ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

Este es un espacio para conceptualizar, analizar, efectuar crítica y proponer estudios sobre política aplicada, marketing, comunicación, educación, métodos aplicados, alta dirección y proyectos sustentables. Contacto:baltasarhernandezgomez1@hotmail.com, baltasarhg@gmail.com

viernes, 30 de enero de 2009

DEMOCRACIA EN LA GLOBALIZACIÓN


DEMOCRACIA EN LA GLOBALIZACIÓN
Por Baltasar Hernández Gómez


GLOBALIZACIÓN Y EL PROCESO DE DOMINACIÓN SOCIOPOLÍTICA

La globalización es la fase más acabada del modo de producción capitalista y ha venido a revolucionar no solamente las concepciones y aplicaciones de los procesos técnicos-materiales, sino que trasciende a la médula de todas y cada una de las relaciones humanas.

Para que la globalización haya tenido aceptación fue necesario que el Estado (quien representa los intereses de la clase dominante) impusiera una ideología y sistema de vida: el neoliberalismo. Ésta cumple el rol de supraestructura formativa (en los ámbitos de la educación, valores cívicos, núcleos familiares, medios de comunicación, representación de la cultura, etc.), que termina asentándose en lo que podemos definir como “aceptación y prolongación” del estilo de vida hegemónico..

El neoliberalismo se incrustó en lo macro y micro de los ambientes de producción y reproducción social, imponiendo como “todo válido y todo terreno”, en el centro de creencias y vivencias del hombre, la supremacía mercantil y la disminución en grado superlativo del Estado y su aparato gubernamental. Es así que se tejieron los entramados para hacer prevalecer la cultura hedonista (el placer es el fin último de la vida) bajo la figura del consumismo y la no racionalidad.

Al unísono se propulsó masiva y exponencialmente la cosificación del hombre, es decir, el hombre no es ni va a ser formado como un sujeto pensante, crítico y transformador de su realidad, sino como depositario de los artículos materiales e intangibles que produzca la clase dominante capitalista (ideas, conocimientos teóricos y aplicados, fe, tecnología, etc.).

Aparejado a esto las grandes mayorías desposeídas (trabajadores públicos y de la iniciativa privada, obreros, profesionistas, pequeños y medianos empresarios, campesinos con y sin tierra) de los medios de producción, que sólo dependen de su trabajo para generar subsistencias familiares, fueron alejadas del bienestar y seguridad social.

En la globalización la clase dominante hegemónica es la que se encuentra en la esfera financiera, que con su ideología, monopolios y tecnología disgregada hacia todas las clases sociales se colocó como comandante supremo de los procesos políticos y sociales. Los resultados pueden sintetizarse en la absorción de la cotidianeidad y el nivel político en un único “concebir, sentir y valorar” materialista y deshumanizada. La ganancia como producto de la explotación del trabajo (remuneraciones tan ínfimas que no se comparan a la plusvalía obtenida por los dueños de los medios de producción) es la meta. Esta concepción de capital se ha erigido en el nuevo Yo del mundo.

Así entonces la estructura social, política, económica y cultural se organizó teniendo como centro los intereses capitalistas y nada más, pero tampoco nada menos. Esto determinó que las tendencias de dominación social y política fueran puestas en marcha para proteger, mantener y acrecentar la ganancia. En el campo de lo político, el Estado tuvo que rediseñar sus aparatos coercitivos, ideológicos y normativos para garantizar -a toda prueba- el funcionamiento y continuidad de la globalización.

En el campo económico el Estado se empleó a fondo para: liberalizar la economía de trabas jurídicas (en rubros tales como importaciones, exportaciones, cargas fiscales, leyes laborales) y alentar la especulación financiera, para que la acumulación del capital sea después de todo la matriz de las políticas públicas. En los países subdesarrollados dichas exigencias globalizantes se traducen en verdaderos planes de Estado que abandonan la responsabilidad social y el desarrollo distributivo, para dar la máxima oportunidad a la inequitativa concentración del ingreso como motor de la acumulación privada.

NEOLIBERALISMO Y DEMOCRACIA

El proceso de dominación globalizador ha readecuado el marco del mensaje y funcionamiento de la política, lo cual catapulta una metaconceptualización de la democracia, justamente con la adjetivización neoliberal. Esto significa una reinterpretación y aceptación de una nueva forma de contrato ciudadano mundial y sus versiones regionales.

