ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

Este es un espacio para conceptualizar, analizar, efectuar crítica y proponer estudios sobre política aplicada, marketing, comunicación, educación, métodos aplicados, alta dirección y proyectos sustentables. Contacto:baltasarhernandezgomez1@hotmail.com, baltasarhg@gmail.com

miércoles, 13 de junio de 2012

INVADIDOS POR LA POLITIQUERÍA Por Baltasar Hernández Gómez. “Cuando ya no exista legitimidad, legalidad ni noción de equilibrio. Cuando ya no haya justicia ni aspiraciones para el desarrollo. Cuando no haya una naturaleza que explotar para vivir y reproducirnos. Hasta ese día comprenderemos el enorme mal producido por el engaño de los poderosos”. B.H.G Escena 1. Abrir la puerta de la casa significaba ver el portón de las casas colindantes o los árboles y arbustos de la calle, pero los regímenes políticos del último cuarto del siglo XX cambiaron el panorama vecinal en una jungla de propaganda impresa. Caras desconocidas recubiertas de trazos amorfos y colores que replican el espectro partidocrático se han apoderado de la polis posmoderna, tratando de apoderarse de la psique societal. En una sociedad cada vez menos reflexiva y crítica -producto del videns propiciado por la estructura educativa/cultural y medios de comunicación- los flashes visuales son erigidos como componentes cardinales para que los sujetos en masa definan preferencias y posturas frente a las opciones políticas colocadas en escaparate. El engaño mayor estriba en que dichas iniciativas transformadas en candidaturas no parten de la base, sino que son previamente filtradas por las élites partidistas, para responder a los intereses de la clase dominante. El objetivo es colocar a los políticos en los puestos de elección popular que quedan vacantes cada tres y seis años. Desde las primeras horas de la mañana niños, jóvenes, maduros y personas de la tercera edad desayunan altas dosis de mercadotecnia política, llevándose en la mente la impresión de vivir en “el país del nunca jamás”, que finalmente se transforma en sentimiento de burla. Burla porque los candidatos que prestan, rentan o venden su integridad, disimulada en rostros y frases prefabricadas, son personas desconocidas y ajenas. Burla porque es absurdo e infame que se desperdicien millones de pesos en material propagandístico que, pasada la efervescencia electoral, será vertido en tiraderos a cielo abierto. Burla porque en tiempos de crisis económica los recursos de todos no son utilizados para promover desarrollo productivo, servicios públicos o programas culturales y educativos. Burla porque ante la incertidumbre y desconfianza hacia las instituciones públicas, partidos y aspirantes, persisten las estrategias de engaño por medio de la distribución de slogans, promesas vacías, gorras, camisetas, matracas, refrigerios y despensas a la ciudadanía que está ávida de soluciones reales a sus múltiples problemas. Con tanta propaganda hasta el hambre se quita por las mañanas al salir de casa y en la tarde al regreso a la comida. Ya en la noche ante tanto bombardeo lo único que se quiere es cenar y estar con la familia, aunque esto suena fantasioso, porque la verdad es que ahora cada integrante se dedica a lo suyo (unos en la internet, otros en la televisión y otros más simplemente adormilados). Mientras el enojo amaina por el hartazgo propagandístico, afuera, en forma silenciosa, pero no por ello infructuosa, permanecen los postes, bardas, árboles, automóviles, ventanas, cables de electricidad y de telefonía tapizados de materiales visuales hechos en cartón, papel o vinil. Escena 2. Sentados en autos particulares, o bien, en unidades del transporte público, amas de casa, niños, jóvenes y adultos de todas las edades, son espectadores del caleidoscopio publicitario que hostiga con anuncios, grandes, medianos y pequeños, a través de los cuales partidos y candidatos se presentan como los productos a consumir. Durante tres meses (en el caso de elecciones federales) y mes y medio (en lo que concierne a procesos locales) los ciudadanos padecen el vía crucis del siglo XXI al ser incluidos en un entorno existencial invadido por espectaculares, pendones, pintas en casas, carteles, calcomanías, flyers y dípticos tirados en las calles. Caras de remasterizadas, gestos de siempre, caras de nuevo cuño, lemas repetidos, promesas sin sustento, guiños fingidos o “fotochopeados” y la mentira reflejada en el compromiso para trabajar por siempre y para siempre por la ciudad, estado y país, son el pan nuestro de cada día. Los adultos acostumbrados decidimos si volteamos o no a leer la propaganda, pero ¿Qué culpa tiene la niñez y juventud de heredar modelos caducos y engañosos para hacer política? La respuesta es simple: las nuevas generaciones no tienen por qué estar saturadas por preceptos equivocados que quieren hacerse pasar como principios universales del quehacer político. La actividad sine qua non de la política, que debe estar centrada en el bienestar común es suplantada por el juego procedimental donde lo más importante es la conservación de los controles socioeconómicos, es decir, el poder, a través del posicionamiento y reposicionamiento de los partidos y sus hombres en los tres poderes de la Unión (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), a costa de la libertad y la sanidad social. Y si los ojos son taladrados por la propaganda impresa (estática y móvil), los oídos no se quedan atrás, toda vez que al sintonizar estaciones radiofónicas, penetran spots y entrevistas que buscan la atención a fuerza de repetición tras repetición. Melodías exitosas son convertidas en jingles de campaña que, por la sistematización en su transmisión, se vuelven pegajosas, pero aún más, peligrosamente contagiosas y hasta de uso común. Cargados de colores, ofertas, voces y música, los niños y jóvenes llegan a sus escuelas como autómatas. Los demás enajenados, llegamos a los centros laborales o de convivencia social, creyendo ser políticos por comentar lo que hizo o dijo un candidato, cuando en la realidad la crisis material y espiritual se profundiza y nos hace más esclavos de las posesiones mundanas que sentimos nos pertenecen momentáneamente, pero que en realidad son mercancías que nos poseen. Lo más insultante es que mientras la partidocracia se mofa porque la gran mayoría de ciudadanos hasta se confronta con los otros por escoger de la vitrina a los productos previamente seleccionados por las cúpulas, la política es subsumida en el autoritarismo que ha convertido a millones de mexicanos en simples depositarios de sufragios un domingo cada tres o seis años. La cultura política autorizada establece que somos buenos hombres y mujeres sí sólo sí votamos y punto. Sin embargo, la creencia a ciegas de lo ya establecido se está desmoronando, poco a poco, pero con solidez. En la actualidad las líneas horizontales de hacer política no transitan por los formatos arcaicos del siglo XX, sino ahora las rutas son más sentidas, porque van desde el hogar, vecindario y colonia hasta la ciudad, estado, país, y por qué no, el mundo entero. Cada vez más se arraiga la concepción de que el género humano es político por naturaleza y que en esto radica la solución verdadera a los problemas que aquejan a sus sociedades. Asimilación y luego trabajo permanente de manera horizontal es lo que proveerá de nuevos canales democráticos para edificar una vida mejor.……………………B.H.G.

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martes, 5 de junio de 2012

EL SISTEMA POLÍTICO MEXICANO SE RESQUEBRAJA EN 2012.

¿2012 SERÁ EL AÑO EN QUE SE QUIEBRE EL SISTEMA POLÍTICO MEXICANO? La movilización de los jóvenes universitarios. Por Baltasar Hernández Gómez. (Segunda quincena de mayo 2012) En la historia contemporánea de México los aparatos de dominación del Estado, sustentados en el uso de la fuerza y la reafirmación ideológica, fueron utilizados primordialmente para erradicar las reyertas político-militares del siglo XIX y principios del XX, ofreciendo la ocasión para constituir una sociedad subsumida a los designios de la nueva clase política. Así se conformó un escenario de estabilización para las élites, mismo que sirvió para el establecimiento de instituciones que otorgaron permanencia a las autoridades emanadas de la revolución política de 1910-1917. El proceso de pacificación -apuntan sociólogos, politólogos e historiadores- no estuvo exenta de altibajos, pues muchos reacomodos se siguieron dando a través de escaramuzas armamentistas; luchas intestinas en el partido que ahora lleva las siglas PRI; políticas públicas corregidas, inhibidas o aumentadas bajo el modelo acierto-error; sucesiones concertadas entre el Poder Ejecutivo y la clase dominante, así como reformas jurídicas para impedir quiebres del sistema político. