ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

Este es un espacio para conceptualizar, analizar, efectuar crítica y proponer estudios sobre política aplicada, marketing, comunicación, educación, métodos aplicados, alta dirección y proyectos sustentables. Contacto:baltasarhernandezgomez1@hotmail.com, baltasarhg@gmail.com

miércoles, 16 de mayo de 2012

MIMETISMO POLÍTICO EN MÉXICO: LA DESVERGUENZA Camaleones dentro del sistema político mexicano Por Baltasar Hernández Gómez.
El mimetismo es un instrumento de supervivencia que poseen ciertos animales, mediante el cual una parte o la totalidad de su cuerpo toma atributos de otro ser vivo o inanimado. Por ejemplo, hay especies de insectos, mariposas, peces, reptiles o moluscos cefalópodos que “pintan su cuerpo” con diferentes colores y marcas, a fin de ahuyentar o atraer a discreción a otros animales. Los depredadores emplean automimetismo para atrapar presas, aparentando ser menos peligrosos y luego atacar con mayor efectividad. Esta capacidad de ocultarse o verse diferente no es exclusiva del reino animal no pensante, pues el homo sapiens sapiens (el Hombre que sabe que sabe) también la utiliza para manipular sus relaciones de contacto con los demás. En el ambiente político que se vive en México y en otras partes de América Latina, mujeres y hombres de las élites* superan con sus acciones a cualquier pulpo o camaleón, pues han desarrollado al máximo la destreza de mutar a conveniencia piel, pensamiento y conductas para no caer en el remolino del olvido. Gobernantes y políticos manejan a diestra y siniestra la táctica del mimetismo para continuar en la cúspide del poder, es decir, para permanecer en el círculo de dominación que se traduce en un ir y venir de puestos administrativos o de elección popular que dan certeza a futuro. Cómo olvidar que en el sistema político hay casos patéticos de oportunismo que luego son tratados abiertamente como “revoluciones modernas”, a partir de supuestos análisis que privilegian a favor el abandono de principios ideológicos y trayectorias sociales cuando los vientos no son favorables. Un botón muestra fue la escisión priista en 1988, que reunió a disidentes del partido de Estado que no cabían en el proyecto neoliberal del grupo salinista con intelectuales, catedráticos y personas que encabezaron movimientos reivindicadores, situación que a la postre provocó una nueva organización política: PRD. Los funcionarios, diputados y gobernadores, luego convertidos en rebeldes, ahora son cabeza de tribus bélicas para “sacar raja” en los recovecos del sistema político. Cómo olvidar a personajes camaleónicos como Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y Porfirio Muñoz Ledo que fueron convertidos en próceres posmodernos, para luego erigirse en operadores de ciertas acciones emprendidas por las administraciones panistas. Cómo olvidar los giros trapecistas de Demetrio Sodi de la Tijera que ha pasado de partido en partido, desde el PRI hasta el PAN, pasando por el partido del sol azteca. Cómo obviar los movimientos indecentes y amorales de Miguel Ángel Yunes y Manuel Camacho Solís que hoy por hoy están al frente de la bandera democratizadora, palomeando candidaturas y armando coaliciones, cuando hace apenas tres quinquenios colaboraban con gobiernos netamente autoritarios. Pero en México, país mágico por su cultura y tradición, también es surrealista, debido a la conformación de un modo de vida basado en incongruencias permisibles. Cada tres o seis años, muchos miembros de la denominada “clase política” buscan acomodo en la jungla electoral, para obtener canonjías y puestos, pero al no verse beneficiados optan por disfrazar intenciones personales mostrándose con nuevos contornos discursivos y visuales. Otros que durante decenios vociferaron democratización o muerte se convierten en quijotes del statu quo, tratando de defender lo indefendible. Un caso reciente lo protagoniza Rosario Robles Berlanga, exjefa de gobierno perredista del D.F., quien se presentaba con ropajes de mujer progresista, para luego caer en la ignominia por sus relaciones de amor y corrupción con el empresario argentino Carlos Ahumada. Hoy, la vestimenta de izquierda consciente es cambiada por la de promotora de Enrique Peña Nieto. Antes que nada y después de todo, primero es el “hueso”, parece ser la justificación más socorrida de los saltimbanquis. Cuando los partidos se materializan en la figura de sus candidatos, el mimetismo cobra mayor fuerza, ya que la construcción de sus mensajes políticos se basa en la desmemoria y el ocultamiento de debilidades, ineficacias y carencias. La imagen mostrada pretende llenar el espectro de percepción ciudadana, tachando “lo malo” del ayer y recobrando la línea de la esperanza inalcanzable, que es resucitada en cada proceso electoral. Las cifras excesivas de gastos públicos son exhibidas como estadísticas de tiempos remotos, que se tienen que refundir en la cueva e la amnesia colectiva; las impericias y errores administrativos arrumbados en las oficinas que abandonaron para pasar a otros menesteres; los incumplimientos en obras y programas sociales desdibujados por los enormes silencios de medios de comunicación contratados para resaltar logros, previo pago multimillonario por concepto de publicidad. Por esta estas y mil razones más de índole económica y seguridad social el cuerpo societal considera que la actividad política es una bazofia, porque percibe desfachatez, cinismo y desparpajo en los miembros de la cúpula que controla partidos, congresos e instituciones gubernamentales. Aún cuando existe saturación de spots audiovisuales, folletos, pancartas, espectaculares y consumibles como gorras, playeras, llaveros, globos y bolsas para el mandado, la ciudadanía sólo siente falsedad. El abstencionismo es entonces uno de los resultados de las operaciones infames que realiza la clase política e instituciones del Estado mexicano. El descrédito de la política debe ser visto como termómetro que mide los grados de rompimiento en las estructuras funcionales del sistema y no solamente como parte de la “cultura política a la mexicana”. ¿Votar por el menos malo? ¿Votar en blanco? ¿Despreciar todo y convertirse en guerrillero o ermitaño? Cualquier decisión que se tome en lo particular o de manera comunitaria debe estar centrada en la recuperación de la Nación, traducida ésta en lo esencial de la vida: la casa, calle, cuadra, colonia, ciudad, estado, trabajo y centros de convivencia social. Lo trascendental será confrontar ofertas, ideas, proyectos sustentables, pero sobre todo realizables sin tener que recurrir a endeudamientos o mentiras. En ciertos sectores de la clase dominante hay desprecio y subvaloración hacia la sociedad. No obstante las aseveraciones de que los mexicanos continuamos siendo “débiles mentales o analfabetas”, que no pueden traspasar las vallas impuestas por el poder, hay que tener en cuenta que la sociedad puede –más en circunstancias de crisis- rebasar cercos informativos, marcos normativos, controles represivos e ideológicos y monopolios empresariales. Basta ya de antifaces, engaños, guiones e imágenes perversas que desvirtúan la realidad. La cúpula del poder debe tener presente que la inducción al conformismo y la desmovilización por miedo o necesidad no es eterna e infalible. Muchas voces machacan que somos un pueblo inculto y pasivo, pero lo cierto es que de ninguna forma somos idiotas. Las contradicciones del modus vivendi y los subsistemas de dominación están en etapa crítica y esto abre posibilidades de crecimiento y transformación a través de la de participación horizontal. Las manecillas siguen moviéndose, unos pugnan para retrasarlas y otros, poco a poco, empujamos en contrasentido para que llegue la hora exacta. B.H.G. *Para una comprensión de la teoría de las élites recomiendo acudir a la lectura de Gaetano Mosca, Vilfredo Pareto y Robert Michels, a fin de conocer con mayor especificidad la visión que cita la existencia de grupos selectivos que, por su posición política-económica, planean, organizan y operan la direccionalidad de los Estados modernos, a través de políticas públicas y decisiones estructurales al interior de gobiernos, congresos y tribunales judiciales.

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martes, 19 de abril de 2011

PRACTICIDAD POLÍTICA AL ESTILO FOUCHÉ. Algunas líneas del libro inédito de mi autoría Seducción Política...Las enseñanzas de Fouché.


IMPRIMIR FUERZA Y LUEGO MODERACIÓN: PARALIZACIÓN Y MOVILIZACIÓN DE ALIADOS O ADVERSARIOS
(Extracto del libro inédito de mi autoría Seducción política: las enseñanzas de Fouché)

Por Baltasar Hernández Gómez


Cuando Joseph Fouché fue enviado como contenedor político a la ciudad de Lyon, Francia, para dar cumplimiento a un decreto promulgado por la Convención Nacional (1), tuvo como consigna la destrucción de ese centro manufacturero del siglo XVIII. Sin embargo, en lugar de llegar con los jinetes del apocalipsis, prefirió imprimir un método de fuerza selectiva, pero sobre todo de tipo psicológico, porque supo que un discurso, un panfleto, una amenaza y una demostración de poder, era razón suficiente para que los individuos se paralizaran y cedieran ante las nuevas condiciones políticas de la Revolución.

Ante tanto exhorto para defender la pureza republicana, anticlerical, libertades civiles y la presumible riqueza de algunos sectores franceses Fouché tuvo que emplear en principio un método de fuerza con medidas ejemplares en tiempos revolucionarios. Sus acciones infundieron temor, pero en una sola exhibición, las cuales le permitieron fortalecer su poderío en Lyon (2) y, al unísono, su imagen en la ciudad capital, París.

Los saqueos y la destrucción de las propiedades industriales y habitacionales de Lyon fueron operados con el poderío de la movilización que producen las masas ávidas de cambios. Definitivamente este pasaje fue explicado por Fouché como un episodio que estuvo obligado a realizar, debido a las órdenes de los líderes revolucionarios, a fin de desmarcarse y asentar el sello de que dicha actuación no fue producto de sus deseos o intereses personales. Ante las multitudes francesas, diputados, líderes y funcionarios mostró su eficacia de cumplir y hacer cumplir los más altos preceptos de “libertad, igualdad y fraternidad” con hechos pragmáticos que nadie, hasta ese instante, utilizaba para afianzar la revolución frente a los intereses de la monarquía y la alta burguesía.

Pese al éxito momentáneo, Fouché detectó cambios imperceptibles en la composición de liderazgos en la convención francesa y supo que era momento de presentar otra faceta política: la moderación. Empezó a movilizarse en los espacios cercanos a políticos menos extremistas, como el caso de Dantón y promulgó edictos para transformar su fama de radical. Fouché se reinventó y apareció como político duro, leal a la causa, pero sobre todo pragmático y eficiente. Así pues, comenzó a suprimir batallones de ejecución, oponiéndose a los partidarios de la guillotina y del fusilamiento, pues con ello -insistió- se acabaría con el remolino de incertidumbre, desconfianza, separatismo y caos.

El viraje a la moderación provocó la suma de empatías de muchos convencionistas de París y también de los aterrorizados ciudadanos de Lyon, que observaron el cambio de Fouché como una bendición -tardía, pero reconfortante-. En contrapartida, los revolucionarios lo acusaron de traición a la causa, carente de energía y de estar retardando los intereses de Francia. Después de todo, el político logró fama, prestigio y situarse en un lugar preponderante en la mente de los detentadores de poder.

Las facetas de fuerza y moderación utilizadas por Fouché en el ejercicio de la realpolitik sirvieron, en momentos de conveniencia, pues desde el punto de vista maquiaveliano esto no resulta malo o bueno, porque sólo es un procedimiento de control y ajuste en la aplicación de acciones que resuelvan brotes de insubordinación.

En la actualidad el término fuerza no debe ser empleado como vía primaria para la obtención y robustecimiento de los niveles de poder político. Al contrario, éste debe ser traducido en estrategias consolidadas que hagan sentir contundencia en la toma de decisiones, las cuales deben alejarse de excesos. El ejercicio del poder es, sobre todo, una mixtura equilibrada de programas que otorguen autoridad, a fin de que se establezca la idea en el tejido social de estar concretando bienestar general sin distingos ni variaciones.

Cumplimiento de la ley, acercamiento orgánico con las bases sociales y movimientos inmediatos darán efectividad a quienes participan en el terreno práctico de hacer política. Fouché subraya que no tiene que existir parálisis al ejecutar una acción de poder, pues se caería en la ineficacia, retardamiento o pérdida de oportunidades. Nada puede surgir de la vacilación provocada al discernir si algo es ético o moral (conforme el rasero valorativo en boga) y sí por el contrario, hacer perdurar el pensamiento de si es correcto o incorrecto para los fines políticos.

La lección -si así queda determinada- aplica para la concreción de planes revolucionarios o para la operación de políticas de preservación de una estructura liberal, conservadora o de transición. Lo primero es definir claramente el proyecto de municipio, estado o nación que se requiere. B.H.G. Ω.

Notas a pie de página:

(1) El manifiesto fue firmado por la Convención Revolucionaria Francesa, decretándose una sentencia de “destrucción” para la ciudad de Lyon: ruina material de edificios, casas y lugares públicos; desarme de las fuerzas del orden y ciudadanía atrincherada; confiscación de las riquezas de los ricos y muerte masiva de contrarrevolucionarios.

(2) De acuerdo a Nicolás Maquiavelo, cuando un Príncipe haga uso de la violencia, ésta debe realizarse en forma contundente, en una sola manifestación, a fin de que no se le catalogue como político perverso, que disfruta la desgracia ajena. La violencia debe ser ejecutada en forma eficaz y ser ejemplo en una sola exposición.

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