La democracia posmoderna tiene objetivos muy claros que cumplir:
1.- Legitimación de las nuevas formas de propiedad y acumulación del capital.
2.- Revalorización de los pensamientos y acciones ciudadanas, imponiendo la lógica y ética mercantilista como los “mandamientos bajados del Sinaí” que deben cumplirse a cualquier costo.
3.- Legislación para asegurar la inversión del capital especulativo.
4.- Conversión de cualquier actividad humana en área de inversión redituable (salud, servicios públicos, seguridad, vivienda, comunicaciones, arte, creencias religiosas, etc.).

La competitividad se ha vuelto decreto supremo para vivir: la ley del más fuerte, que entrena al hombre a ser y estar sin contemplaciones ni miramientos, recreada desde el hogar, escuela, trabajo hasta las relaciones humanas diversas. Este hecho combinado con la utilización tecnológica ha recubierto el concepto y la aplicabilidad de la democracia, volviéndola un instrumento procedimental, en tanto se educa a los ciudadanos a cumplir con la obligación de votar y el supuesto derecho a elegir representantes.

La globalización situó a la democracia en un vector de quiebre: no va a ser más el ideal humano donde los más gobiernan a los menos; ni la justicia, la igualdad y fraternidad el horizonte para convivir en equilibrio armónico. La democracia neoliberal ha sido instaurada por los centros de culturización dominante (instituciones del Estado, medios de comunicación y transnacionales) como un modo de vida a cumplir al ciento por ciento, para exorcizar los fantasmas del autoritarismo en cualquiera de sus formas conocidas, tales como monarquías, juntas militares, movimientos revolucionarios, gobiernos populistas de izquierda, etc.

La democracia es reivindicada como el único sistema de vida posible y realizable, no obstante la palpable miseria, hambre, ignorancia y enfermedad, que prevalecen en el orbe. La escala de valores políticos se desplaza sobre rieles de distorsión, obstaculizando por no decir eliminando, la consciencia sociopolítica de la humanidad. Así llegamos al punto en que se descalifica el pensamiento y la actuación crítica y alternativa, pues solamente hay permiso para la homogeneización, conforme a las directrices impuestas, que son trabajar, consumir y reproducir el estado de cosas.

La relación simbiótica entre los intereses capitalistas y el mensaje político articulado en praxis social de dominación amplificada ha desembocado en el imperio del individualismo cuasi caníbal y la no solidaridad. Hoy observamos una sociedad más caótica donde predomina la ganancia del capitalismo, el arrase del bienestar social y la privatización de programas sociales; lo cual bloquea cualquier tipo de intento de nexos comunitarios. El paradigma de la democracia como fin supremo se hace posible por la asepsia de los valores e interpretaciones inyectados en los ciudadanos para actuar con sus semejantes y frente al Estado, sus gobiernos y el gran capitalismo.

La presumible validez del éxito democrático neoliberal se funda en las siguientes creencias: 1) Tener un gobierno que devuelva -aunque sea en su mínima expresión- algún tipo de bienestar material con el menor esfuerzo posible, es decir, con la cesión de la soberanía los días de votación en cada periodo requerido por las instituciones del Estado; 2) El deber de trabajar y mantenerse invalida cualquier acción libre para alcanzar consciencia social y política, teniendo imposibilidad para elevar las condiciones materiales y humanas de vida; 3) Eliminar referentes ideológicos, críticos y propositivos en otro sentido al impuesto por el gran capital, pues no es factible el desorden del status quo; 4) Preferir el individualismo y prosperidad de clan por encima de cualquier acto que ayude de manera permanente a la comunidad.

LAS CONTRADICCIONES

La democracia neoliberal disecciona a u mínima expresión el concepto público del bienestar para las mayorías, traducidas éstas como “pueblo”, que se ve excluida porque el capital no lo tiene como variable para conseguir sus fines. De tal suerte que el modelo de democracia posmoderna erradica los principios éticos entre el saber, ser y hacer, pues lo trascendental es cumplir con los estándares competitivos para generar riqueza personal para el consumo y la reproducción.

El neoliberalismo ha tratado de borrar de la faz de la tierra la verdad de que los hombres son quienes hacen su historia y al mismo tiempo son productos de ella. Al quitar este referente se quiere desaparecer la tesis de que los sujetos sociales existen independientemente de una voluntad incorpórea, pues esto trae consigo la posibilidad de saberse hacedores de sus propias conductas y actos para transformar la realidad.

