ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

Este es un espacio para conceptualizar, analizar, efectuar crítica y proponer estudios sobre política aplicada, marketing, comunicación, educación, métodos aplicados, alta dirección y proyectos sustentables. Contacto:baltasarhernandezgomez1@hotmail.com, baltasarhg@gmail.com

lunes, 12 de marzo de 2012

DETENGAN A FELIPE CALDERÓN HINOJOSA


DETENGAN A FELIPE CALDERÓN
Por Baltasar Hernández Gómez.
(Primera semana de marzo de 2012).


Todo parece indicar que ahora sí, Felipe Calderón Hinojosa ejercerá sin ambages ni titubeos las facultades no escritas que posee el Poder Ejecutivo en México: ser juez y parte muy activa en el desenlace político-electoral 2012. El actual presidente de la República apostó con varias canicas del PAN y la “cuiria”, la esfera de vidrio con matices femeninos resultó electa, bajo procedimientos antidemocráticos como acarreo, presión, compra de conciencias y populismo, para obtener los favores de militantes y adherentes panistas.

Calderón Hinojosa pretende fungir como el fiel de la balanza con los recursos públicos. Su mensaje equívoco lo hace a través del pensamiento “lo que hago es en nombre del interés general”, para llevar al cabo movimientos en el tablero del ajedrez nacional, intentando posicionar favorablemente a Josefina Vázquez Mota y demás contendientes a puestos de elección popular, entre los que se encuentran cercanos colaboradores, amigos y parientes (sólo hay que ver la lista para diputaciones y senadurías plurinominales que publicó el PAN). Él y su partido están desplegando una estructura mediática para que la sociedad crea que la silla presidencial y el partido de la derecha fundado por Manuel Gómez Morín son uno mismo.

Los spots institucionales, así como los discursos en actos públicos están infestados de semiótica politizada, a fin de colocar en la mente de las masas la impresión de que sólo faltan seis años más para afianzar el legado calderonista y así concretar el tan manoseado proceso de transición, que no llegó siquiera a una alternancia orgánica que modificara pautas en el sistema político mexicano. Insisto: la estrategia abordada a final de sexenio está dirigida a que la sociedad confunda la banda presidencial con el PAN. Hacer creer que Vázquez Mota es la heredera que cerrará con broche de oro el marketing inaugurado desde el año 2000 por el exmandatario Vicente Fox Quesada señalado como ignorante, inepto y corrupto, y continuado por el actual mandatario catalogado como impune, inhumano e ineficaz, es la prioridad para la conclusión de la administración federal plagada de sinsabores, errores y miseria material y humana.

De la figura del hombre con bigote grueso y botas norteñas se pasó al de la insipidez de un Jefe de Estado y Gobierno ensimismado en sustentar su gestión en el exterminio del crimen organizado. La jugada proveniente de la casa residencial de Los Pinos es hacer que llegue una mujer entrenada para sonreír sin mostrar arrugas frente a las lentes de los medios de comunicación, debido a la alta carga de botox en su cutis y a preservarse con un cuerpo anoréxico enfundado en vestidos de marcas internacionales. El mensaje presidencial pareciera estar remarcando, una y otra vez: “ya transitamos de la bulla foxista a la terquedad de un presidente que no oye a nadie, para que al final con una mujer se logre sostener al panismo como presumible organizador de la gobernabilidad en México, por lo menos en los seis años venideros”.

La persistencia de la guerra contra el narcotráfico, las cuentas abultadas de las reservas internacionales, programas asistencialistas que no resuelven los índices de pobreza, como por ejemplo el denominado seguro popular y piso seguro; van a ser magnificados por la táctica del terror, es decir, por poner la espada de Damocles pendiendo sobre la cabeza de gobernantes, legisladores, políticos y empresarios afines a otros partidos, principalmente del PRI, a fin de abrir brecha a todas y todos los candidatos del PAN.

Las señales son muy evidentes, pues en las últimas semanas autoridades mexicanas y estadounidenses han anunciado con bombo y platillo que “van con todo” contra los líderes del mal, entre ellos el conocidísimo Joaquín Guzmán Loera, el Chapo; las investigaciones a exgobernadores y expresidentes municipales del PRI y PRD (recuérdese los casos de Carlos Hank Rohn, Greg Sánchez, Manuel Cavazos Lerma, entre otros), y las presentaciones de resultados gubernamentales. Este intento de relucir logros quiere incrustarse en la psique social como producto terminado del panismo que, en teoría, está adornado por la “ideología” del bien común al estilo de la iglesia católica. Desde los primeros días de 2012 la presidencia y el Partido Acción Nacional son exhibidos como una mercancía política fusionada, a fin de que el electorado ubique lo mejor de la actual administración con el partido que ha sido secuestrado por Calderón y compañía.

Mientras la maquinaria de los mass media y las acciones represivas de los aparatos del Estado mexicano operan para infundir miedo extremo no sólo a la delincuencia común y organizada, sino también a la partidocracia y a la población, las concertacesiones se siguen concretando en beneficio del clan calderonista, con el objetivo de cubrir las enormes irregularidades en el ejercicio del poder. Por un lado la sociedad es observante de las reyertas partidistas y de los fallidos intentos por apresar a priistas y perredistas, pero por el otro se aprecia que los opositores al PAN no han querido o podido unificar criterios, a efecto de detener el enorme gasto en publicidad oficial y la injerencia presidencial en el proceso electoral 2012, que culminará con las votaciones del próximo domingo 1 de julio.

La tarea del PRI, PRD, PT y Movimiento Ciudadano no debe estar centrada en la visión cortoplacista de captar/dividir sufragios, sino en la urgencia para destapar la olla de presión llena de frijoles, para que Felipe Calderón, aliados, colaboradores y familiares directos e indirectos comparezcan en los tribunales nacionales e internacionales, para que den cuenta de sus actividades políticas y de negocios, pero sobre todo las referentes a su responsabilidad pública. El ataque a la falsedad y la inseguridad debe ser la primacía de los partidos y sociedad civil no organizada. No obstante la urgencia de poner las cosas en su real dimensión nadie quiere entrarle de lleno, porque hay “colas y pendientes” en muchos de los personajes de la vida política mexicana. Se requiere parar la caída del todo, neutralizando a quienes han causado perjuicios.

Si las cosas continúan de la misma manera, posiblemente habrá un repunte en los porcentajes a favor de la candidatura de Josefina Vázquez Mota y un mayor fraccionamiento de votos para los otros partidos. Y no es que “Chepina”, como le dicen sus allegados, sea una mujer malévola, porque de lo que se trata es remarcar que ella representa más de lo mismo, lo cual resulta inadmisible en estos tiempos de crisis generalizada.

El imperativo es llevar al banquillo público al gobierno de Calderón Hinojosa y sus personeros, desenmascarando la cacareada limpieza blanquiazul. Poner a los panistas y políticos nefastos en el escrutinio social tiene que ser la llave para ensanchar las puertas de una democracia horizontal que busque legitimidad en lugar de legalidad procedimental.

Si los partidos no entienden que es el momento para arrinconar al Ejecutivo, sacarlo del escenario mediático, sentarlo y obligarlo a que deje de perseguir actores políticos y a ciudadanos de todas las clases sociales como consigna, la política del miedo podría perdurar y destrozar por completo el tejido social. Deben neutralizarse y dejar sin efecto los ases guardados bajo la manga de Felipe Calderón, tales como: 1) Los muy probables anuncios de detenciones de capos de primera línea, que tratarán de reforzar la idea de efectividad de su guerra contra el crimen organizado y la eficacia gubernamental y, 2) La emisión de promocionales para comunicar los macro resultados panistas con corte populista al más puro estilo de las consignas que propagan empresas que venden a la superación personal como la panacea para solucionar los problemas que aquejan a la gran mayoría de los mexicanos; toda vez que pretenden llevar a grado supremo de enajenación la intencionalidad y luego posicionamiento final de votos el domingo 1 de julio próximo.

Los dados están colocados en la mesa y sólo esperan manos que los hagan rodar. Se necesita una visión y proyecto de país. Punto. B.H.G. baltasarhg@gmail.com

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lunes, 22 de marzo de 2010

VIVIR COMO ETERNOS CANDIDATOS: Los políticos y gobernantes en México.


VIVIR EN CAMPAÑA: los gobernantes, eternos candidatos.
15 de marzo de 2010.
Por Baltasar Hernández Gómez.


El voto de la ciudadanía importa para el conteo formal de la democracia procedimental, porque en el “mundo de la vida real” los candidatos encumbrados en los poderes Legislativo y Ejecutivo, obteniendo el número suficiente de sufragios, se olvidan de plataformas programáticas e ideológicas, así como de sus promesas de campaña. Entronizados en sus curules camarales y sillones administrativos se enfocan en readecuar presupuestos, programas exitosos del pasado inmediato y se atienen a poner en marcha acciones que los mantengan en las preferencias sociales, en una espiral de sucesivas contiendas políticas.

La partidocracia ha impuesto una dinámica vertical por medio de la cual regidores, diputados, senadores, presidentes municipales, gobernadores y presidentes de la nación deben lo que son a las élites de sus institutos políticos propulsores. La sociedad es vista en abstracto, es decir, como una masa receptora de mensajes políticos, consumidora de marketing electoral y gubernamental, que sólo es utilizable para generar votos en los tiempos y espacios que se requieren para renovar el halo democrático. Por tanto, los triunfadores de las contiendas electorales no tienen ligas orgánicas con los ciudadanos y por eso hacen acto de presencia la irresponsabilidad, desatención y cinismo, para seguir operando como si estuvieran en eterna campaña proselitista.

Hoy en día los políticos se presentan como productos que deben ser comprados por un auditorio regional y nacional que, envuelto en la persuasión subliminal de refrescar las esperanzas republicanas hacia el sistema político, tiene que avalar los resultados cada vez más pírricos de las elecciones organizadas por un IFE cada vez más penetrado por los intereses partidistas y del Estado. Las contiendas son un embudo por donde tienen que pasar los objetivos y alcances de partidos, grupos de presión, líderes y candidatos, que deben estructurarse en forma recurrente cada tres y seis años, o sea, vivir en una permanente lucha política donde la población mayor de dieciocho años está envuelta en dimes y diretes, acusaciones, amagos de equidad, pactos que atentan contra la dignidad mexicana y ofertas que debieron haberse concretado hace ya muchísimos años. Por eso resulta evidente que en la lógica del Poder no bastan doscientos años de independencia o cien años de revolución para haber alcanzado autonomía, desarrollo armónico y paz social.

Tanto los que pugnan por conservar el control partidista de las elecciones como los que empujan para “ciudadanizarlas” están concentrados en la conservación del Poder político. Los gobernadores, envueltos en la filosofía de LO VENDIBLE de los medios masivos de comunicación, luchan por llenar todo espacio disponible en horas de elevado rating en televisión, radio y las mejores páginas de diarios y revistas. Lo que importa no son los hechos tangibles en sus demarcaciones sociopolíticas, sino la percepción de las cosas. Por esto construyen imagen, imagen y más imagen a través de spots y mensajes coloreados de bondad, sacrificio, entrega y obras de relumbrón, a fin de que se conozca -por ellos mismos y con la intersección de los canales comunicativos de gran audiencia- su figura física y supuestas realizaciones de bienestar común.

Los políticos adoptan posturas mesiánicas y si es posible se hacen acompañar de rostros y cuerpos conocidos en el show business, para impactar a la masa. Lo que se está observando a nivel nacional es una cauda de recursos monetarios para implantar el marketing político como el todo: pintan paredes, edificios, lugares de uso común y oficinas con los colores representativos a su planilla, partido o fórmula; adaptan discursos revolucionarios, religiosos y de superación personal; se visten impecablemente; ensalzan virtudes y minimizan pasados turbulentos, y aún más, se alían con enemigos políticos y dan la espalda a sus asociados. Todo es válido desde esta óptica utilitarista de la política, que incluso introducen a esposas, hijos y parientes para dar la impresión de ser promotores de familias felices y valores universales.

A nivel macro.-
El presidente de la República viste con atuendos que traen los colores del PAN, asume pensamientos cristianos, se pone la careta de humildad al reconocer errores y pedir perdón por fallas involuntarias de él y sus colaboradores; se pasea en las entidades donde habrá elecciones; se toma la foto con personajes estereotipados de sectores vulnerables; se apersona en los sitios donde hubo siniestros naturales y provocados por el olvido gubernamental; se blinda para seguir hablando de la “guerra santa” contra el crimen organizado, y se hace acompañar de personalidades de la farándula, de la intelectualidad y del deporte; dignatarios extranjeros, así como de su cónyuge. Ha hecho hasta lo inimaginable para recoger el mayor número de simpatías, que por cierto está en su etapa más crítica desde el año 2006, de acuerdo a la última encuesta publicada por Berumen y asociados.

El titular del Poder Ejecutivo vive en campaña con su partido y entonces se da a la tarea de mover a dirigencias panistas, negocia en lo subterráneo directa e indirectamente por medio de sus secretarios de Estado, pues no sólo el de Gobernación sale a la palestra, sino que ahora los encargados de Trabajo, Educación, Fuerzas Armadas y Salud, por citar a los más visibles, hablan de política. Los spots y giras son elevadas al rango de “pan nuestro de cada día”, con el propósito de que los mexicanos no caigan en la amnesia temporal por no identificar quién es el comandante en jefe de los destinos del país.

Aún cuando el mandatario mexicano sabe que su campaña terminó en 2006 continúa desenvolviéndose como si ésta no hubiera concluido, asegurando el control del PAN, elaborando alianzas coyunturales con sus adversarios ideológicos, golpeando a los críticos, negociando sus iniciativas de ley, reformas gubernamentales (que no de Estado), candidaturas y hasta el posicionamiento de futuras plazas de gobierno y legislativas para familiares y amigos. Vicente Fox hizo lo mismo, pero con la diferencia que el proselitismo se enfocó en él y su esposa sin dejar amarres como lo han hecho los demás presidentes. En este sentido cabe reflexionar la siguiente pregunta: ¿Estamos tan miopes o ciegos para no poder divisar que en los gobiernos panistas, Congreso de la Unión, gubernaturas, presidencias municipales y hasta embajadas hay testaferros de Carlos Salinas de Gortari, que controlan la columna vertebral de la política a nivel nacional? Mientras se nos abren las pupilas, las apariciones del ex-presidente Salinas, Fox Quesada y otros emisarios de menor envergadura seguirán dándose en foros y entrevistas “banqueteras”, lo cual será disimulado como actos sociales y/o académicos.

En las entidades.-
La mayoría de los Ejecutivos estatales han estado actuando en sus zonas de influencia con la autorización de los jerarcas partidistas, pero también existen otros que transitan por “la libre”, es decir, guardan cierta distancia de sus institutos políticos para instaurar hegemonía regional. La efigie del cacique no murió en el año 2000, sino que tomó para sí perfiles más suaves, que no por eso menos verticales y monopólicos. Los gobernadores son antes que nada impulsores de grupos dentro de sus partidos y también fuera de ellos: encajan sucesores, apoyan con dinero, visitan sus plazas con el desparpajo de ser tótems en el corto y largo plazo.

Desde hace año y medio aparecen en los medios de comunicación como redentores de causas nobles, defensores de principios libertarios, gestores y hacedores de obras y servicios de aparador, pero no más. Quieren asegurar permanencia en sus confines de dominio, allanando el camino para su grupo, con la pretensión de obtener legislaturas locales, nacionales y colocar alfiles en todas las posiciones de Poder que sean posibles.

El adagio “Ya llegué al máximo puesto político al que se puede aspirar” no aplica para los políticos posmodernos, ya que -como diría el extinto presentador de artistas en Televisa, Raúl Velasco- “aún hay más”. Como esta táctica ha funcionado por tener el control de los recursos generales en sus entidades y con ello poseer fueros y puestos claves, pues la siguen operando, porque “sí funciona y funciona bien”. El saltimbanquismo se apoderó de la denominada clase política mexicana, que ahora salta de una presidencia municipal a la gubernatura de diputado local a diputado federal; de diputado federal a senador; de gobernador a secretario de Estado, embajador o senador; de regidor a presidente municipal; de presidente de la República a director de fundación altruista a nivel internacional o asesor general en alguna de las empresas trasnacionales que favoreció durante su mandato.

Todo resulta válido para no quedar fuera del sistema y en las entidades federativas los gobernadores tratan de asegurar estancias sin auditorías, teniendo en mente procesos secuenciales de reelección, movimientos ascendentes en la pirámide del poder, así como movimientos en el ajedrez político que coloquen a sus adeptos en lugares que les garanticen preponderancia. La crisis actual y la llamada “endémica”, la falta de recursos por la austeridad republicana y el corto tiempo que tienen como gobernantes es la tela para confeccionar cortinas de humo para que la sociedad no se subleve, critique o se vaya por el abstencionismo o confrontación directa.

En los municipios.-
En la misma condición se encuentran los presidentes municipales: ganando las elecciones constitucionales se vuelven perpetuos candidatos, pues lo que menos interesa es otorgar obras y servicios a la población, sino la reivindicación para alcanzar más y mejores puestos. Las campañas no terminan con la recepción de la constancia de mayoría otorgada por las autoridades electorales, pues continúan desarrollándose como aspirantes de causas más elevadas, al igual que sus subalternos. En la actualidad la política está convertida en estación de paso, donde se instauran trampolines móviles para lanzar clavadistas a cuanto cargo público se pueda.

Mientras esto pasa en la cotidianeidad siguen las mismas deficiencias en calles, alumbrado, policías, obras de para la fotografía, nula promoción de la cultura y el deporte, contaminación, cero inversión en infraestructura urbana y rural, falta de agua potable y alcantarillado, recolección de desechos, trámites que incentivan actos de corrupción y camarillas que se apoderan del organigrama municipal. Los presidentes llegan a sus “palacios municipales” teniendo en la mira mayores distinciones y por eso no asisten a audiencias abiertas; no firman convenios ni acuerdos de desarrollo; no proyectan a sus comunidades en los renglones económicos, turísticos o de servicios y sí por el contrario dejan a la vera del camino las necesidades de su sociedad.

Los presidentes municipales están abocados a la promoción de su absolutismo localista, a salir en con personajes que avalen sus gestiones, a coptar a los medios masivos de comunicación para que no haya discordancias que empañen sus cometidos. Todo es representación simbólica amañada: trazo, color, voz y sondeos pagados con el erario público. ¿Abstenerse, adecuarse, integrarse, separarse en actitud ermitaña, ser contestatario en los medios, trabajar en lo subterráneo de la casa, escuela o trabajo, o simplemente convertirse en revolucionario? ¿Cuál es la opción que debemos asumir? Cada quien que decida…..B.H.G.

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jueves, 25 de junio de 2009

SER Y DEBER SER DE LA POLÍTICA


SER Y DEBER SER DE LA POLÍTICA
¿Renovarse o morir?: el dilema de los partidos políticos mexicanos.
Por Baltasar Hernández Gómez


¿Por qué si la esencia humana aspira a vivir en plenitud y los partidos políticos existen para conquistar el poder para el bienestar común social, los resultados van en sentido contrario? La respuesta se halla en la alteración de la condición humana para volverla una cuestión cosificada (1). Las realizaciones humanas tienen un sentido íntimo que se despliega hacia afuera, ya que el Hombre no puede vivir solo y desvinculado de los demás, para satisfacer sus necesidades, pensamientos y aspiraciones. Por lo mismo la humanidad está basada en pensarse, saberse y sentirse, lo cual involucra a la razón y la pasión.

Todo lo que es humano lo es para el individuo que abstrae su condición de ser en sí mismo su propio universo interno en contacto directo con su realidad. Su existencia depende de la solidaridad de compartir o luchar con los otros igual que él que se identifican como un yo individual, pero también en el nosotros colectivo. Así pues, lo que debiera ser la meta de la vida, la felicidad, en tanto categoría que engloba conocerse-conocer, existir-perdurar, amor, comunicación (que no es otra cosa que ponerse en común), libertad, tolerancia, justicia, fraternidad y los modos prácticos para facilitar el disfrute de la naturaleza (natural, valga el pleonasmo en este caso, y social); se ha convertido en un precepto vinculado a las cosas, es decir a la materialidad.

La mujer y el hombre moderno dividen su interioridad, el empleo de los sentidos y la consecución de la felicidad, para suplantarla por una carrera de aceptación y reconocimiento público. La felicidad es ahora materia pura: comer en exceso y de todo; vestirse de acuerdo a la moda; trabajar para ganar dinero; comprar propiedades que destaquen; poseer el auto que deslumbre; casarse con la mujer u hombre que reúna los requisitos de la belleza occidentalizada; tener hijos que se ajusten a los cánones genéticos y de superación,; lucir joyas y aditamentos tecnológicos que lo identifiquen como alguien diferente, y guardar capitales para la vejez y la herencia.

La felicidad política persigue a su vez el utilitarismo, o sea, la búsqueda de opciones que materialicen las aspiraciones “cosificadas”, para atraer para sí mismo y sus allegados los bienes y servicios necesarios para fortalecer el ideal de progreso personal, familiar y profesional. En la era posmoderna los sujetos sociales se urbanizaron, dejando atrás lo rural-colectivo, la comuna compartida, la tradición convivencial que dotó al ser humano de un modo existencial colaborativo y de cercanía para ser y estar mejor.

La sociedad observa y piensa que un partido, candidato o gobernante es “bueno” en la medida en que supone que retribuirá programas y obras que beneficien su entorno. Este trasplante de valores y valorizaciones ha servido para que los partidos políticos se hayan vuelto fábricas generadoras de expectativas, aprovechándose de la felicidad cambiada a la obtención de lo puramente material, con el propósito de hacer pasar como legítimos sus estatutos, plataforma ideológica y proyectos que atesoren el sensus social. La felicidad que proponen los institutos políticos avalados por el Estado no está basada en la conquista del bien común, sino en la idea de ser un medio entre la aspiración humana y el sistema de vida capitalista, que impuso a la democracia como la mejor forma de gobierno.

El sistema de vida capitalista y sus Estados protectores manufacturaron una red de redes para aproximarse legalidad y legitimidad y así estar en perfectas condiciones para reproducir una conducta social ad hoc a los intereses de la clase dominante. En el campo político, el sistema de partidos concentró la voluntad nacional en la autoridad de seleccionar “lo que es mejor para todos” para después ser presentado como el elegido por las mayorías. A tal grado llega el monopolio que nadie por cuenta propia puede erigirse en representante de otros si no está adherido a un organismo registrado.

El líder natural de la comunidad o la persona que desea motu proprio mejorar la calidad de vida de su ambiente no puede candidatearse “por la libre”, porque primero tiene que ingresar, luchar con grupos e intereses internos, para luego ser tomado en cuenta y finalmente lanzarse a obtener el sufragio social. El humanismo de ser y estar mejor es convertido en procedimiento, en la persecución de metas de los grupos de poder. El bienestar común es sustituido por los objetivos y alcances partidistas para la concentración de puestos públicos que van a dar mayor fuerza de dominación a dirigentes y gobernantes.

La partidocracia ha moldeado la concepción de democracia, sumiendo al pueblo en una dinámica de sujeción. Así es como los partidos cosifican y dosifican el bien común, planificando los tiempos y formas en proporcionar ciertos requerimientos a la sociedad. Esta es otra vía de justificar la infelicidad material que se aprecia en desigualdad, injusticia e individualismo extremo. Los partidos políticos no parten del reconocimiento de que las cosas están de cabeza y sólo benefician a unos cuantos, porque esto sería admitir la ferocidad capitalista que arrincona a los ciudadanos en una espiral de competitividad, individualidad y egoísmo que provoca pobreza moral y material. Si hay pobreza a lo sumo propondrán una baja de penurias, pero no su erradicación. Si hay enfermedad no habrá atención abierta y suficiente, sino una selectiva a derechohabientes.

Si hay hambre, carencia de vivienda, falta de oportunidades en educación, trabajo y satisfactores, aprobará leyes y programas paliativos; aprobará la realización de concursos de entretenimiento para ganar dinero; teletones, cooperaciones para la Cruz Roja, despensas a comunidades marginadas y donaciones de todo tipo para que se reduzca insustancialmente el número de desafortunados. En lugar de que los partidos políticos sean un medio legítimo para luchar por más y mejores condiciones de vida en contra de la lógica de dominación de los Estados capitalistas, dichos organismos se pelean con sus homólogos para acumular poder, traducido en presupuestos, cargos administrativos y de elección popular.

Por muchísimos años la sociedad ha sido educada bajo la premisa que la felicidad es un horizonte a punto de ser alcanzado, pero que se necesita de perseverancia y aguante por medio del voto repetido a los partidos políticos para ir reduciendo la distancia entre lo real y lo ideal. El acto de votar se volvió en el nuevo ejercicio religioso, en la virtud patriótica y en la heroicidad de buscar el bienestar común. Lo mismo sucede con el concepto de felicidad materialista, pues ya que se consigue la tenencia de títulos académicos, prestigio, dinero, casa, auto, esposa o esposo e hijos, surge la tremenda crisis existencial por no haber nutrido el yo y el súper yo (2).

Cuando el ciudadano ya está convencido de que el voto es el boleto para alcanzar la tierra prometida, deposita su papeleta en la urna para luego refugiarse en su morada y esperar si el legislador o gobernante lo guiará al paraíso perdido. Más temprano que tarde se entera que su voto es cuantitativamente contabilizado para la elaboración de estadísticas de afluencia y participación democrática, pero al mismo tiempo que los partidos y candidatos triunfadores se convierten en amos y señores del qué, cómo, cuándo, dónde y cuánto se tiene que devolver como bien común a las zonas geográficas que los apoyaron y medirlas o negarlas en aquellas que votaron en contra.

Esta dicotomía vuelve a los partidos políticos y a la sociedad en dos entidades que transitan por caminos diferentes. La sociedad política (el Estado, sus instituciones, la clase dominante y los propios partidos) realiza sus planes en evidente confrontación con la sociedad civil. Luego entonces la sociedad y su felicidad no importan, ya que la meta es dar continuidad al equilibrio y fortalecimiento del poder y, por ende, del proceso de dominación para reproducir ad infinitum la estructura y supraestructura que sostiene el modo de vida capitalista.

En México la democracia fue metamorfoseada en partidocracia y mediocracia, las cuales impusieron formatos acríticos, receptivos y conformistas para decidir los destinos nacionales, haciendo que sobresalga la lógica de que “alguien” o “algo” vendrá algún día a sacar del atraso a las masas medias y desposeídas. Esos alguien y algo son el gobierno, congreso y los partidos políticos. Lo que ocurre es que después de ejercitar el voto, el mexicano vuelve a la inactividad, a la larga espera de suponer que los elegidos cumplirán sus promesas. De acuerdo a las evidencias analíticas con que se cuentan, el ciudadano ha empezado a rebelarse cada vez más con el abstencionismo electoral y con la poca participación y confianza a candidatos, reuniones, mítines y campañas (físicas y mediáticas). Hoy más que antes los ciudadanos se sienten utilizados y defraudados, pero están saliendo a manifestar su desacuerdo.

He aquí una punta de madeja para transformar el estado de cosas existentes en el ámbito político. Ante el sentimiento de abandono, de burla y control autoritario, la sociedad está moviéndose por vías alternas que brotan en comunidades indígenas, campesinas, en la clase media, sindicatos, en las escuelas de educación media superior-superior y en el medio vecinal. La realidad que se está viviendo coadyuva mucho a que los ciudadanos tomen consciencia y peleen por lo que tienen derecho. La ficción y mediatización caen ante la cadena de hechos que suceden en la realidad. Ni el Estado, medios masivos de comunicación y partidos políticos pueden contener las contradicciones que producen pensar y afrontar el ser y el deber ser, entre la riqueza de muy pocos y las enormes carencias de millones de personas que se debaten entre la vida y la muerte.

A esta toma de consciencia y decisión es a la que le tienen miedo los detentadores del poder y por eso seremos espectadores de reformas en la legislación electoral, a fin de desactivar movimientos fuera del tablero político. De seguro no volverán al origen de la felicidad humana, no perderán demasiadas diputaciones o senadurías proporcionales, presupuestos ni prerrogativas en cargos de elección y direcciones burocráticas, tampoco velarán para que se cumplan con los tres preceptos liberadores de la Revolución Francesa (3). Lo que harán es readecuar algunos engranajes para que el sistema político tenga un segundo o tercer respiro, que devuelva puntos porcentuales en credibilidad y confianza ciudadana, principalmente enfocada a la juventud con rango de edad de entre los 15 y los 24 años (4), a efecto de inculcar valores remasterizados que fortalezcan una “cultura política” ajustada a los parámetros de la democracia institucionalizada.

En esta encrucijada de renovarse o morir, el ingrediente sociedad civil no es ya el mismo que tiene referencia la clase política, toda vez que por más que considere que sus estudios sociopolíticos le dan supremacía para conocer la radiografía de la mexicaneidad, la cual consideran enajenada por los medios de comunicación, guadalupana, conformista, aguantadora, estereotipada al estilo del american way of life y poco instruida para tener la posibilidad de organizarse; los ciudadanos han tomado o están a punto de hacerlo, una actitud y conducta activa, que esté al pendiente y evaluando el desempeño gubernamental, legislativo y el mundo empresarial que afecta su economía.

La presión será importante para que la reformulación del sistema político no se lleve a cabo como siempre, de arriba hacia abajo, sino en sentido contrario, que incorpore a forciori figuras como el referéndum y plebiscito para revocación de mandato, juicios políticos a través de tribunales judiciales, administrativos o de orden político y la constitución de la figura de ombudsman; a fin de que los gobernantes, legisladores, magistrados y servidores públicos verdaderamente resguarden los principios de representación democrática y así edificar estrategias de crecimiento humano y económico sustentables y permanentes.

Antes de que se tomen decisiones al vuelo, como está ocurriendo con los dirigentes partidistas que se han sumado a la iniciativa México SOS del propietario del consorcio de artículos deportivos Martí -bastante apoyada por el presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y el grupo Televisa- que establece que los partidos y candidatos deben firmar cartas compromiso ante notario público y de cara a la gente para cumplir con sus promesas de campaña; los partidos políticos deben idear una reforma de apertura y no gatopardismo, pues el futuro se les puede ir de las manos.
¿Estamos listos para esto? No en su totalidad ni con la intensidad que debiera, pero la necesidad imperiosa de tener más y mejores perspectivas de vida nos harán pensar y actuar con creatividad y compromiso, para forjar un México a la altura de nuestras aspiraciones. B.H.G.
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(1)El concepto de cosificación fue acuñado por Lukács y utilizado en varios trabajos cientistas de la escuela de Frankfurt para denominar al proceso de desvirtuamiento del sujeto en objeto. Es una abstracción que entraña que el hombre es reducido a mercancía, a la materialidad de su existencia.

(2)Erich Fromm en su libro Ética y psicoanálisis estipula que el súper yo es la consciencia del individuo frente a los sucesos que afronta en su medio social y en sus pensamientos acerca de sus experiencias.

(3)Los tres conceptos liberales que enarboló el movimiento francés de 1789 fueron: libertad, igualdad y fraternidad.

(4)Me refiero a estas edades porque de los 15 a los 18 serán las nuevas generaciones de votantes en el próximo proceso electoral de 2012 y de los 19 a los 24 años, que es la etapa de formación adulta donde se moldean los valores decisivos de la ciudadanía.

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