportunismo. Las generaciones acostumbradas a soportar los estragos del “tlatoanismo mexicano”, o sea, del emperador político investido como presidente de la República, tienen ahora abiertas sus mentes y corazones para asumirse como entes sociales activos y promotores de una visión histórica critica, para que no haya amnesia del pasado no muy lejano que impuso un modo de vida antidemocrático, humillante y miserable. El ejercicio utilitario de mutar piel y lenguaje además de ser inmoral es el acto más infame que termina por quitar cualquier vestigio de decencia. Los políticos trapecistas, los que hacen malabares en sindicatos, comités centrales, asientos legislativos y burocráticos eluden la autocrítica, escondiendo sus oscuras pretensiones en preceptos de sobrevivencia y porque, dicen, “así es la vida política”. Lo cierto es que su proceder no es más que un intercambio de su integridad mercenaria por monedas de oro, curules, propiedades o privilegios mundanos. Los pragmáticos, al menor riesgo de quedar fuera de la nómina, se pintan tricolores, amarillos, anaranjados, verdes, rojos o más azules que un cielo de primavera. Muchos priistas, panistas y perredistas, al igual que panalistas o convergencistas (no aplico otro término porque no sé cómo llamar a los afiliados al partido que estrenó nomenclatura en 2011, Movimiento Ciudadano) han recorrido -ida y vuelta en diferentes ocasiones- el espectro cromático del sistema político. ¡Nombres, nombres, nombres! Es la exigencia que se escucha en el ring mexicano. Hay muchos y muy diversos, pero para identificarlos citaré sólo a algunos: Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, Manuel Camacho Solís, Elba Esther Gordillo Morales, Demetrio Sodi de la Tijera, Rosario Robles Berlanga, Ruth Zavaleta, Gabino Cué, Arturo Núñez, Jorge Castañeda, Miguel Ángel Yunes, Manuel Espino, entre otros cientos de políticos que se desenvuelven a nivel nacional y regional como peces que pueden pasar del agua salada a la dulce sin morir en el intento. En el estado de Guerrero también sobran saltimbanquis y aludiré dos casos emblemáticos: 1) Carlos Zeferino Torreblanca Galindo, que pasó de junior empresario a ciudadano activo en un grupo de empresarios inconformes e indecisos, para luego volverse “demócrata”, panista, luego independiente, perredista, progresista de izquierda, para regresar al panismo más reaccionario, y 2) Armando Ríos Piter que del priismo pasó al panismo para luego estacionarse en el perredismo que le dio diputación federal y la posibilidad de obtener una senaduría en 2012. Afortunadamente la tecnología otorga la oportunidad de estar en contacto con el mundo. Las protestas, ideas, proyectos, anhelos, fobias y filias no solamente se comparten en marchas, reuniones, lectura de libros, artículos o pláticas, sino que ahora son abordadas activamente en redes sociales, foros académicos, organismos no gubernamentales, correos electrónicos, asociaciones civiles, iniciativas populares, juntas vecinales, etc. La posmodernidad tan criticada se ha vuelto una catapulta dinámica que amalgama al cuerpo societal para que tome definiciones concretas, pero sobre todo a vislumbre rumbos. Ni las altas dosis propagandísticas que defienden perspectivas de partidos, sindicatos oficialistas, medios de comunicación, intelectuales y comunicadores orgánicos del sistema, planes de estudio, programas asistencialistas, populismo inducido o el impacto permanente que defiende plataformas enajenantes; pueden ocultar las contradicciones que generan tomas de decisión, que luego, paradójicamente, brindan la ocasión para renacer como ave fénix. La realidad muestra tal cual la podredumbre política encubierta en celofán con etiqueta de cultura política y pactos civilizados, que supuestamente enaltecen la democracia a la mexicana. Las sonrisas, lemas de campaña, promesas, spots audiovisuales, espectaculares, trípticos, mítines, reuniones prefabricadas, volantes, bardas, lonas, entrevistas, artículos periodísticos o seguidores virtuales prepagados en redes sociales no garantizan la aceptación y mucho menos sumisión masiva a los ejes de dominancia del Estado. La mentira, mentira es y ante las crisis económicas endémicas, convertidas en crisis ampliadas en lo social, político y moral, la verdad que se siente en el hogar y en cualquier centro de convivencia (laboral, cultural, escolar, etc.) es la que será tomada en cuenta para resolver, de una vez por todas, la disyuntiva de continuar viviendo de rodillas, o bien, de pie y con dignidad. Ahí están las movilizaciones, comentarios y exigencias de los jóvenes universitarios del mes de mayo 2012. ¿Qué sigue? Ya lo veremos, pues seremos testigos de un ejercicio democrático protagonizado por la juventud, esa que heredará seguramente un México mejor. B.H.G.

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viernes, 28 de enero de 2011

NEXOS ENTRE POLÍTICA Y NARCO EN MÉXICO


VÍNCULOS ENTRE LA POLÍTICA Y EL NARCO EN MÉXICO
Los supuestos vínculos entre la mafia y Manuel Añorve Baños, candidato del PRI a la gubernatura del estado de Guerrero.
Por Baltasar Hernández Gómez


La filtración sobre los aparentes vínculos de la mafia con Manuel Añorve Baños fue, antes que nada, un golpe mediático muy difícil de digerir por el hombre que abandonó la presidencia municipal de Acapulco, para aventurarse a la lucha proselitista para ganar la gubernatura de Guerrero, en el periodo comprendido entre septiembre 2010 y enero 2011. El heraldo del viejo PRI ahora enfundado en la mercadotecnia más ridícula que se ha visto no solamente en la entidad, sino en todo México, que atenta contra la inteligencia humana, hizo uso desde la compra de medios de comunicación masivos, panfletos, acusaciones sin fundamento, deflexiones de líderes opositores sin bases de apoyo, globos aerostáticos, helicópteros, camionetas hasta la puesta en escena de apoyos de artistas, deportistas y políticos y la contratación de cientos de edecanes con bikinis para “fomentar la cultura participativa en las elecciones”; con el siniestro objetivo de obtener la preferencia de los ciudadanos en edad de votar el próximo domingo 30 de enero del año en curso.

El candidato tricolor que se la ha pasado gritando a los cuatro puntos cardinales que ya es el próximo inquilino de Casa Guerrero desayunó bilis con la noticia en ocho columnas aparecida en el diario Reforma, mediante la cual se informó que fue descubierta la relación sostenida entre él y el cártel de los Beltrán Leyva. Rodeado de familiares, colaboradores y cortesanos que, con caras compungidas no podían creer lo que apareció a nivel nacional, Manuel Añorve manoteaba e insultaba lo mismo a Felipe Calderón que a panistas y aguirristas. Leía y releía la noticia colocada en el cuadrante superior derecho del periódico, pensando en las respuestas que debía decir sin meterse en mayores complicaciones.

Reforma fue el único medio masivo de comunicación que propagó los datos asentados en declaraciones de un testigo protegido por la PGR, identificado como “Mateo”, aún cuando muchos otros tuvieron desde la semana pasada dicho legajo de documentos: la cabeza del diario estableció “Revela narco que financia a Añorve” y a continuación reprodujo que “Manuel Añorve recibió quince millones de dólares de manos del narcotráfico”, según para fortalecer su campaña política en la tierra de jaguares en las marañas y pájaros en el río (como dicta una de las estrofas de la canción Por los caminos del sur del compositor sureño José Agustín Ramírez). Entre junio y julio de 2010, señala la nota, fue entregada la primera remesa de cinco millones en siete cajas de cartón, que contenían fajillas de billetes de veinte dólares, en una residencia localizada en la calle Rocas, colonia Jardines del Pedregal del Distrito Federal.

Esta versión detalló que en la reunión participaron Héctor Beltrán Leyva, Manuel Añorve en su calidad de presidente del municipio de Acapulco y pre-candidato a la gubernatura de Guerrero, así como el licenciado Fernando López Salinas. “Dicho concilio tuvo como finalidad recaudar fondos para que Añorve Baños llegara sin problemas a la gubernatura del estado”. Dicha transacción presumiblemente proporcionaría apoyo total del próximo gobierno, para que el cartel del “H” Beltrán operara sin contratiempos, afirmó el declarante.

La primera plana del 27 de enero/2011 resaltó que los mafiosos mantuvieron contacto con Manuel Añorve, quien como máxima autoridad de Acapulco estaba protegiendo las propiedades, operaciones y negocios de este cártel. Asimismo detalló que el acuerdo entre la presidencia municipal y el narco tenía como sentido las facilidades que concedería la administración y en particular la dirección de Policía y Tránsito, para facilitar las actividades de traslado y comercialización de estupefacientes en la plaza.

Desde las 11:00 p.m. del miércoles 26 de enero/2011 el rostro y comportamiento del abanderado priista a la gubernatura de Guerrero tuvo síntomas de angustia y no era para menos, pues había recibido el aviso de que a la mañana siguiente se descubriría su presunta relación con uno de los clanes criminales más perseguidos en México y el vecino país del norte. Durante la entrevista en vivo que le hizo Randy Suástegui en el noticiero nocturno de TV Azteca, Manuel Añorve no podía ocultar su desasosiego y mejor se limitó a refrendar los clichés pronunciados en las siete regiones de la entidad.

La noticia ciertamente apareció al amanecer del jueves 27, pero fue hasta las once horas cuando Manuel Añorve declaró que dicha información era falsa de toda falsedad, rechazando categóricamente las filtraciones de la PGR y remarcando que la publicación pretende dañar su campaña. “Esto es un infundio, una mentira y no podemos permitir que la figura de testigo protegido se use electoreramente". Negó la veracidad de las confesiones de “Mateo”, aseverando que no tiene duda de que el testimonio transmitido a menos de tres días de las votaciones constitucionales fue promovida por el gobierno calderonista, para dañar su persona, familia y partido. Repitió que ante su inminente triunfo se han difundido invenciones sobre su presunta relación con narcos para detener su llegada al palacio de gobierno en Chilpancingo. Ni duda cabe……¡Todo un wikileaks a la mexicana!

El susto y la perplejidad de Añorve Baños no es pecatta minuta, ya que semejante noticia significó poner en la superficie la serie de rumores que se venían repitiendo en corrillos sociales y políticos desde el año pasado. El zambombazo retumbó en la casa de la familia Añorve Fernández como cohete que estalla en una noche silenciosa, pues dicha información podría ser trocada en el colofón de muerte para una campaña plagada de insidias, quimeras, golpes bajos y despilfarro de recursos humanos, materiales y financieros.

Más allá de que periodistas y líderes de opinión a nivel nacional y local expresen que la nota publicada por Reforma es una filtración inadmisible de la PGR, que brota a la luz pública en “mal momento”, lo cierto es que a priori hay una especie de otorgamiento de votos de confianza, un blindaje a favor de Manuel Añorve. La lógica que se sigue es la de equiparar este caso con lo ocurrido a candidatos priistas en Chihuahua, Zacatecas y Veracruz, que primero fueron señalados de tener ligas con el narco, pero ahora son flamantes dignatarios. En este ir y venir coyuntural muchos se olvidan de Gregorio Sánchez Martínez, ex-alcalde de Cancún quien contendió el año pasado a la gubernatura de Quintana Roo por el PRD, pues en principio fue acusado de delincuencia organizada y lavado de dinero y luego defendido por correligionarios. Al final Jesús Ortega, Manuel Camacho y Luis Walton lo dejaron solo. Hoy en día está internado como recluso en el penal de Tepic, Nayarit. No es lo mismo que “lo mesmo” ¿Verdad?

Y efectivamente resulta sospechosa la filtración ventilada mediáticamente el día de ayer, en virtud de que faltan menos de cuarenta y ocho horas para que se lleven a cabo las elecciones en Guerrero, sin embargo, esto dista mucho de que nos quieran poner en medio de las ráfagas intimidatorias de la guerra sucia política-electoral. Entre la humareda se alcanzan a apreciar desgarres de vestiduras por parte de comunicadores que emiten argumentos para limpiar [inconsciente o premeditadamente] la figura del candidato priista, quien ha sido ampliamente cuestionado en diversas instancias fiscalizadoras como burócrata envuelto en graves acusaciones de corrupción.

Hay que esperar que la PGR no sólo niegue la filtración o establezca que el candidato priista no ha sido citado a declarar al respecto, sino que sostenga si es verídica o falsa la información proporcionada por el testigo protegido; que abra éste y otros expedientes de investigación salpicados de revanchismo político o “sospechosismo”, y que manifieste por qué luego de seis meses de las delaciones hechas por “Mateo” ante el Ministerio Público Federal, salga precisamente en estos instantes como nota faxeada clandestinamente a un diario de circulación nacional.

Si los datos son fidedignos Manuel Añorve, PRI, equipo de trabajo, familiares, amigos y aliados tendrán que pensar en cómo salir bien librados del atolladero inducido desde la silla presidencial, lo cual en estos momentos se aprecia como algo insalvable, debido a las aristas que trae consigo este episodio, que muy bien podría convertirse en un filme exitoso si lo encuadran en el formato thriller desarrollado magistralmente -en la década de los años setenta- por el escritor Mario Puzo. La filtración no sólo tiene incidencia en las elecciones guerrerenses o negocios y propiedades que hayan sido acumuladas por políticos, gobernantes y hasta empresarios en el pasado inmediato, sino de las votaciones en 6 entidades (Baja California Sur, Coahuila, estado de México, Hidalgo, Michoacán y Nayarit) que habrán de celebrarse en este año lectivo y la “madre de todas” en 2012, cuando se renovará el poder Ejecutivo de la República.

Si se confirmara la falsedad del vínculo entre políticos-servidores públicos-policías-narcos se debe condenar -con todo- la artimaña del gobierno federal que no le ha importado traicionar su ideología de bien común cristiano o poner en riesgo el equilibrio político y la gobernabilidad del país con tal de no desprenderse de la ubre del poder. Lo cierto es que el PAN, Calderón Hinojosa y su grupo están viéndose forzados a concretar alianzas con partidos que en teoría son catalogados de centro o izquierda y, por ende, némesis a su proyecto de Nación, con el único fin de estar más tiempo en Los Pinos. “El camino al infierno está plagado de buenas intenciones”, dijo Dante Alighieri en su magnífica obra La divina comedia.

Lo verdaderamente trágico y peligroso es que esta “escaramuza” desafortunadamente será la táctica electoral más recurrente en el corto plazo que implementarán los grupos reaccionarios del sistema político mexicano para eliminar enemigos. Cabe recordar que, los sectores conservadores tienen como alta prioridad inundar de temor, inseguridad, confusión y apatía la mente y conducta de la sociedad civil, a efecto de conservar el establishment. Las estrategias fallidas del presidente fallido parecen concluir en una frase parecida a que México es de Dios, pero éste lo está rentando, desde hace once años, a los panistas

Por vía de mientras, dicen mis paisanos de la Costa Grande, hay que salir a votar el domingo 30 de enero por el candidato o partido que más se ajuste a los principios e intereses que cada quien profesa. B.H.G. Ω

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jueves, 27 de enero de 2011

ENCAPUCHAMIENTO PARA OCULTAR IMPUNIDAD EN LAS POLÍTICAS DE LOS ESTADOS NACIONALES


ENCAPUCHÉMONOS.
Ordenamiento para defender el statu quo, pero al mismo tiempo para promover el cambio.
Por Baltasar Hernández Gómez


ACTO 1.
El verdugo encapuchado enfiló el hacha hacia la cabeza del hombre acusado por sus enemigos ocultos de herejía. La navaja bajó a la velocidad del rayo y partió el cuello…..la testa ensortijada concluyó su caída en una cesta de mimbre. Cuando la muchedumbre enardecida calmó los ánimos y fue desapareciendo de la plaza, José despojó sus facciones del pasamontañas picudo que lo cubría de miradas morbosas, recuperando poco a poco su talante de católico afligido y devoto de los diez mandamientos que Moisés enseñó a las doce tribus de Israel al bajar del monte Sinaí. El hombre de treinta y cuatro años suspiró hondo en la mesa vieja de madera de pino que estaba colocada a la entrada de su aposento, rodeado de su esposa e hija adolescente, quienes no se explicaban por qué cada viernes por la tarde el jefe de familia lloraba en silencio mientras sorbía la sopa de papa.

Sólo él sabía que blandiendo el hacha podía expiar el pecado recurrente de soñar que no pagaba tributos a los señores feudales. Haberse convertido en verdugo era la vía más corta –repetía hasta el cansancio el sacerdote- para que adquiriera un lote cercano al cielo de los justos. Sin embargo, sin saberlo, semana tras semana, iba acumulando perversiones difíciles de borrar y ser perdonadas por el todopoderoso. El ejecutor aceptaba su atroz trabajo porque en ello le iba el perdón por pensar y sentir distinto al de sus vecinos, pero en su interior sentía deambular a los más extraños demonios que no se cansaban de repetirle que los sextos días su entrada al infierno estaba abierta de par en par.

La capucha escondía no solamente el rostro del verdugo, sino la impunidad del clero y la monarquía que resguardados por el anonimato eliminaba enemigos económicos, políticos y religiosos sin concebir ni un ápice de culpabilidad. La inmoralidad, las bajas pasiones y los intereses más perversos de las clases pudientes se escondían tras la capucha de José y ante esto ni la súplica, el llanto o la misericordia podían cambiar las decisiones inquisidoras de extirpar los males por medio del hacha.

Con el paso de los siglos las capuchas quedaron colgadas en las catacumbas y aparecieron los protocolos sociales, las normatividades jurídicas, las policías, cárceles y las nuevas sanciones morales para ajusticiar a los opositores de los regímenes autoritarios sin tener que utilizar procedimientos arcaicos de tortura y muerte.

ACTO 2.
La recatada condesa se desplazaba como pluma que lleva el viento por el pasillo superior del Palazzo Grassi, iba rauda y veloz para encontrarse con su amante. Abajo, el baile de las máscaras venecianas estaba en apoteosis porque las doncellas más bonitas de la isleta de Murano iban a presumir sus antifaces de cristales multicolores. El conde de Mocenigo platicaba con el obispo de la catedral de San Marcos, volteando a diestra y siniestra para ver si ubicaba a su esposa, pensando en que el torneado cuerpo de su consorte estaba desaguando en el baño de mármol blanco del segundo piso. Luigi, como le decían sus iguales intentaba ver la máscara de hada platinada, bordada con perlas de río, que traía puesta la condesa, para zafarse de la aburrida conversación del jerarca católico que lo abrumaba con sus lecciones de ética medieval.

Arriba, el antifaz de color plata fue tirado en el piso de la recámara principal del castillo –de la vieja Tomassi Grassi- desvelando el rostro rosáceo de la señora Mocenigo, quien con furor besaba los labios del joven amante venido de Florencia para el carnaval del último año del siglo XVIII. Algunos invitados vieron entrar a la mujer y al hombre disfrazados sin saber que luego de unos minutos iban a ser protagonistas del festival lascivo de carne trémula por la represión mental. La mujer frondosa tenía la seguridad de no ser reconocida y eso le daba la valentía negada en quince años de matrimonio. Cada año añoraba ponerse máscaras, porque así conseguía mancebos dispuestos a regar con fluidos su piel marchita debido a los placeres negados por su decrépito marido.

Las máscaras eran las capuchas pre-modernas que escondían la doble moral, la miseria de las clases dominantes, el cinismo de los poderes eclesiásticos y civiles, la voracidad de los comerciantes y banqueros, pero sobre todo el desprecio a los desposeídos. Cada año, las morales privadas abandonaban los nichos de la resignación a forciori, para dar rienda suelta a la bacanal, esa que es siniestra, ya que está acompañada de la secrecía que trata de aparentar virtudes, viviendo en felonía.

Después de trece minutos, María de Mocenigo enfundada en su largo vestido color púrpura y máscara plateada tapaba con sus manos olorosas a feromona ajena la cara de su esposo. El conde, inmediatamente volteó el rostro depositando un beso sonoro en la mejilla de su cónyuge, presumiendo a la alta sociedad veneciana de poseer una esposa hermosa, virtuosa, sumisa, recatada y respetuosa de los designios de Dios. Las máscaras dan sorpresas no solamente a quienes las ven, sino también a quienes las portan. Un Padre Nuestro para la redención de los pecados de doña María, ni más ni menos.

ACTO 3.
Frente a la hoguera los encapuchados blanquecinos vociferaban las peores groserías. La discriminación brotaba por cada poro de piel albina de los habitantes de Lousiana, mientras los cuerpos de jóvenes negros crispaban por la elevada temperatura de la madera de abedul encendida con gasolina. Los conos y máscaras tapaban casi la totalidad de los rostros de políticos, policías, granjeros, comerciantes, amas de casa y estudiantes que seguían insistiendo que los negros debían seguir siendo esclavos al servicio de los arios.

Ningún sentimiento de bondad podía apreciarse por las rendijas faciales de los disfraces de verdugo en blanco que llevaban puestos los participantes en ese acto de barbarie para quemar vivos a mujeres y hombres que tenían un tono de piel distinto a la de ellos. No había hachas o dobles morales, sino una catarsis destructiva que era permitida por las autoridades de esa región de los Estados Unidos de Norteamérica, para disminuir presiones sociales, políticas y económicas desde el siglo XIX hasta nuestros días.

La leña tronaba con un ruido tan terrorífico que hacía huir a los animales de los pantanos circundantes, mientras el joven preparatoriano que entre semana visitaba a su novia mormona, gritaba ¡Muerte a todos los negros del país! A su lado estaba gesticulando el abarrotero, el peluquero, el sacerdote presbiteriano, la profesora de secundaria, el agricultor, el patrullero y el alcalde bailaban con frenesí por los clamores de los negros que se achicharraban lenta y dolorosamente en la pira. Nadie se atrevía a mencionar que muchos tenían erecciones inmediatas al ver los cuerpos turgentes de muchachas afroamericanas que caminaban rumbo a los plantíos de algodón. Sólo en las cuestiones sexuales –decían en secreto- no hay inconvenientes de color.

A finales de la década de los años sesenta hubo centenas de detenciones y encarcelamientos de encapuchados del Ku Klux Kan por parte del FBI, que aún cuando fueron acciones ejemplares no han podido erradicar el racismo que todavía subsiste en el sur, este, oeste y norte en los Estados Unidos, así como en otros países, tales como Alemania y Reino Unido. En la primera década del siglo XXI las capuchas blancas han sido transfiguradas en ediciones impresas, audiovisuales, en leyes, concesiones del poder, lecciones religiosas o mensajes culturales discriminatorios, que no requieren de tela u hogueras para continuar siendo efectivas.

ACTO 4.
El “tapadismo”, factótum metaconstitucional concentrado en los presidentes en México, fue el método antidemocrático para la designación de su sucesor a modo [símbolo sexenal del relevo de poderes que se dio en el periodo comprendido de 1940 a 2000]. Éste hizo que los políticos y funcionarios cercanos al titular del Ejecutivo federal movilizaran sus fuerzas de apoyo, rumores, publicidad e intrigas para ser los beneficiarios del dedo que los posicionaría en el Palacio Nacional.

El “tapado” fue la figura masculina identificada gráficamente con una capucha en blanco o negro, que dejaba ver -sin explicitarlo- que ningún político podía sentirse seguro de la candidatura a presidente de la República, gobernador, senador, diputado, presidente municipal, regidor o líder político autorizado, pues la voluntad del tlatoani que habitaba la residencia oficial de Los Pinos era alfa y omega del sistema político mexicano. Ante un régimen unipartidista, corporativista y controlador absoluto de los medios de comunicación; las intenciones presidenciales eran mandato supremo para la sociedad política.

Nadie podía actuar o moverse de manera anticipada a los preparativos autoritarios y surrealista del presidente, pues aunque todos creían poseer los dotes para ceñirse la capucha que los blindara frente a la crítica y confabulación de enemigos, que pudieran cambiar la decisión del Ejecutivo en turno, ninguno podía afirmar al ciento por ciento que era él y sólo él quien tendría la ocasión para elevarse como el nuevo “faraón” de la nación localizada al sur del máximo exponente del capitalismo: Estados Unidos de Norteamérica.

La capucha del “tapado” funcionó casi 60 años y no obstante que ciertos intelectuales y cientistas orgánicos se desviven en resaltar que este fenómeno ya no existe, la verdad es que sí persiste, pero ahora metamorfoseado en formatos menos punitivos. Basta recordar las “pasarelas” de servidores públicos del gabinete presidencial para cautivar a los grupos sociales; las secretarías de Estado erigidas ex profeso para ser las encargadas de programas sociales, educativos, salud y vivienda; de creadores de fundaciones y asociaciones civiles que rebasen las estructuras partidistas y sean las plataformas de “candidaturas ciudadanas”; de los contubernios entre los clanes de poder a nivel nacional y regional que imponen candidatos a puestos de elección popular.

Hoy en día está en boga que los “tapados” posmodernos porten la capucha hecha a la medida por la mercadotecnia política, la cual potencia virtudes, conocimientos, experiencias y habilidades de los candidatos seleccionados por la partidocracia, dotándolos de la cualidad de mercancía política susceptible de ser “comprada” por las masas: mucha forma y poca esencia. Estas capuchas son más peligrosas que las de color negro, blanco o incrustadas de piedras preciosas o lentejuelas, pues aniquilan las aspiraciones y vidas de millones de personas que se debaten en la pobreza más vil por la falta de oportunidades reales de empleo, alimentación, vivienda, servicios de salud, educación, cultura, deporte y entretenimiento.

ACTO 5.
Hace menos de treinta años, las imágenes transmitidas de las fuerzas del orden público en sociedades de “primer mundo” como Italia y Reino Unido, así como en países latinoamericanos periféricos, como el caso de Perú, Ecuador y Colombia resultaban extrañas, por decir lo menos, toda vez que aparecían enfundadas en pasamontañas. Nos parecía raro visualizar a policías y militares encapuchados para cumplir con sus labores cotidianas de detener a las “malévolas asociaciones delictivas” ¡Eso pasa allá!, decíamos por acá.

Pero llegó el momento en que lo de allá se vino para acá y precisamente desde que el presidente Felipe Calderón Hinojosa inauguró la Guerra contra el crimen organizado (diciembre 2006), empezó a operar en México la estrategia de encapuchar a los mandos y tropa pertenecientes a las fuerzas militares y policiales focalizadas en tareas operativas. Con la argumentación de no poner en peligro a los miembros de los aparatos represivos del Estado, las dependencias encargadas de enfrentar a las mafias han venido uniformando a sus elementos con vestimentas y máscaras que impiden no solamente la identificación de sus portadores por los sicarios, sino para la comunidad societal que tiene derecho a que sus supuestos guardianes no se amparen en el anonimato. Basta y sobra con el poder que les dan las placas y credenciales metálicas, así como el despliegue ostentoso de vehículos, armamentos y blindajes, para que ahora aparezcan con capuchas y actitudes despóticas y arbitrarias.

Por la carencia de controles administrativos, de capacitación-actualización, mecanismos que midan, regulen y supervisen los niveles de confianza y capacidad, así como de normatividades jurídicas en las corporaciones locales, estatales y federales, se hace presente la desconfianza y el temor fundado de la ciudadanía. Son muchos los actos donde militares, marinos, policías federales o de estados y municipios pisotean los derechos humanos; desaparecen a “personas sospechosas”, periodistas o políticos opositores; asesinan sin consideración tanto a niños, jóvenes como adultos mayores y discapacitados; y detienen y denigran a personas de bien. En la mayoría de los casos los organismos que presumen “servir y proteger” ofrecen un perdón casi imperceptible por los daños colaterales, que irremediablemente son achacados a la “ferocidad de los criminales”. Nada de juicios y castigos. Nada de justicia civil o militar………………sólo suspensiones, cambios de plazas, despidos, ocultamientos administrativos, pero eso sí mucha impunidad.

Un botón muestra es el asesinato de un escolta del presidente municipal de Ciudad Juárez, Héctor Murguía Lardizábal, así como la falta de respeto a su investidura y la amenaza real de muerte cuando éste se presentó en el hotel donde pernoctan los miembros de las fuerzas federales en la zona fronteriza más emblemática del estado de Chihuahua (martes 25 de enero/2011), para pedir explicaciones. Entre capuchas y uniformes oscuros, armas cortas y largas, camionetas con sirenas ensordecedoras y luces cegadoras, pero al unísono entre mentadas de madre y amenazas de ¡Mejor los matamos a todos y se acabó este pedo!, el actual alcalde de Juárez fue participante de un festín donde relució la arbitrariedad policial.

Casi a diario, los mexicanos somos impactados con imágenes de asesinatos que cada vez son más sanguinarios e increíbles por el grado de horror aplicados, pero también por el paso continuo de convoyes de autos, camionetas, helicópteros, tráileres y artillados de la policía federal, Sedena y Marina, en cuyo interior viajan encapuchados con cara de pocos amigos ¿Quiénes son los buenos, aliados y defensores y quiénes los malos? ¿Qué confianza pueden transmitir encapuchados que no hablan, que no tienen una educación mayor o acaso bachillerato terminado o inconcluso y que no conocen sobre derechos humanos? Para enmascarados los payasos que algunas veces espantan a infantes, los luchadores sobre el ring, los invitados a una fiesta de halloween, los que desfilan en una procesión católica en semana santa ¿Pero los policías y militares? ¡Por favor, ya basta!

¿De quién nos defendemos? ¿De los pitecantropus erectus defensores de la ley amparados en el anonimato que otorga la capucha negra y que sienten que los civiles son malagradecidos porque no se valora su entrega sin cuartel a los fines más nobles de la patria? ¿De los sicarios que eliminan a todo lo que consideran obstáculo para la ampliación de sus plazas? ¿Pedimos identificación o una bala al tener la osadía de exigir garantías? ¿Creemos en los encapuchados originales, en los clones, réplicas o piratas?

EPÍLOGO DE LA OBRA.
A diecisiete años y veintiséis días del surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en el estado de Chiapas, los indígenas encapuchados, con armas de verdad y otras realizadas con madera, acompañados por el Sub, de origen urbano, pero no por ello ilegítimo, se presentaron como los mexicanos “sin rostro y sin voz” penetraron en la psique social, alcanzado enormes niveles de simpatía y unidad que no habían sido vistos desde la Revolución mexicana.

Los encapuchados chaparritos, con paso marcial y con la dignidad de quienes no tienen miedo de perder la vida, porque desde su nacimiento les quitaron los derechos a vivir con dignidad, dieron lección de honorabilidad a los mexicanos y a la ciudadanía universal de enfrentarse a los detentadores del poder político y económico, alzando la voz con energía y optimismo, demostrando que, aún cuando los sistemas políticos defienden con todos los recursos disponibles a las élites, la sociedad puede levantarse para exigir y tomar lo que le corresponde.

De este tipo de encapuchados quisiéramos ver caminando en las calles de ciudades y poblaciones suburbanas y rurales. Ocultos con pasamontañas connotando que no importan sus caras porque se las quitaron e ignoraron desde su nacimiento y sin infundir terror o para esconder acciones ilícitas. Quiero destacar que hablar de este tipo de capuchas no significa alentar movimientos subversivos, porque de lo que se trata es poner el acento en la sílaba adecuada y voltear a ver que los ocultamientos a propósito tendrán que caer cuando se instaure un modo de vida democrático que dé a cada quién su cada cual. B.H.G. Ω

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jueves, 20 de enero de 2011

LEALTAD Y TRAICIÓN EN LA POLÍTICA: un esbozo de lo que pasa en México


ANTES LE DECÍA “JEFAZO”: Lealtad y traición en la política.
Por Baltasar Hernández Gómez


En el debate de los candidatos a la gubernatura del estado de Guerrero, México se habló de las propuestas, o mejor dicho, de las promesas para constituir gobiernos que remedien los ancestrales rezagos sociales y económicos de la sociedad sureña, la cual se debate entre la miseria, la violencia y el olvido. Tanto Ángel Aguirre Rivero (coalición PRD, Convergencia y PT), Manuel Añorve Baños (PRI, PVEM y Nueva Alianza) y Marcos Efrén Parra Gómez (PAN) emplearon los protocolos de la oratoria para “cautivar” a la opinión pública que, a las 09:45 horas del martes 18 de enero pasado, pudo o quiso encender su radio o televisión para presenciar el encuentro de los tres aspirantes al poder Ejecutivo estatal. Sin embargo, más allá de los programas de desarrollo esbozados para el bien de los guerrerenses, deseo destacar que en el discurso del primero hubo un término que expone a la perfección los códigos de comportamiento de los políticos mexicanos y de muchos otros países latinoamericanos: Aguirre Rivero afirmó que le extrañaban las críticas de Añorve Baños, pues hacía escasamente algunos meses que lo llamaba “jefazo”.

Aunque parezca intrascendente la palabra por sí misma, reviste relevancia para la comprensión de los ritos que realizan las personas que viven de la política en un sistema caracterizado por la antidemocracia en la toma de decisiones de Estado, pues el apelativo “jefazo” connota la figura suprema, el neo-tlatoani* mexicano que todo lo puede y que todo lo hace con excelsitud. A bocajarro el candidato de la coalición Guerrero nos une (Ángel Aguirre) puso en evidencia que su primo, protegido y antiguo colaborador (Manuel Añorve) cambió de parecer ante la oportunidad de encabezar los intereses del viejo partido único (PRI) remasterizado en instituto opositor al régimen panista en el ámbito federal y supuestamente de corte perredista en el estatal. El recordatorio “era tu “jefazo” pareció retumbar en el salón alquilado al Grand Hotel del puerto de Acapulco. Manuel Añorve tragó saliva y su rostro se transfiguró en una masa con tonalidad rojiza. Entrelíneas y sin ambigüedades el aspirante perredista externó ¿Cómo puedes decir ahora que no serví como político, líder, servidor público, gobernador interino y legislador cuando era una constante tu servilismo y zalamería con la que insistías a propios y extraños de la eficacia de mis actos?

La lealtad a conveniencia y la traición no son situaciones novedosas en los entretelones de la política, pero el recordatorio de Aguirre Rivero evidencia que, en los laberintos del poder, el amigo, compadre, pariente o colaborador se puede transformar -en circunstancias extremas- en enemigo. A lo largo de la historia el juego de las perversidades trastoca la lealtad en traición y convierte a los renegados en héroes. Así pasó con Porfirio Díaz Mori cuando enarbolando a Juárez eliminó al juarismo. Así ocurrió con los asesinatos, exilios y controversias de Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas. En épocas más recientes, Luis Echeverría hizo a un lado a Gustavo Díaz Ordaz. José López Portillo negó el legado echeverrista y éste fue condenado como corrupto por su sucesor Miguel de la Madrid. El presidente emergente, Ernesto Zedillo no sólo quiso borrar a Carlos Salinas, sino que llegó a acusarlo de ser el hacedor de la crisis de 1995 y luego encarceló a su “hermano incómodo”, Raúl Salinas. Y si esto no fuera suficiente, los gobiernos autodenominados del cambio, es decir, los panistas que desde el año 2000 están en la cúspide del poder formal en México no sólo no cambiaron los cultos del viejo régimen priista, sino que los modernizaron: Vicente Fox, primer presidente de la República de filiación distinta al PRI ha querido ser borrado de la acción gubernamental de Felipe Calderón Hinojosa.

“Jefazo, a sus órdenes” es la forma más acabada del servilismo político que ha servido como mecanismo de ascenso para líderes, gobernantes, legisladores y militares, la cual no se queda en la esfera de lo político, sino que también se esparce en la dinámica social ampliada, pues es conocido que profesores, trabajadores públicos y de empresas privadas, sacerdotes y hasta los miembros de menor jerarquía en el seno familiar utilizan el “sí Jefazo” para alcanzar los favores y quereres del poderoso en turno.

El señalamiento de Ángel Aguirre Rivero desvela las liturgias que se efectúan para escalar los peldaños de la pirámide política y que también surgen en los métodos desarrollados por el narcotráfico. Por esto mismo, mucho de lo que pasa en el mundo de la mafia fue copiado del sistema político y viceversa, en virtud de que las detenciones de capos y esbirros delatan que el “jefazo” perdura hasta que el poder se desvanece. Las luchas intestinas entre cárteles y operadores demuestran que los señores del narco (retomando el título del más reciente libro de la escritora y periodista Anabel Hernández**) unas veces hacen pactos de sangre y juran lealtad hasta la muerte y otras, al acogerse a inmunidades o ser detenidos por delación, son maestros de la ingratitud y el engaño.

Las confesiones del delincuente “J.J.”, José Jorge Balderas Garza (detenido recientemente por las fuerzas federales), remarcan que nunca trabajó con Edgar Valdez Villarreal “Barbie” y que su aprehensión fue producto de un soplón, hecho que se parece mucho al proceder desleal de Manuel Añorve, quien durante muchos años gozó de las mieles del poder administrativo y político que le proporcionó su mentor y pariente Ángel Aguirre, pero que apenas hace unos meses creyó superar al magister, dejando de representar su papel de pupilo disciplinado para convertirse en opositor, fustigador y predicador de rectitudes falsas.

Fuera del escenario los espectadores no son los mismos de ayer. Han abandonado la pasividad que permitía hacer y deshacer a gobernantes, legisladores y miembros de las milicias. Hoy en día la ciudadanía no observa impasiblemente el ir y venir de las tropelías de los personajes que unas veces son regidores, luego diputados para saltar a una curul en el senado y acabar siendo líder o consejero en institución del Estado o consejo de su partido de origen. Los “trapitos al sol” que están descubriéndose ya no son tendidos en los cordones de la impunidad, pues el voto -como mecanismo real de decisión en la verdadera democracia horizontal que se da fuera de los controles procedimentales del Estado-, pero sobre todo la participación y movilización social en los círculos doméstico, comunitario, laboral, escolar y político abrieron los ojos de millones de ciudadanos que no están dispuestos a seguir soportando la infamia de ser testigos mudos y mancos de la ruina del país.

Estoy convencido que ha llegado el tiempo real de las definiciones para no oír más “sí jefazo” o ver como la columna vertebral de muchos cortesanos se sigue doblando en posición de noventa grados para poner de manifiesto sumisión absoluta a los designios de los poderosos en turno. Ni las balas, portafolios de dinero, intimidaciones o demagogias pueden detener el empuje de una sociedad que clama y lucha por salir de la miseria económica y moral a la que ha sido sometida por más de un siglo. Podrán amedrentar, asesinar o comprar a miles, pero no podrán contener el flujo imparable de millones jóvenes y adultos para hacer de México, América y el mundo sitios para vivir con calidad y calidez. Podré ser señalado de idealista, pero mientras la utopía perdure habrá la esperanza de futuros promisorios. ¿O qué………..todo acaba en el instrumentalismo y la posmodernidad globalizante? B.H.G. Ω.

Anotaciones.

* Los aztecas designaban a su máximo gobernante con este término que en náhuatl significa “el gran orador”, es decir, quien tiene la facultad, poder y cultura para hablar.

** Editorial Grijalbo, México, 2010.

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miércoles, 12 de enero de 2011

EL FUNESTO RECICLAJE EN EL EJERCICIO POLÍTICO


EL NEFASTO RECICLAJE EN LA POLÍTICA
Por Baltasar Hernández Gómez


Hacer referencia al concepto reciclaje implica abordar la vida misma sobre la faz de la Tierra, toda vez que su impacto no solamente tiene que ver con asuntos académicos o discusiones ético-morales, sino reviste la trascendencia para la conservación del medio ambiente, lo cual es una cuestión de prioridad para los seres humanos. El reciclaje es un proceso industrial basado en la re-utilización de materia prima de productos usufructuados por los consumidores. Hoy en día es un imperativo el reciclaje de envoltorios de plástico pet, cartón, papel y metal, con el propósito de que las fábricas no generen índices elevados de contaminación y depredación de recursos naturales no renovables. Hasta aquí todo va bien, sin embargo, dicho término también fue asimilado por el pragmatismo político para esconder los grados superlativos de impunidad en el ejercicio del poder, en virtud de que los sistemas democráticos en el mundo fueron convertidos en espacios selectivos con corte autoritario, los cuales son continuamente reformados para mantener el statu quo de las clases dominantes.

El modo de vida impuesto por los Estados nacionales impone el control de las élites reproduciendo la explotación, enajenación y reproducción de desigualdades sociales y económicas, para que los pocos estén por encima de los muchos, que día con día sienten la pauperización de sus niveles de existencia. Normas legales, productivas, electorales, culturales e ideológicas son los componentes que permean a los regímenes que no se cansan de pregonar las supuestas bondades del capitalismo globalizador enmarcado en la miseria humana existente en todos los continentes. El reciclaje lo mismo opera en Estados Unidos de Norteamérica, Rusia, Italia, que en México, Haití, Guatemala y Etiopía, ya que la denominada clase política mundial fundamenta su eficacia en la imposición de sus intereses en los poderes constitucionales y meta-constitucionales desplegados en sus países de origen, haciendo una clonación del poder, que se traduce en constante movimiento de personajes clave en partidos políticos, instituciones gubernamentales, legislativas y judiciales.

En el bloque de naciones del llamado primer mundo, así como en los periféricos, el reciclaje político se vuelve un mecanismo efectivo para perpetuar los objetivos y alcances del Estado y sus grupos hegemónicos, pues traer y retrotraer personas y programas exitosos para sus conveniencias garantizan la sujeción de las sociedades. El bipartidismo norteamericano, la alternancia en México, la sucesión de intereses en Argentina y Brasil, continuidad de los regímenes comunistas y militares en diferentes latitudes del orbe, seguimiento estricto de las exigencias del FMI y Banco Mundial en materia crediticia y de desarrollo son prueba fehaciente de que el reciclaje, disfrazado de estilo de vida integral válido en todo terreno, funciona muy bien para la élite.

Lo que está debajo del reciclaje político es un cúmulo de experiencias impunes para someter a las masas a una dinámica de intervención donde lo menos importante es que se alcancen estadios dignos de vida para los sectores más desprotegidos, toda vez que la meta es eternizar las desigualdades socioeconómicas, haciendo pasar las diferencias y pobreza como algo natural e imposible de erradicar, pues aseguran que “así es la condición sine qua non de las sociedades posmodernas”. Millones de personas en el mundo ven pasar -una y otra vez- a funcionarios, legisladores, magistrados, militares, policías y asesores de todo tipo por diferentes corporaciones, porque aparentemente reúnen cualidades excepcionales para seguir en sitios clave, a fin de impulsar la idea de que el horizonte de bienestar será alcanzado a largo plazo, cuando en realidad se aleja años luz para su realización.

¿Cómo se explica que congresistas, senadores, servidores públicos, consultores y miembros de las fuerzas armadas son movidos permanentemente de un cargo a otro en los Estados Unidos? ¿Cómo se entiende que los partidos políticos en México reciclan cada tres o seis años a gobernadores, legisladores y miembros de pasadas administraciones en los tres órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal) hacia nuevos cargos? ¿Cómo aumentar la participación electoral o social de la ciudadanía cuando en las campañas proselitistas se repiten hasta el cansancio slogans, promesas y gente que rodea a los candidatos? Ante la infamia, la suspicacia entra por la puerta grande de la percepción social que, viendo las incongruencias políticas, no alcanza a armar al ciento por ciento el rompecabezas del perverso juego de la realpolitik. Lo que subsiste es la persistencia de “más pan con lo mismo”, o sea, una especie de repetición de la frase del Gatopardo del escritor italiano Giuseppe de Lampedusa “que todo cambie para que todo siga igual”.

El caso México.

El presidencialismo ha sido y sigue siendo la marca más funesta del sistema político, que revestido de reformas electorales, sigue siendo -como lo dijo el premio nobel de literatura 2010, Mario Vargas Llosa- una dictadura imperfecta. El Estado mexicano es una gran fábrica de reciclamiento político: un ingeniero puede ser especialista en inteligencia y seguridad pública; un abogado experto en comunicaciones; un pedagogo experimentado en asuntos energéticos; un administrador conocedor de las relaciones políticas y una primera dama diestra publirrelacionista y futura gobernante en el mapa geopolítico más conveniente para su esposo y partido. Así de crudas y surrealistas están las cosas, pues la denominada transición política sólo quedó en una copia mal hecha de la alternancia americana.

Tanto se criticó al PRI de reciclar a políticos que ahora el partido en el poder (PAN) emplea dicho modelo en el diseño de políticas públicas y la recomposición del gabinete. El caso emblemático más reciente es el que protagonizó Felipe Calderón cuando dio a conocer los cambios en secretarías, moviendo piezas de su “ajedrez”, presumiblemente para eficientar la labor gubernamental en los 22 meses que le quedan como primer mandatario nacional. Quitó a Juan Molinar Horcasitas de la titularidad de SCT, para poner a Dionisio Pérez Jácome. Cambió a su antigua profesora Georgina Kessel de la Secretaría de Energía, para elevar a puesto “cardenalicio” a José Antonio Meade e incorporó a Roberto Gil Zuarth como secretario particular de la presidencia, sustituyendo al panista de toda la vida, Luis Felipe Bravo Mena. Los enroques son una especie de catarsis curativa ante los constantes señalamientos hacia el responsable directo (Molinar Horcasitas) de la muerte de 48 infantes en la guardería ABC, subrogada por el IMSS en Hermosillo, Sonora, así como de múltiples actos de corrupción en la asignación de concesiones del espectro radio-televisivo mexicano, así como de la previsión ante las elecciones de 2012.

La impunidad es el común denominador de los gobiernos priistas, pero también de las administraciones panistas, que supuestamente vinieron para procurar el bien general, justicia y desarrollo de las “mexicanas y mexicanos”. Mientras las modificaciones de forma se dan para hacer creer que se reforzará la gobernabilidad, la mayoría de funcionarios federales continúan firmes en sus plazas, principalmente en los rubros de seguridad pública, economía y asuntos sociales (educación, salud, desarrollo social, etc.). El reciclaje, luego entonces, significa la careta rosácea de la discrecionalidad prevaleciente en las esferas del poder. Ni más ni menos.

El reciclaje no es patente exclusiva del presidente en turno, gobernadores o presidentes municipales, porque también es utilizado por los liderazgos políticos en sus respectivos cotos de poder: los partidos políticos se valen de él, para mover a un diputado a una senaduría y viceversa; para cobijar a un funcionario defenestrado a una embajada o dirección de paraestatal; poner a un candidato cuestionado por sus acciones de antaño como figura remasterizada que vocifera haber encontrado la buena nueva de bondad y tiempos mejores. Así están las cosas en este juego perverso de reciclamiento que moldea los contornos de mujeres y hombres que viven de la política, a través de la plasticidad del marketing político. Hasta Diego Fernández de Cevallos pretende borrar la imagen de abogado y político iracundo, corrupto y despótico, para aparecer como un senecto mesiánico de barba blanca que desea enmendarse ante la opinión pública, enarbolando causas sociales justas, encubriendo las argucias que lo hicieron millonario (uso y abuso de información privilegiada y fueros constitucionales).

El reciclaje esconde la infamia de dejar tal cual el estado de cosas que ha funcionado por más de 81 años, convocando a los mismos de siempre, eso sí con diferentes fisonomías, complexiones y colores partidistas, pero haciendo prevalecer la injusticia en las personas de carne y hueso que ven morir a sus seres queridos en las entidades federativas por causas imputables a la miseria económica y la fuerza del crimen organizado. No se debe olvidar que la ingobernabilidad no sólo ha sumido a un mayor número de mexicanos en la pobreza extrema, sino también ha computado en los últimos 3 años la horrenda cifra de 31 mil muertos por motivos del narcotráfico y la complicidad gubernamental. En un cuadrante mediático se presentan los cambios “para el bien de la República”, y en los otros, flashes de asesinatos, desempleo, inseguridad galopante y la parafernalia de decenas de campañas electorales que intentan hacer olvidar las desgracias materiales por medio de un recuento de ofertas mentirosas.

El estado de Guerrero.

Punto 1.
Desde mediados de 2010 el PRI optó por el reciclaje de un filibustero de la política, me refiero a Manuel Añorve Baños, aprovechando su “triunfo electoral” en el municipio de Acapulco, con la finalidad de recuperar la gubernatura del estado. Pero no sólo es Añorve Baños quien salta a la vitrina pública, sino también las cabezas del cacicazgo regional, líderes y burócratas saltimbanquis que ven al ejercicio político como una agencia de colocaciones. La campaña priista está diseñada para estar a la par de dicha estrategia, ya que slogans, logotipos, promesas, trazos y colores son copias de proselitismos añejos y de otros que se pusieron recientemente en funcionamiento a nivel nacional, como es el caso específico del estado de Yucatán (donde incluso se emplea la imagen estilizada del corazón rojo junto a los nombres de los candidatos a puestos de elección popular).

Reciclaje de personas, ideas, propuestas, pero sobre todo de aspiraciones para volver al gobierno con el mismo estilo autoritario y corrupto de un partido que por siete décadas impuso el atraso social, económico y cultural. Los priistas parecen olvidar que, la voluntad ciudadana, los hizo abandonar Los Pinos hace casi once años y por esto los tricolores le apuestan al más puro pragmatismo, profesando que la desmemoria de los mexicanos es más fuerte que la realidad imperante. Sin embargo, el reciclamiento de personalidades, incumplimientos y corrupción en los 18 meses que presidió Manuel Añorve el Ayuntamiento de Acapulco, saturación de propaganda política, desaseo de los recursos financieros en campaña, sobreendeudamiento de la hacienda pública en el municipio y las acciones incumplidas durante 2009 y 2010 hicieron que el “olvido social” se transforme en oposición abierta a la táctica de “más de lo mismo”. Los resultados electorales del domingo 30 de enero próximo reflejarán el No al priismo más retrógrada.

Punto 2.
“El gobernador inactivo”, como llamó Alejandro Poiré, secretario técnico del Consejo Técnico de Seguridad, a Carlos Zeferino Torreblanca Galindo, aplicó a sus anchas la técnica del reciclaje, pues sus amigos, compadres, familiares y aliados del PRI y anteriores administraciones federales y estatales tuvieron un peso preponderante en las líneas directrices del gobierno de Guerrero, principalmente en los puestos de mayor nivel y en la intrincada red de adquisiciones, contratos y concesiones de obra. Además del reciclaje de políticas ficción, de escuetas actualizaciones en materia de tramitología y finanzas, el sello del gobernador que no actúa fue la corrupción, claro, una que es ahora tecnificada y basada en arreglos fuera de papel, como es el caso de la construcción del edificio que albergará a las instituciones del estado en Acapulco, que tendrá un costo total de dos mil millones de pesos, incluyendo la adquisición del terreno ubicado en la esquina de avenida Costera Miguel Alemán y Vía Rápida, arquitectos, ingenieros, material de construcción y compra de enseres de oficina y más.

El reciclaje de prácticas corruptas estuvo encubierto en la desinformación, el desprecio a la sociedad y la discrecionalidad. Zeferino Torreblanca reprodujo el diezmo de empresarios y constructores, proyectó hasta niveles insospechados de riqueza a su círculo íntimo de allegados (se ha dicho que las familias Bajos Valverde, Peña Soberanis, Pasta Muñúzuri, Figueroa Alcocer, Juárez Cisneros y asociados, entre otras tienen cuentas abultadas de recursos en el país y el extranjero) contando la protección de diestros profesionales en contaduría y auditoría que han sabido “blanquear” contratos de compra-venta de bienes inmuebles, constructoras, proveedoras de mobiliario, consumibles y contratación de personal inexistente. Nada de esto fue sometido al concurso o siquiera al dominio de la sociedad. Torreblanca Galindo recicló las mejores habilidades de los llamados “delincuentes de cuello blanco”, de los priistas más autoritarios en los tiempos de partido único, del discurso de Carlos Salinas de Gortari cuando estableció que a los opositores y críticos “ni los oía y ni los veía”. El próximo ex-gobernador de la entidad de jaguares en las marañas y pájaros en el río debe tener presente que en la actualidad hay intentos por enjuiciar a ex-mandatarios estatales, como está ocurriendo en Zacatecas y Oaxaca.

P.D.
Es notorio que los neanderthales de la política guerrerense sienten un inmenso temor a la tinta y a la voz disidente. Aunque hayan “inutilizado” algunas de mis cuentas de correo electrónico y de recibir intimidaciones verbales, persisto en el intento de exponer públicamente mis ideas y convicciones. Los tricolores y añorvistas no saben gobernar para la gente, pero sí saben operar triquiñuelas, actos de provocación, sabotajes y golpeteo físico. Allá ellos.

Estoy convencido que no es con hombres de negro como se va a detener el empuje de la participación ciudadana. Digamos no a la violencia y sigamos adelante. B.H.G. Ω

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miércoles, 17 de junio de 2009

LA CULTURA POLÍTICA: EL GRAN INVENTO DE LA DEMOCRACIA MODERNA


LA CULTURA POLÍTICA: EL GRAN INVENTO DE LA DEMOCRACIA MODERNA
Por Baltasar Hernández Gómez


La cultura política es un entramado ideológico que moldea la convivencia societal y fue creada por el Estado y su clase dominante para regular la actitud (modo de pensar) y conducta (modo de hacer) de los sujetos sociales inscritos en su estructura de autoridad. Propiamente desde el siglo XVIII las monarquías tuvieron que coexistir simbióticamente con los parlamentos, combinando las reglas de sujeción a la “voluntad divina y la tradición” con las nuevas fórmulas de representación encabezadas por la burguesía emergente. Fue así que los Estados nacionales construyeron una base conceptual que dirigiera el desenvolvimiento de los individuos, los cuales pasaron a ser el insumo cuantitativo para dotar al poder político de legalidad y legitimidad.

Los nuevos detentadores de la supremacía política motivaron la puesta en marcha de un código de creencias políticas que fue impuesto como mandato obligatorio para los gobernados. La cultura política fue la invención que dio el corolario de naturalidad al sistema de vida democrático. Ni Yavhé(como personaje literario en el texto de la Biblia) hubiera podido redactar mejores mandamientos, ya que los “valores democráticos” son ajustables a las condiciones materiales en cada estadio histórico y los comandos cincelados en piedra, en la cima del monte Sinaí, no.

Así pues, la catequesis política estableció un decálogo civil, como sigue:

1 Amarás al Estado y sus creaciones por sobre todas las cosas.

2 No tomarás caminos en vano distintos a los que establece el Estado y sus regímenes de gobierno.

3 Darás tu agradecimiento al Estado por el estado de cosas existentes.

4 Honrarás al Estado como padre y al concepto de nación como tu madre.

5 No provocarás muerte ni alborotos por causas ajenas al Estado.

6 No cometerás acciones que vayan en contra de lo establecido.

7 No hurtarás ni pondrás en práctica ideas que puedan provocar desequilibrios al Estado.

8 No levantarás falsos testimonios que vayan en detrimento del poder político instaurado.

9 No consentirás pensamientos ni acciones que pongan en peligro la continuidad social.

10 No codiciarás el bienestar de los otros, ni la igualdad o el desarrollo armónico de la sociedad en su conjunto(1).

La esencia de la cultura política pretende pasar por dogma una mezcla sui géneris de preceptos y normas emitidos hace muchos siglos por griegos, romanos, personajes de la Ilustración y el Liberalismo(2). Se han cuestionado ¿Quiénes hicieron la recopilación de la matriz teórica de la cultura política? ¿Se realizó en automático sin más interés que lograr el bienestar social o bajó como el maná del cielo? ¿Quiénes determinaron como inviolables los cánones democráticos? En la psique social no importan los cómo, por qué, cuándo y hasta dónde, pues de lo que se trata es que prevalezca la validez de lo dado como natural e inalterable.

En México la cultura política nació con la hegemonía de la revolución institucionalizada -como lo especifica el investigador Luis Javier Garrido(3) y tuvo como prioridad la hechura de un cuerpo de ideas para regular la política, a fin de que los ciudadanos se incrustaran como entes receptores. La meta fue dar por terminados los vaivenes ideológicos y armamentísticos de cien años de luchas intestinas y establecer un sistema político corporativizado, mediante el cual los mexicanos estuvieran subordinados al poder del Estado y su aparato gubernamental.
De pronto el país pasó de ser bronco, armado y enfrentado en facciones liberales y conservadoras a otro controlado por un partido; un gobierno organizado por líderes y corporaciones que servían como contenedores de las masas populares, obreras, campesinas, empresariales y militares.

La cultura política emergió de la necesidad de los operadores políticos del Estado para mantener el establishment erradicando cualquier tipo de conflagraciones armadas. Desde 1929 todo México se convirtió en territorio institucional: nada podía existir fuera del sistema y quienes lo hacían estaban en el error. Los mexicanos crecieron con una educación oficial atiborrada de héroes y villanos, bajo la premisa de que la patria es primero y de que nada está por encima de la ley o del interés general. La ciudadanía se vio inmersa en una cultura oficializada a través de murales, textos gratuitos, películas y en el entendido que para alcanzar los beneficios negados en la conquista, independencia, reforma y revolución sólo habría que confiar y apoyar al partido emanado de los caudillos. La idea del progreso fue el mito que homogeneizó a los mexicanos para actuar de manera conformista y obediente a los designios de los remasterizados tlatoanis-monarcas-revolucionarios.

Casi cincuenta años pasaron hasta que se dio la primera reconversión del sistema político por medio de la inclusión de los partidos políticos en la escena nacional (reforma política de 1977), la cual no instauró una competencia democrática, sino que sirvió para catalizar a las fuerzas dispersas que ponían en entredicho los procesos electorales y el control social. El espectro partidista fue ampliado, dando cabida a revolucionarios, empresarios de derecha, profesionistas, estudiantes, obreros y campesinos, intelectuales, comunistas y socialistas, que al sentirse abrigados por el sistema, se acomodaron para sentar las bases de lo que hoy conocemos como partidocracia. Los aparatos ideológicos del Estado mexicano se dieron a la tarea de infundir una serie de valores sociopolíticos para supuestamente vivir en paz. La cúspide del quehacer político se hallaba en el derecho y el compromiso de votar.

A partir de esta lógica los ciudadanos no tenían por qué explorar alternativas diferentes a lo establecido por el sistema. El escenario partidista, el respeto a las instituciones de poder, el culto a las investiduras son algunos de los elementos que permearon el concepto de modernidad civilizada: quienes intentaran rebasar los límites se verían enfrentados con la fuerza del Estado y el repudio de las mayorías. La cultura política ha tratado de inocularse en el consciente colectivo, para luego traducirse en conducta, reduciendo la participación civil al acto de sufragar en los tiempos determinados por el Estado.

El clímax político está situado en la obtención de armonía, tolerancia, pluralidad, justicia e igualdad. Como dice el IFE(4): no hay que pensar demasiado, sino elegir del catálogo registrado a los candidatos que habrán de convertirse en “próceres populares”. La cultura política mexicana privilegió lo procedimental, las formas de cuándo y por quién votar sin intermediación de razonamientos acerca de las plataformas políticas, proyectos sustentables, experiencias comprobadas de partidos y candidatos. Los partidos, la imagen de los candidatos y la utilización de técnicas comunicacionales fueron las coordenadas de ubicación para que los ciudadanos depositaran su soberanía y reafirmaran el contrato social.

Por el poco desarrollo educativo/formativo, la lucha continua de millones de compatriotas por llevar algunos pesos a las economías familiares, acarreo de votos por coacción y el propio abstencionismo; la cultura política mexicana -reducida a la obligatoriedad de votar- ha logrado que los mexicanos crean que no hay otros modelos de praxis política para erradicar el imperio de la sinrazón, corrupción e impunidad. El pensamiento está puesto en el cumplimiento cuasi religioso de asistir los domingos de cada tres o seis años a la casilla electoral. Hemos llegado a tal extremo de alienación que, aún siendo visible la repetición en cargos daministrativos o de elección popular, no se quiere admitir conscientemente que estamos frente a los mismos protagonistas de telenovelas, series televisivas y películas, que sólo cambian de nombre y look: los políticos aparecen un tiempo como funcionarios gubernamentales, para posteriormente tomar posesión circum circa de senadurías, diputaciones, regidurías, presidencias municipales, gubernaturas o dirigencias de partido.

A ochenta años de vivir institucionalizadamente, los mexicanos hemos sido arrojados a un sistema político que no forja ciudadanos responsables, críticos y participativos, sino que nada más moldea actitudes y prácticas políticas pasivas. La mexicaneidad entiende que es necesario recibir y aceptar el cúmulo informativo de las instituciones para finalmente votar por candidatos, aún cuando ninguno llene sus expectativas de vida. Esto produce un vacío porque nadie ha insistido que para vivir en democracia se requiere ser demócrata en todas y cada una de sus realizaciones humanas.

Es algo similar a lo que pasa en el modo de vida capitalista ampliado: se estudia para tener carrera y luego se busca trabajo para ganar dinero. Ya que se tiene dinero se adquieren propiedades y comodidades, para pasar a la creación de un núcleo familiar. Después de todo los sujetos se ven con título, trabajo o empresa, confort, casa, esposa, hijos…..al final se dan a la imperiosa tarea de educar a las futuras generaciones para que repitan el ciclo. Sin embargo, nadie nos dice cómo ser humano, feliz, pleno y realizado, porque el acto de vivir no interesa en las sociedades de consumo.

Como apunta el adagio popular “no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo aguante” y el tiempo de la confrontación entre lo ideal y lo real ya llegó. Después de décadas de inmovilidad y sometimiento, de apreciar los malabares de partidos y políticos, de riquezas inexplicables, de reparto de bienes y servicios a amigos, compadres y familiares, así como la venta o concesión de industrias a particulares; la sociedad está despertando de su letargo, rebelándose primero por medio del abstencionismo y la poca participación, para luego razonar y oponerse a las incongruencias de la política y los políticos, lo cual es percibido en escasos o nulos resultados.

Por más que se ufanen en repetir hasta el cansancio que es deber nacionalista votar para perfeccionar la democracia mexicana. Por más que servidores públicos, legisladores, partidos políticos, IFE, intelectuales orgánicos del sistema y líderes intenten excomulgar todo lo que esté en contra del subsistema electoral, la sociedad mexicana cada vez cree menos en la validez de las elecciones, pues ha sido usada como carne de cañón de intereses grupales y personales, de politiqueros que arropándose mentirosamente con la bandera han visto engordar sus arcas, acumular propiedades y perpetuarse en puestos casi vitalicios en los tres niveles de gobierno y Congresos.

Insisto de nueva cuenta que la cultura política no está dada, sino que se está construyendo en la cotidianeidad de la casa, trabajo, escuela, centros de convivio y en todas las realizaciones concretas en el mundo de la vida. Esta democracia horizontal es la que pondrá más temprano que tarde las cosas en su lugar. Más allá de invalidar la convocatoria del llamado “voto en blanco o voto a favor de lo no registrado”, debemos concientizar el papel trascendental que es ser ciudadano, para luego edificar un sistema político representativo, igualitario y justo, que incentive la participación responsable, la evaluación y enjuiciamiento. ¿Hay otra forma? Si la hay díganla por favor. B.H.G.
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(1)Ésta es una paráfrasis del decálogo que proveyó Yavhé a Moisés en el monte Sinaí, que aparece en la biblia en el capítulo del Éxodo: 1.- Amarás a Dios sobre todas las cosas: 2- No tomarás el nombre de Dios en vano; 3.- Santificarás el día del Señor; 4.- Honrarás a tu padre y a tu madre; 5.- No matarás; 6.- No cometerás actos impuros; 7.- No robarás; 8.- No levantarás falsos testimonios ni mentirás; 9.- No consentirás pensamientos ni deseos impuros, y 10.- No codiciarás los bienes ajenos.

(2)Las ideas de Platón, Aristóteles, legislación romana, el uso positivista y utilitarista de la razón; Rousseau, Montesquieu, Tocqueville, Hegel y Kant son predominantes en la composición de los modelos de asimilación política en las sociedades democráticas occidentales.

(3)Este autor aporta un soporte histórico al entendimiento de la política mexicana en su libro El partido de la re-volución institucionalizada.

(4)El Instituto Federal Electoral entró en funciones en octubre de 1990, sustituyendo a la Comisión Federal Electoral, dependiente de la Secretaría de Gobernación. Su origen se debió a los conflictos postelectorales de 1988, que derivaron en una serie de reformas a la Constitución Política Mexicana y la expedición de una nueva legislación reglamentaria en materia electoral (COFIPE).

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