El quehacer social libre de los axiomas neoliberales de competitividad, productividad e individualismo provoca la articulación de prácticas analíticas, críticas, solidarias y comunitarias para hacer florecer relaciones humanistas, que logran tejer empatías y mejores niveles de vida. Por lo mismo, la labor constante de la globalización tiene como prioridad la circunscripción de la sociedad a la inmediatez de la lógica capitalista (se trastoca el pensamiento “pienso, luego existo” para asignar uno que es: “compro, compro y compro -si es que acaso puedo- y luego existo).

La democracia neoliberal reduce la voluntad y la participación social de los sujetos a un ejercicio puramente procedimental de legitimación del control global. Por ello la relación entre democracia y neoliberalismo es inconsistente y opuesta, toda vez que el paradigma democrático adherido al proceso de acumulación capitalista moderno sólo trata de ser un instrumento para legalizar el poder y control social.

El Estado y sus instituciones gubernamentales imponen la obligatoriedad democratizante de las elecciones como principio y fin último de la acción política ciudadana. Esto es lo mismo a escuchar subliminalmente: “Escucha, acepta, ve a votar y refúgiate después en tu coto social. Vuelve a despertar y repetir el procedimiento en el momento que se te indique”

La democracia neoliberal ha servido para poner y renovar las representaciones públicas en los poderes del Estado, a fin de que sean los portavoces operativos de los intereses de la clase dominante, pero nunca para generar una participación proactiva, que mejore el entorno humano. A lo sumo la democracia neoliberal hila ideas de protección individual o sectorizada contra los abusos del Estado o del sistema capitalista, en un punto específico, como una especie de departamento de quejas, que resuelve asuntos particulares, pero deja hacer y deja pasar la generalidad de las cosas.

Este tipo de democracia privilegia la defensa integral de la propiedad privada, la acumulación económica de unos cuantos y la homogeneidad de los valores para permanecer en el círculo del trabajo y la reproducción social occidentalizada.

La democracia neoliberal intenta legitimar la discriminación de las amplias mayorías sociales y el papel regulador del Estado y sus instituciones frente a las pretensiones del gran capital. La clase dominante mientras tanto ha desplegado una campaña exitosa para hacer creer a pie puntillas que cualquier forma de intervención Estatal para planificar la economía y las políticas públicas es negativa para el desarrollo y sobre todo para la libertad.

Desde los últimos 20 años del siglo XX hasta la fecha, la democracia neoliberal quiere ser sobrepuesta como la libertad misma, como horizonte abstracto del bienestar. La globalización se ha empeñado en inocular en la mente de los sujetos sociales que la democracia procedimental es el único sistema político puro y positivo. Esta concepción estilo “Mundo feliz” o “Gattaca” prohíbe la creación de conciencia, cambio y transformación de lo que no funciona, orillando a los hombres a pensar que el sistema se autocura de “disfuncionalidades”.

LAS RAZONES DEL MERCADO

El mercado se ha convertido en un escenario impersonal, abstracto y limpio de contaminantes ideológicos, políticos y humanos, por medio de mensajes bien dirigidos que ocultan el peso del poder político aglutinado en la cúpula del Estado y los capitalistas. La tan cacareada asepsia democrática, que remite toda la participación social a la circunscripción de los subsistemas electorales esconde la realidad de la globalización, que: monopolización de la economía, concentración de la riqueza en un grupo selecto de la clase dominante y miseria galopante.

Nos enfrentamos a una privatización del ámbito político, que es expuesta como una forma moderna del concepto de democracia clásica, elevando a rango casi divino la privatización de la política y la reducción de la responsabilidad social por parte del Estado. Para lograr esto se cuenta con la desmovilización pensamental y de acción de los sujetos sociales. Como estipula Jürgen Habermas: la estrategia se monta en la pérdida de autodeterminación política y libertad civil.

La conformación de las relaciones productivas y de organización social del capitalismo global conduce a la omnipresencia de las leyes del mercado, lo cual reduce al hombre a un nivel privado, inmediato y de vivencia -sí sólo sí resulta rentable- para sus proyectos. La democracia neoliberal se presenta como abolición de la espera pública, sobreponiendo la construcción procedimental de una sociedad organizada eficiente y eficazmente sin espacio para la lucha de clases ni mucho menos.

En la globalización el Estado ha pasado a ser un mediador del poder de la clase hegemónica y sus monopolios frente a las masas, teniendo el control de los procesos económicos, políticos, tecnológicos, culturales y de comunicación. Durante las décadas del 80 y 90 del siglo XX se acuñó la conceptualización “limpia y sin divisiones de derecha o izquierda” de la democracia neoliberal, presentándose desde entonces un acelerado proceso de erosión del bienestar social y una explosión de pobreza a niveles alarmantes.

La crisis de la democracia como tal, proviene de reducir un modo de vida y una forma de régimen sociopolítico a un procedimiento de suplantación participativa, fundado en la designación de los representantes políticos en periodos concretos. Aunado a ello, la política pasó a ser un mecanismo de acceso al poder centralizado de las decisiones, fomentándose la exclusión de la sociedad de la praxis política y el debate resolutivo. Hubo un incubamiento de pasividad a través del reforzamiento de figuras como el caudillo (líder de partido, candidato carismático en elecciones, presidencialismo) y el clientelismo.

A MANERA DE CONCLUSIÓN

Parecerá un imposible o una aberración para muchos que desconocen el término, pero es claro que debemos recuperar nuestro perfil humano y la ruta social transformadora de nuestro entorno de vida a través de la recomposición de la utopía democrática (desterrando lo neoliberal o cualquier otro tipo de adjetivización). Esto es posible si incentivamos una práctica social que haga predominar el pensamiento analítico, crítico y libre de cosificación y de la explotación justificada como parte intrínseca y natural al sistema capitalista.

Debemos entender la democracia como una vía adecuada para hacer imperar una política humanista, igualitaria y justa. Si partimos de aquí estaremos incentivando la participación ciudadana en el espacio público, a través de prácticas sociales conscientes, que vayan dirigidas a la defensa radical de todo aquello que permita el florecimiento de la vida humana. B.H.G.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Norberto Bobbio. El futuro de la democracia, F.C.E., México, 1994.
Rafael del Águila. “La democracia” en Manuela de Ciencia Política, Editorial Trotta, Madrid, 1997, pp 139-157.
José M. González García. “Límites y aporías de la democracia representativa en Norberto Bobbio”, Revista Antrhopos, 1992, Universidad Autónoma Metropolitana, México.
Carlos Marx y Federico Engels. La sagrada familia, Editorial Grijalbo, México, 1986.
Carlos Marx. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (grundisse), 3 vols., Editorial Siglo XX, 1990, México.
José Tezanos editor. La democracia posliberal, Editorial Sistema, 1996, Madrid, España.
José Valenzuela FEIJÓ. “El mundo de hoy. Mercado, razón y utopía”, Anthropos, Universidad Autónoma Metropolitana, 1999, México.

Etiquetas: , , , , , , , , ,

miércoles, 28 de enero de 2009

IDEOLOGÍA: ESQUELETO DEL PENSAR Y ACTUAR SOCIAL


IDEOLOGÍA DOMINANTE, IDEOLOGÍA DEL CAMBIO
Por Baltasar Hernández Gómez


No podemos hablar de IDEOLOGÍA como concepción única para expresar la estructuración de un sistema intrincado de signos, que son formulados en codificaciones y decodificaciones de la realidad. Hay que referirnos a IDEOLOGÍAS para tratar de comprender los diseños, promoción y aplicación de modos para representar u observar la cosmovisión de los sujetos sociales.

Es hasta el siglo XVIII cuando la IDEOLOGÍA cobra importancia como categoría en las ciencias sociales y es con Carlos Marx cuando se da un sentido más concreto al aseverar que ésta es un sistema de ideas y representaciones que se presenta en la interioridad del hombre y se refleja en la materialidad de sus pensamientos y actos.

Aquí es necesario aclarar que no se trata de observar a la IDEOLOGÍA en el terreno de falsas visualizaciones o consciencias, sino elevarla al plano de estructuras organizadas para percibir y concebir el mundo de la vida (Jürgen Habermas).

La contribución de Louis Althusser dio precisión a la ciencia política, ya que estableció que la ideología fue reacondicionada por los Estados Nacionales y reformulada en un modelo integral-institucional traducidas en los instrumentos ideológicos para inculcar en los sujetos sociales determinadas visiones y estilos de vida en un espacio y tiempo real. Los aparatos ideológicos del Estado son organismos especializados que diseñan, moldean y direccionan el pensar y actuar de los hombres.

Así tenemos a la familia, escuela, constituciones políticas, iglesias, medios de comunicación, centros de trabajo y fuentes culturales, que producen la manera de ser y estar en sociedad, integrándose sin “disfuncionalidades” a los procesos de producción social, político y económico y reproduciéndolos en todos y cada una de sus realizaciones pensamentales y materiales.

Las IDEOLOGÍAS tienen el papel de construir, mantener y acrecentar sujetos sociales concretos (interior y exteriormente) que existan para entender, aceptar y reproducir modos sociales y económicos sin que haya “rompimientos” que deriven en descomposición o duda de la validez de su ambiente.

Los Estados nacionales para preservar el establishment social no sólo ocupa eficientemente la fuerza jurídica o la violencia institucionalizada, sino se vale de la IDEOLOGÍA, pero no una que sea exclusiva de la clase social a la que pertenece, sino a una que es articulada en forma tal que, si bien está ligada a su entorno socioeconómico, puede rebasar su perímetro para comprender sus fundamentos y transformar lo que es falso o erróneo, que le causa pobreza (económica, espiritual, de valores, etc.).

Vista desde la perspectiva gramscista, la IDEOLOGÍA es el campo de batalla de dos o más sistemas de vida, es decir, la lucha entre concepciones que tratan de imponerse hasta el punto de la desaparición del otro. La IDEOLOGÍA incorpora continuamente elementos representativos y valores de la meta a la que tiene que llegar la clase dominante. Ésta se constituye en un sitio de dominación o mejor dicho en un espacio para obtener, desarrollar, mantener y aumentar el poder político.

De acuerdo a Göran Therborn existen varios tipos de dominación ideológica en las sociedades occidentales, éstas son:

ADAPTABILIDAD:

Es la conformación de los sujetos sociales a los parámetros de vida de la clase dominante. Esta serie de elementos ideológicos hacen que los dominadores sean obedecidos, toda vez que las clases subsumidas en el poder piensan, creen y actúan sabiendo que es lo único existente y por tanto no hay por qué rebelarse.

Esto produce una situación de sujeción, que adapta a los sujetos sociales sin posibilidad de cambio radical. Si acaso esto permite cierta oposición regulada, que es aceptada como parte de la remodelación de la estructura en el poder para evitar desbordamientos.

INEVITABILIDAD:

Es una especie de creación y recreación de marginalidad en sectores sociales, que por ignorancia evitan integrarse por completo al estado de cosas predominantes, pero sin llegar al punto de quiebra o alejamiento radical. La contracultura y otras expresiones contestatarias son al final de cuentas factores que se oponen a un régimen, pero que no significan problemas mayúsculas para mantener el proceso de dominación ni la estancia segura en los confines del poder.

REPRESENTATIVIDAD:

Se construyen ideas y estilos de vida que “reflejan” valores supremos a imitar y cuidar por parte de la clase dominada. En este aspecto se hace pasar a los dominantes como la clase a seguir porque representa lo bueno y el horizonte último a llegar. En este sentido son concebidos como depositarios de cualidades superiores que sólo ellos pueden poseer. La riqueza, lujo, poses, títulos académicos, ascendencia y “glamour” de ciertas actividades atípicas se dan como referentes para clonar.

TEMOR:

Se trata de provocar miedo al máximo para elegir un sistema de vida. De tal forma que la única vía para elegir es la obediencia para vivir, que la desobediencia para morir. El temor es efecto no solamente de la violencia institucionalizada de los aparatos represivos del Estado (retomo a Althusser), sino de la que reproduce la ideología para aceptar las cosas tal y como son sin ninguna capacidad de revuelta.

RESIGNACIÓN:

La ideología designa formas concretas de obediencia, las cuales conciben la imposibilidad práctica a corto o mediano plazo para alcanzar una alternativa mejor. La inmediatez neoliberal hace suponer que no es necesario esforzarse tanto para salir del círculo impuesto, ya que esto trae más perjuicios que beneficios.

Se inculca todos los segundos de todo el tiempo que es mejor permanecer en el consenso forzado al ambiente prevaleciente y legitimar los poderes instaurados, que perder la vida por revolucionar la predominancia del Estado y el capitalismo.

Llegamos al sitio del poder de la ideología, que emerge de los centros de decisión política y económica para direccionar la dominación social, siendo esto un proceso de aplicación, pero al mismo tiempo de ajuste y reajuste, a fin de adaptarse al medio.

Este “apretar tornillos a la estructura” es un acondicionamiento al tipo más eficiente de acumulación de capital y de poder político (la supremacía del orden económico con respecto a las otras esferas sociales). Luego entonces el poder de la ideología se convierte irremediablemente en la ideología del poder.

La historia contemporánea nos ha mostrado que la fuerza de los ajustes estructurales es enorme, pasando de cambios paulatinos en los primeros setenta años del siglo XX a modificaciones veloces en los últimos 30 años: globalización y neoliberalismo que produjo política mediática, sindicalismo cero lucha, leyes de mercado ajustables ad hoc para la clase dominante, proliferación de ideas y creencias de tipo naturista y esotéricas, valores éticos y morales remasterizados, etc.

En las décadas más recientes se ha impulsado la constante de que donde no hay mercado, no existe democracia. Si hay democracia luego entonces hay libertades y posibilidades de crecer. Simultáneamente la esfera de la política ha sido supeditada a la economía, siendo los intereses de los grupos dominantes la meta por alcanzar a como dé lugar.

La globalización impacta de lleno en el quehacer político, social y filosófico de todos los hombres, atribuyendo un pensamiento unilateral, que es válido y único para todos. La ideología del poder dominante se traduce en caracteres universales. En las democracias actuales los ciudadanos se sienten confinados a una doctrina omnipresente que prohíbe, paraliza y extermina todo tipo de opinión y acción divergente al status quo.

¿Hay escapatoria de esta dinámica destructiva para conseguir un hombre humanizado y digno de vivir con plenitud? A esto contestaré que afortunadamente hay procesos de salirse de la ruta ideológica impuesta y movilizarla. En este espacio juegan importante papel los intelectuales y escritores, pero sobre todo los hombres de acción práctica.

Para que haya las condiciones de cambio se tiene que ubicar el encuentro de parámetros pasados, para desterrar como válido y siempre presente el estado de cosas que la clase dominante pone en la cima de las realizaciones humanas. Esto ha sido empleado en experiencias pasadas para reactivar nuevas ideas, esto aplica tanto a revolucionarios, revisionistas o reaccionarios.

Sólo hay que enfocarnos en el estudio de las revoluciones de los siglos XIX y XX para comprobar la validez de los cambios ideológicos y sus subsecuentes regímenes políticos. Lamentablemente los logros han sido reacomodados por la clase dominante capitalista para sus fines, pero la efectividad es lo que tenemos que retomar.

Por otro lado, la movilización ideológica que trae cambios estructurales en el modo de vida material, puede transitar por un camino de “miedo anticipado”, o sea, anteponer la bondad de una sociedad más justa frente al sufrimiento presente. Es más o menos decir: de no cambiar estaremos condenados a ser autómatas y miserables. De cierta forma los grupos defensores de la ecología han tenido injerencias en políticas ambientales a nivel mundial, utilizando dicha estrategia. Otro caso que merece analizarse a fondo es Venezuela.

Cuando hablamos de movilización ideológica me refiero a la capacidad no sólo de readecuar, sino transformar, ya que la ideología de las sociedades nunca es estática, sino que varía constantemente sus prácticas de asignación, conforme a las condiciones de vida imperantes. El trastocamiento ideológico no es cambio en el discurso y sus referentes significativos, sino que trasciende al cambio mismo del discurso y sus connotaciones.

Esto lo observamos en las nuevas generaciones, ya que han sido sometidas a un nuevo tipo de valorizaciones en medio de una vertiginosa fuerza de transmutaciones económicas, políticas y tecnológicas, que no se parecen en nada a las pautas temporales de generaciones anteriores.

CONCLUSIÓN

Las expresiones ideológicas para la movilización de alternativas frente a los centros de decisión dominante no sólo afectan el carácter de los promotores y participantes del cambio, sino también a la clase dominante, que debe readecuar sus controles para mantener la hegemonía. No queda en una toma de posición más combativa y eficiente por parte de los grupos del cambio ideológico, sino que va más allá, incluso modificando sustancialmente el discurso y prácticas del poder.

Las ideologías no tan sólo consolidan el control del poder social y político, también pueden ser motor de su desviación y destrucción.B.H.G.

BIBLIOGRAFÍA

Mouffe, C. “Hegemonía, política e ideología”, en Labastida 8 comp. Hegemonía y alternativas políticas en América Latina, Editorial Siglo XXI, 1986, México.

Rossi-Landi, F. Ideología, Editorial Labor, 1980, Barcelona, España.

Thernborn, Göran. Ideología del poder y el poder de la ideología, Editorial Siglo. XXI, 1987, Madrid, España.

Follari, R. La justificación ideológica del ajuste, Edición en Tauroslibro.com, 2008. Internet.

Ramonet, I, “El pensamiento único”, Revista Gallopinto Nº 29, mayo 1996, wwww.pensardiferente.com. Internet.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , ,