ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

Este es un espacio para conceptualizar, analizar, efectuar crítica y proponer estudios sobre política aplicada, marketing, comunicación, educación, métodos aplicados, alta dirección y proyectos sustentables. Contacto:baltasarhernandezgomez1@hotmail.com, baltasarhg@gmail.com

lunes, 8 de febrero de 2010

PODER POLÍTICO Y FUNDAMENTALISMO EN MÉXICO


PODER POLÍTICO Y FUNDAMENTALISMO EN MÉXICO
Le pouvoir c'est moi
Por Baltasar Hernández Gómez


En México la degradación del ejercicio de la política ha llegado a niveles alarmantes, pues los detentadores del poder cada vez están más alejados de los principios humanistas y sociales que presumiblemente ofertan a las clases sociales. En los últimos diez años, los gobiernos federal, estatal y municipal fundan su en la estructuración de una base mercadológica que busca -a toda costa- la conquista del voto ciudadano a través del "arrase" de la imagen y el discurso.

El marketing vacío de substancia hace predominar mensajes psicopolíticos que remiten a los ciudadanos a la “virtualidad”, es decir, al sometimiento del trazo, color, textura y sonido. Ya obtenido el porcentaje mínimo de la votación regional y/o nacional, lo que menos importa es adecuarse a las necesidades de los grupos sociales y económicos que votaron por una u otra plataforma. La trascendencia del subsistema político está basada en la mentira disfrazada de interés abstracto del “bien común”, que en la realidad no se aprecia por ningún lado. El Estado, partidos políticos, publicistas y dirigen sus baterías subliminales a la psique de las mayorías desposeídas de elementos culturales y formativos, a fin de imponer ideas superfluas de desarrollo, de “ahora sí vamos a mejorar lo pervertido o lo corrupto” y, por supuesto, el “borrón y cuenta nueva”.

Los valores constitucionales, éticos y morales pasan a un segundo o tercer término, porque lo que se persigue es la hegemonía en los tres Poderes de la Unión. Así pues, los textos político-electorales y de la administración pública en sus tres vertientes republicanas están conformados en criterios amorfos de la : lo que “diga el organismo o sujeto poseedor de poder” es lo correcto, toda vez que representa la soberanía indispensable para que la Nación no se vaya al carajo. A esto le llamo fundamentalismo.

Desde el presidente de México, pasando por secretarios de Estado, gobernadores, presidentes municipales, diputados, senadores, regidores hasta líderes sociales, empresariales y de opinión; se pone especial énfasis en que “si no están conmigo son enemigos públicos del progreso de todos”. Las voces discordantes a la visión totalizadora de la partidocracia y del imperio administrativo, que se sujeta a los vaivenes de la globalización económica y cultural, representan los que pretenden ensuciar la asepsia política de quienes en un puesto público o privado requieren de supremacía para seguir aplicando sus intereses personales y de sector sobre los generales.

Cuando oíamos decir fundamentalismo venía a la mente la imagen y las arengas de los líderes religiosos del medio oriente o de los dictadores de Europa del este y latinoamérica que, haciendo uso de su poder, a sus sociedades en una espiral de dominación fatídica. Sin embargo, hoy en día este fenómeno político/mesiánico se ha diseminado al ámbito de la política, la economía y la comunicación masiva. Tan fundamentalista es un ayatolah musulmán, líder talibán, como un locutor, líder político, candidato a cargo de elección o empresario “exitoso”.

El fundamentalismo ha echado raíces muy profundas en la consciencia social y en el imaginario de cada uno de los individuos que extraen de los mensajes transmitidos por los políticos, empresarios, sacerdotes y medios de comunicación “su pan de cada día”. En la primera década del siglo XXI los fundamentalistas no ocultan intenciones, ya que se muestran tal y como son sin ningún recato de parecer mujeres y hombres déspotas: lo único válido es que impongan sus ideas y éstas se conviertan en decisiones de gobierno y leyes que reproduzcan ad infinitum el sistema de obediencia a la figura mexica del tlatoani en todas sus extensiones.

Veamos……………

El Poder Ejecutivo.-

Felipe Calderón Hinojosa ha introducido a más de cien millones de mexicanas, mexicanos y mexicanitos (no como palabra peyorativa, sino como referencia a la niñez) a una guerra contra el crimen organizado, que es un concepto tan abarcativo, que lo mismo puede ser robo de automóviles, que tráfico de droga, prostitución, piratería, secuestro o asesinato. México parece haberse convertido en una zona de terror y los resultados obtenidos no pasan de decomisos, arrestos a “soldados” y jefes intermedios del hampa, arrasando con decenas de miles de ciudadanos. La guerra calderonista ha traído más defunciones que los más funestos desastres naturales, como por ejemplo el terremoto de 1985, los huracanes Gilberto y Paulina y las inundaciones en el sureste y pacífico mexicano. De este tamaño están las cosas.

El actual presidente aprovecha la investidura lograda con un apretado margen de votos a favor en relación a su competidor perredista en 2006, para autoerigirse como el mexicano número uno que puede sacar “al buey de la barranca” por medio del combate “contra los malos”. Éste cáncer más la crisis endémica de las economías neoliberales de primer y tercer mundo le han proporcionado un telón de fondo que oculta la impericia política y socioeconómica para crear empleos e impulsar un clima de estabilidad, entre otras muchas cosas.

Es así que lo que no está con él y sus planes en el error. La crítica, pero sobre todo la realidad misma no importan, porque el país debe surcar los caminos de lucha contra el narcotráfico, acomodos hacendarios, concertacesión camaral, apoyos a la clase empresarial y sometimiento a los cánones económicos del G-7 y organismos financieros internacionales. La miseria, desempleo, antidemocracia y baja en la calidad de vida integral de los mexicanos no interesa para nada. El presidente y su círculo político-económico es lo que vale: lo demás es lo de menos.

La carestía, la cada vez mayor ilegitimidad de los “representantes populares”, el secuestro de la política por los partidos, las cargas impositivas a contribuyentes menores y medianos, la inseguridad, los problemas de salud pública, la pobreza e incultura y la falta de satisfactores como educación, vivienda, salud, servicios públicos y empleos de los ciudadanos no son dignos de ser tomados en cuenta, más que como programas paliativos en alguna dependencia federal. Yo soy yo, Yo soy el poder y el Estado soy yo parecen ser las premisas únicas del Ejecutivo y su gabinete, así como de los gobiernos de los estados y municipios.

Vivimos en una permanente cruzada nacional donde los “templarios” son Calderón Hinojosa y los secretarios de Estado. Lo primero es la guerra anti-narco, los programas hacendarios, la supuesta reforma de Estado, la organización ad hoc de los procesos electorales, las partidas presupuestales a partidos políticos, la influenza, las calamidades naturales, los conflictos que generan los medios de comunicación, las policías y el ejército en las calles y la detención -a diestra y siniestra- para justificar el enorme gasto de recursos para apuntalar las políticas gubernamentales que no han traído frutos positivos para la mexicaneidad.

Los mensajes en cadena nacional del presidente de la República, de los secretarios de Gobernación, Salud, del titular de la PGR y sus voceros del PAN son similares a los de cualquier fundamentalista de Asia, Centro y Sur América, presentador televisivo o mesías de causas imposibles. El gobierno federal es el y afuera de él no existe nada. Si hay civiles muertos……ni modo……………es el “costo de la guerra santa contra los impuros”. Si hay enfermos y muertos por pandemias…………ni modo…………….es el precio “de vivir en la posmodernidad”. Si hay pobreza…………ni modo……………..es culpa “del capitalismo feroz de los países altamente desarrollados”. Si hay desempleo……………ni modo……………es por “falta de apoyo al sector empresarial y a la falta de capacitación y actualización de los trabajadores”. Si hay encarcelamientos injustos……….ni modo………….es el resultado de malas averiguaciones”.

Hay que recordar las caras fustigadoras del presidente, de Gómez Mont, de los secretarios de Seguridad, PGR y fuerzas armadas, para comprobar que los buenos -con expresiones serias y de alta preocupación nos dicen cómo pensar y actuar. El colmo de las cosas radica en “tragarnos la píldora” cuando insisten en que las mujeres no deben usar minifaldas para que no sean violadas; que los jóvenes no deben salir p0or la noche para que no sean asesinados; que los críticos no deben decir nada porque si no el país se va al precipicio; que no nos quejemos por el escasísimo trabajo, sino que debemos dar gracias a Dios por el poco que existe; que no digamos nada sobre las estratosféricas sumas de dinero para partidos, candidatos y gastos discrecionales de los gobiernos, porque son indispensables para no pasar a algo peor.

El Poder Legislativo.-

La democracia en México, traducida en contrato social, se ha metamorfoseado en una estructura partidista: los partidos grandes ganan elecciones y por ende, curules y asientos en San Lázaro y Xicoténcatl por medio de la maquinaria ideada por el Estado para elevar los intereses de grupos políticos del centro y las entidades federativas. Presupuestos exorbitantes, elecciones pactadas y organizadas para que prepondere el uso del videns, las consignas teledirigidas de los medios de comunicación, los contubernios en las cámaras, los arreglos entre poderes y la incultura general han hecho que la vida política nacional sea una fiesta de carnaval donde los invitados V.I.P. son menos del 0.1% de la población.

El fundamentalismo legislativo no voltea a ver a los ciudadanos que pusieron su sufragio en las urnas. Lo verdaderamente importante es asegurar las curules del momento y preparar el terreno para ganar mayores porciones de la geografía nacional en el corto y mediano plazo. Los requerimientos sociales pasan al baúl del olvido, pues las gubernaturas, presidencias municipales, diputaciones senadurías y plazas en la administración pública son el nuevo “tesoro de Moctezuma”. El voto funciona para “legalizar” la democracia formal, pero no como mandato para resolver los problemas de fondo del país.

Lo que está en contra de los coordinadores de las bancadas, de las iniciativas partidistas, de los intereses de consorcios y del establishment gubernamental es antinatura, una especie de enfermedad que ensucia la impoluta Constitución y el escudo nacional. Quienes ir contra las voluntades legislativas que luchan por “producir y hacer valer” normatividades reformistas son inmediatamente puestos en la “guillotina” de los medios de comunicación como malhechores y traidores a la patria. Nada más hay que recordar los rostros furibundos de priistas, panistas y perredistas que atacan lo que vaya en contra de su “legitimidad” e intereses y aplaudir como focas amaestradas las nefastas alianzas entre supuestos izquierdistas con conservadores; de socialdemócratas con socialistas, y de oficialistas con sindicalistas.

Luego entonces si hay aumentos en los impuestos………..ni modo…………….es para dar más recursos a los programas de los gobiernos y hacer que la democracia y la bonanza económica sean una utopía inalcanzables. Si las elecciones son ineficientes………..ni modo………el pueblo todavía no está preparado para una democracia directa. Si hay que aprobar una reforma de Estado incompleta y cortoplacista……..ni modo……………los puestos de elección son primero.

A pesar de que a muchas personas nos hagan sentir como peligrosos “fundamentalistas”, lobos esteparios, críticos sistémicos de las bondades de la Nación, estoy convencido que sólo el análisis, la crítica, el debate y la movilización organizada de los actores sociales van a traer -más temprano que tarde- un México más digno. Mientras tanto observemos atentamente, discutamos, eduquémonos y actuemos con congruencia, para crear mejores sitios de vida social…………….en la casa, en la calle, en la colonia, en la escuela y en el trabajo. B.H.G.

Etiquetas: , , , , ,

lunes, 14 de diciembre de 2009

TÁCTICAS DE PODER


TÁCTICAS DE PODER
*ATACAR PARA GANAR*
Capítulo de mi libro Tácticas de poder, editado por Pretextos, 2008.
Baltasar Hernández Gómez


El ataque racionalizado es la llave de entrada a una posición de PODER, pues demuestra la capacidad ofensiva de la estrategia. Abordar proactivamente una situación así representa que “quien pega primero, pega dos veces”, ya que además de someter al adversario a nuestro tiempo y espacio, asestamos un golpe sorpresivo, difícil de ser asimilado inmediatamente.

Un ingrediente del ataque de PODER es actuar con lo que se tenga a la mano, es decir, estar preparado a hacer suyo un incidente, si es que no fuera programado (hecho que puede suele ser recurrente). Utilizar los elementos que tiene a la mano le permite improvisar mientras recupera compostura. El ataque no es embestida, sino una serie de movimientos de avance-retroceso, que permiten fijar decisiones en el campo batalla. Por esto es necesario abordar y abandonar la dinámica de ataque a discreción.

Tipos de ataque:

A) Concentrar la atención por medio de las cualidades que se tienen, lo cual lo sitúa en posición de supremacía y admiración. Se crea expectativa, temor y respeto.

B) Desviar la visión general hacia el adversario, poniendo énfasis en sus errores, discrepancias y debilidades. La técnica del “enemigo único” permite desfasar contraataques, rechazos o resistencias. El contrincante se verá abrumado y reaccionará emotivamente, lo cual lo expulsa del círculo de objetividad. Esto retrae sus intenciones y desubica la aplicación de sus tácticas de dominación.

C) Interrumpir constantemente, teniendo en consideración que mover el eje de ataque contrario posibilita la exasperación y la incorrecta toma de decisiones. La interrupción se debe hacer en momentos álgidos donde no hay definición de las directrices de PODER.

D) Amenazar con la idea de que si no se avala la estrategia de PODER se puede perder lo alcanzado. La táctica de intimidación produce un efecto de temor que inhibe el siguiente paso del contendiente y pone en relieve los actos más abominables del otro, que puede significar su destrucción.

Amenazar es sinónimo de quebrantar las fortalezas enemigas, imponiendo turbación, porque se generan alarmas en la conservación de prestigio, trabajo, dinero, lujos, relaciones humanas y profesionales.

E) Demostrar audacia es una protección contra errores, ya que oculta debilidades como la vacilación, miedo escénico primario o sentirse menos ante las cartas credenciales de un adversario con mayor tiempo en el juego del PODER. Las personas que atacan con audacia evitan la consideración de pusilánimes, o sea, los contrarios apreciarán en usted una cualidad de valentía, y los desconcertará por completo, impidiéndoles manipular el escenario.

F) El ataque audaz produce en el rival desconcierto y sensación de subordinación ante su autoridad, ya que eleva su imagen por el precedente sorpresivo que utiliza. Pone en defensiva al adversario, que estará más agitado por un potencial golpe futuro.

La audacia le permite reunir varias tácticas de PODER, como son: imagen, implacabilidad, reputación exitosa, llamar la atención. Pero se debe tener cuidado en no confundir ser audaz con intrépido, aventurero o pirata al abordaje. La audacia trae implícito un estudio de las posturas que hay que adoptar en un escenario de PODER, dependiendo de los perfiles de los adversarios, el espacio donde se va a llevar el encuentro, las tendencias y debilidades que tenga en ese momento.

La audacia como su contraparte la timidez no son cuestiones genéticas o innatas en la humanidad. Por tal razón es necesario desarrollar la audacia en su perfil de PODER, con la finalidad de valorarse como persona, perder el miedo a perder, desechar sentimientos de dubitación o pérdida material. Esto lo hará ganar presencia donde quiera que se encuentre y ganar batallas con miras a la guerra total.

G) Distraer al oponente le dará oportunidad de reagrupar sus fuerzas, ya sea en el caso de ir en desventaja o por la espera en la toma de decisiones. Uno de los aspectos no explotados en el occidente es ceder premeditadamente a los gustos o necesidades del adversario, ya que se está concentrado en ser crisol de las bondades externas. Nadie es merecedor del todo y por ello es necesario admitir que al otorgar sencillez, entereza y ayuda puede ayudar a distraer y desarmar.

La distracción a través del halago permite una recepción más “amigable”. La distracción de llevar un obsequio abre la puerta a la cordialidad. Un gesto de generosidad al contrincante o miembro de su equipo ablanda las defensas. Un favor sin petición logra llevar al terreno propio las emociones contrarias: nos hace parecer buenas personas.

Distraer también es mostrarse sincero cuando se reconocen errores pasados: es como decirle ¡Mira hace tiempo cometí una falla, que ahora quiero recompensar, reconociendo tu acierto! Si a esto se le suma la reputación que hemos construido está cerrado el círculo de PODER.

La distracción puede provenir del exterior: generar con anticipación un alboroto que atraiga la atención de su adversario, gana tiempo en la preparación del ataque final. Otros agentes externos para distraer al oponente radican en entablar charlas previas o intercaladas en la negociación de PODER, que tengan la intención de adentrarlo en el aspecto humano, familiar o de experiencia. Si nos descubrimos preocupados por cuestiones que están ocurriendo en el hogar, en el estado, país o el mundo, estamos distrayendo sin morir en el intento.

H) Utilizar lenguaje específico es darle a cada adversario y/o situación de PODER un lugar diferenciado. Debe saber cuándo comportarse correctamente. Si es con niveles superiores u homólogos debe aprenderse a utilizar oraciones y verbos específicos, acompañados de un despliegue moderado de cultura y refinamiento, si es posible. Si es con niveles más bajos se tiene que adoptar vocablos populares y bajar nivel de conocimientos, sin dejar de hacer sentir su superioridad.

I) Hacer sentir que lo que hace no quita tiempo substancial en su vida. Haga parecer que su posición es producto de un trabajo normal/natural. Al ver los resultados y compararlos con su reputación sus adversarios se preguntarán por qué todo le resulta sencillo, cuando es necesario un esfuerzo superior.

J) Parecer sobrio es lo contrario a ser majestuoso, lo primero que se recomienda es no ponerse por arriba de sus superiores ni hacer gala de lujos innecesarios a los iguales o subalternos. Ser audaz e implacable no quiere decir ostentosidad o exageración en su presentación, discursos y trato personal y profesional.

K) Controlar las emociones es aprender a contener coraje ante decisiones erróneas; no demostrar enojo por una situación adversa; no llorar o reír innecesariamente para atraer compasión; disfrazar sentimientos de ira, satisfacción y consenso. Recuerde “nada es personal”.

L) Ser cautivador permite conformarse en dador de gozo. Se convierte así en un centro de atención porque da siempre algo positivo, algo que se puede aprender o imitar. Esto alienta el sentimiento de dependencia de sus superiores, colegas, adversarios y colaboradores.

Esto logra llamar la atención, pero además el sentimiento de querer estar cercano a usted, sea porque dota de una sensación placentera o porque representa un antimodelo a analizar y al mismo tiempo una preocupación importante que haga que los oponentes “estén siempre al pendiente”.

Si se ve en una situación de peligro, obviamente reaccionara empleando un ataque de similar o mayor intensidad a la amenaza. Este tipo de ataque es defensivo y es dependiente de la estrategia contraria. Responder con ataque lo coloca en una posición de espera. Usted está obrando en sentido inverso a la tercera ley de Newton, que establece “A toda acción le corresponde una reacción”, pues reacciona al acto provocado por su adversario. Debe convertirse en hacedor del ataque para generar la reacción del oponente.

Al generar disturbio en su adversario, ya sea por medio de disgustos, contratiempos, interrupciones, espera tortuosa, efectos espejo que irritan por la imitación, así como tácticas descritas con anterioridad, está siendo artífice de un ataque. Éste obviamente es un artificio para sacar de balance al rival, pero no tiene la intención de acabarlo para ganar en definitiva.

Cuando se procura tener un desenlace exitoso no se puede actuar con empatía, compasión ni perdón. Tener PODER no da potestad para ser y no ser. En el límite de la victoria no hay espacio para la piedad, pues con estas muestras moralistas ni está haciendo más amigos, simpatizantes o aliados, pero sí por el contrario otorga un salvoconducto al contrincante. Quienes juegan al PODER saben que una derrota es eso una pérdida y que deberá ser recuperada en un momento posterior. Si usted se muestra complaciente y magnánimo lo único que está promoviendo es que su adversario tenga oportunidad de fortalecerse y hacerle pagar su duelo.

El oponente debe ser completamente neutralizado para que nunca tenga la mínima ocasión de cobrarse la afrenta. Si gana una guerra de PODER no ofrezca salidas decentes o humanitarias a su adversario. Lo que vaya a ganar usted lo consiguió y no tiene por qué redistribuirlo cediendo porciones, que con el paso del tiempo le pueden ser necesarias. Si usted asumió estar en el círculo de PODER debe interiorizar que está situado en medio de una lucha constante y que estará rodeado de enemigos, pues su ganancia atraerá desde antipatías hasta sentimientos enconados.

Si usted gana PODER tiene que asimilar que puede estar -en un momento dado- en el otro extremo. Por tanto, cuando tenga el triunfo total no puede permitirse el lujo de negociar o dejar resquicios para que sus adversarios se recuperen y le devuelvan un golpe fatal. Reconozca sin sentimientos que ganó y que no debe dejar cabos sueltos en el camino. Ataque hasta el exterminio, pues es mejor un enemigo sin recursos que esté impedido a levantarse contra usted, que uno que conserve fuerza y se cobre con creces su derrota.

Si su estrategia le dio éxito no trate, por ningún motivo, que sus contrincantes se adhieran como posibles aliados, dándoles pequeñas parcelas de negociación. Los adversarios entre más lejos mejor, ya que si los aproxima pueden convertirse en su peor pesadilla. Nadie se siente seguro teniendo al lado a la persona que lo ve como ganador de su fortuna y reputación. Sin temor a equivocarme puedo asegurar que, si por otros medios su adversario se recupera y quiere entrar a su espacio de PODER sabrá que usted es implacable y entonces evitará la confrontación.

Atacar de esta manera es además de un arma eficaz una advertencia: si alguien está dispuesto a enfrascarse a obtener PODER a expensas de su PODER debe estar seguro que corre el riesgo de perder todo lo que tiene. Cuando el ataque infunde este temor, que supone pérdida de la vida y propiedades, el adversario se replegará, conservando sus aspiraciones y sentimientos perversos, pero no lo atacará.B.H.G.

Etiquetas: , , , , ,

miércoles, 17 de junio de 2009

LA CULTURA POLÍTICA: EL GRAN INVENTO DE LA DEMOCRACIA MODERNA


LA CULTURA POLÍTICA: EL GRAN INVENTO DE LA DEMOCRACIA MODERNA
Por Baltasar Hernández Gómez


La cultura política es un entramado ideológico que moldea la convivencia societal y fue creada por el Estado y su clase dominante para regular la actitud (modo de pensar) y conducta (modo de hacer) de los sujetos sociales inscritos en su estructura de autoridad. Propiamente desde el siglo XVIII las monarquías tuvieron que coexistir simbióticamente con los parlamentos, combinando las reglas de sujeción a la “voluntad divina y la tradición” con las nuevas fórmulas de representación encabezadas por la burguesía emergente. Fue así que los Estados nacionales construyeron una base conceptual que dirigiera el desenvolvimiento de los individuos, los cuales pasaron a ser el insumo cuantitativo para dotar al poder político de legalidad y legitimidad.

Los nuevos detentadores de la supremacía política motivaron la puesta en marcha de un código de creencias políticas que fue impuesto como mandato obligatorio para los gobernados. La cultura política fue la invención que dio el corolario de naturalidad al sistema de vida democrático. Ni Yavhé(como personaje literario en el texto de la Biblia) hubiera podido redactar mejores mandamientos, ya que los “valores democráticos” son ajustables a las condiciones materiales en cada estadio histórico y los comandos cincelados en piedra, en la cima del monte Sinaí, no.

Así pues, la catequesis política estableció un decálogo civil, como sigue:

1 Amarás al Estado y sus creaciones por sobre todas las cosas.

2 No tomarás caminos en vano distintos a los que establece el Estado y sus regímenes de gobierno.

3 Darás tu agradecimiento al Estado por el estado de cosas existentes.

4 Honrarás al Estado como padre y al concepto de nación como tu madre.

5 No provocarás muerte ni alborotos por causas ajenas al Estado.

6 No cometerás acciones que vayan en contra de lo establecido.

7 No hurtarás ni pondrás en práctica ideas que puedan provocar desequilibrios al Estado.

8 No levantarás falsos testimonios que vayan en detrimento del poder político instaurado.

9 No consentirás pensamientos ni acciones que pongan en peligro la continuidad social.

10 No codiciarás el bienestar de los otros, ni la igualdad o el desarrollo armónico de la sociedad en su conjunto(1).

La esencia de la cultura política pretende pasar por dogma una mezcla sui géneris de preceptos y normas emitidos hace muchos siglos por griegos, romanos, personajes de la Ilustración y el Liberalismo(2). Se han cuestionado ¿Quiénes hicieron la recopilación de la matriz teórica de la cultura política? ¿Se realizó en automático sin más interés que lograr el bienestar social o bajó como el maná del cielo? ¿Quiénes determinaron como inviolables los cánones democráticos? En la psique social no importan los cómo, por qué, cuándo y hasta dónde, pues de lo que se trata es que prevalezca la validez de lo dado como natural e inalterable.

En México la cultura política nació con la hegemonía de la revolución institucionalizada -como lo especifica el investigador Luis Javier Garrido(3) y tuvo como prioridad la hechura de un cuerpo de ideas para regular la política, a fin de que los ciudadanos se incrustaran como entes receptores. La meta fue dar por terminados los vaivenes ideológicos y armamentísticos de cien años de luchas intestinas y establecer un sistema político corporativizado, mediante el cual los mexicanos estuvieran subordinados al poder del Estado y su aparato gubernamental.
De pronto el país pasó de ser bronco, armado y enfrentado en facciones liberales y conservadoras a otro controlado por un partido; un gobierno organizado por líderes y corporaciones que servían como contenedores de las masas populares, obreras, campesinas, empresariales y militares.

La cultura política emergió de la necesidad de los operadores políticos del Estado para mantener el establishment erradicando cualquier tipo de conflagraciones armadas. Desde 1929 todo México se convirtió en territorio institucional: nada podía existir fuera del sistema y quienes lo hacían estaban en el error. Los mexicanos crecieron con una educación oficial atiborrada de héroes y villanos, bajo la premisa de que la patria es primero y de que nada está por encima de la ley o del interés general. La ciudadanía se vio inmersa en una cultura oficializada a través de murales, textos gratuitos, películas y en el entendido que para alcanzar los beneficios negados en la conquista, independencia, reforma y revolución sólo habría que confiar y apoyar al partido emanado de los caudillos. La idea del progreso fue el mito que homogeneizó a los mexicanos para actuar de manera conformista y obediente a los designios de los remasterizados tlatoanis-monarcas-revolucionarios.

Casi cincuenta años pasaron hasta que se dio la primera reconversión del sistema político por medio de la inclusión de los partidos políticos en la escena nacional (reforma política de 1977), la cual no instauró una competencia democrática, sino que sirvió para catalizar a las fuerzas dispersas que ponían en entredicho los procesos electorales y el control social. El espectro partidista fue ampliado, dando cabida a revolucionarios, empresarios de derecha, profesionistas, estudiantes, obreros y campesinos, intelectuales, comunistas y socialistas, que al sentirse abrigados por el sistema, se acomodaron para sentar las bases de lo que hoy conocemos como partidocracia. Los aparatos ideológicos del Estado mexicano se dieron a la tarea de infundir una serie de valores sociopolíticos para supuestamente vivir en paz. La cúspide del quehacer político se hallaba en el derecho y el compromiso de votar.

A partir de esta lógica los ciudadanos no tenían por qué explorar alternativas diferentes a lo establecido por el sistema. El escenario partidista, el respeto a las instituciones de poder, el culto a las investiduras son algunos de los elementos que permearon el concepto de modernidad civilizada: quienes intentaran rebasar los límites se verían enfrentados con la fuerza del Estado y el repudio de las mayorías. La cultura política ha tratado de inocularse en el consciente colectivo, para luego traducirse en conducta, reduciendo la participación civil al acto de sufragar en los tiempos determinados por el Estado.

El clímax político está situado en la obtención de armonía, tolerancia, pluralidad, justicia e igualdad. Como dice el IFE(4): no hay que pensar demasiado, sino elegir del catálogo registrado a los candidatos que habrán de convertirse en “próceres populares”. La cultura política mexicana privilegió lo procedimental, las formas de cuándo y por quién votar sin intermediación de razonamientos acerca de las plataformas políticas, proyectos sustentables, experiencias comprobadas de partidos y candidatos. Los partidos, la imagen de los candidatos y la utilización de técnicas comunicacionales fueron las coordenadas de ubicación para que los ciudadanos depositaran su soberanía y reafirmaran el contrato social.

Por el poco desarrollo educativo/formativo, la lucha continua de millones de compatriotas por llevar algunos pesos a las economías familiares, acarreo de votos por coacción y el propio abstencionismo; la cultura política mexicana -reducida a la obligatoriedad de votar- ha logrado que los mexicanos crean que no hay otros modelos de praxis política para erradicar el imperio de la sinrazón, corrupción e impunidad. El pensamiento está puesto en el cumplimiento cuasi religioso de asistir los domingos de cada tres o seis años a la casilla electoral. Hemos llegado a tal extremo de alienación que, aún siendo visible la repetición en cargos daministrativos o de elección popular, no se quiere admitir conscientemente que estamos frente a los mismos protagonistas de telenovelas, series televisivas y películas, que sólo cambian de nombre y look: los políticos aparecen un tiempo como funcionarios gubernamentales, para posteriormente tomar posesión circum circa de senadurías, diputaciones, regidurías, presidencias municipales, gubernaturas o dirigencias de partido.

A ochenta años de vivir institucionalizadamente, los mexicanos hemos sido arrojados a un sistema político que no forja ciudadanos responsables, críticos y participativos, sino que nada más moldea actitudes y prácticas políticas pasivas. La mexicaneidad entiende que es necesario recibir y aceptar el cúmulo informativo de las instituciones para finalmente votar por candidatos, aún cuando ninguno llene sus expectativas de vida. Esto produce un vacío porque nadie ha insistido que para vivir en democracia se requiere ser demócrata en todas y cada una de sus realizaciones humanas.

Es algo similar a lo que pasa en el modo de vida capitalista ampliado: se estudia para tener carrera y luego se busca trabajo para ganar dinero. Ya que se tiene dinero se adquieren propiedades y comodidades, para pasar a la creación de un núcleo familiar. Después de todo los sujetos se ven con título, trabajo o empresa, confort, casa, esposa, hijos…..al final se dan a la imperiosa tarea de educar a las futuras generaciones para que repitan el ciclo. Sin embargo, nadie nos dice cómo ser humano, feliz, pleno y realizado, porque el acto de vivir no interesa en las sociedades de consumo.

Como apunta el adagio popular “no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo aguante” y el tiempo de la confrontación entre lo ideal y lo real ya llegó. Después de décadas de inmovilidad y sometimiento, de apreciar los malabares de partidos y políticos, de riquezas inexplicables, de reparto de bienes y servicios a amigos, compadres y familiares, así como la venta o concesión de industrias a particulares; la sociedad está despertando de su letargo, rebelándose primero por medio del abstencionismo y la poca participación, para luego razonar y oponerse a las incongruencias de la política y los políticos, lo cual es percibido en escasos o nulos resultados.

Por más que se ufanen en repetir hasta el cansancio que es deber nacionalista votar para perfeccionar la democracia mexicana. Por más que servidores públicos, legisladores, partidos políticos, IFE, intelectuales orgánicos del sistema y líderes intenten excomulgar todo lo que esté en contra del subsistema electoral, la sociedad mexicana cada vez cree menos en la validez de las elecciones, pues ha sido usada como carne de cañón de intereses grupales y personales, de politiqueros que arropándose mentirosamente con la bandera han visto engordar sus arcas, acumular propiedades y perpetuarse en puestos casi vitalicios en los tres niveles de gobierno y Congresos.

Insisto de nueva cuenta que la cultura política no está dada, sino que se está construyendo en la cotidianeidad de la casa, trabajo, escuela, centros de convivio y en todas las realizaciones concretas en el mundo de la vida. Esta democracia horizontal es la que pondrá más temprano que tarde las cosas en su lugar. Más allá de invalidar la convocatoria del llamado “voto en blanco o voto a favor de lo no registrado”, debemos concientizar el papel trascendental que es ser ciudadano, para luego edificar un sistema político representativo, igualitario y justo, que incentive la participación responsable, la evaluación y enjuiciamiento. ¿Hay otra forma? Si la hay díganla por favor. B.H.G.
****************************************************************************

(1)Ésta es una paráfrasis del decálogo que proveyó Yavhé a Moisés en el monte Sinaí, que aparece en la biblia en el capítulo del Éxodo: 1.- Amarás a Dios sobre todas las cosas: 2- No tomarás el nombre de Dios en vano; 3.- Santificarás el día del Señor; 4.- Honrarás a tu padre y a tu madre; 5.- No matarás; 6.- No cometerás actos impuros; 7.- No robarás; 8.- No levantarás falsos testimonios ni mentirás; 9.- No consentirás pensamientos ni deseos impuros, y 10.- No codiciarás los bienes ajenos.

(2)Las ideas de Platón, Aristóteles, legislación romana, el uso positivista y utilitarista de la razón; Rousseau, Montesquieu, Tocqueville, Hegel y Kant son predominantes en la composición de los modelos de asimilación política en las sociedades democráticas occidentales.

(3)Este autor aporta un soporte histórico al entendimiento de la política mexicana en su libro El partido de la re-volución institucionalizada.

(4)El Instituto Federal Electoral entró en funciones en octubre de 1990, sustituyendo a la Comisión Federal Electoral, dependiente de la Secretaría de Gobernación. Su origen se debió a los conflictos postelectorales de 1988, que derivaron en una serie de reformas a la Constitución Política Mexicana y la expedición de una nueva legislación reglamentaria en materia electoral (COFIPE).

Etiquetas: , , ,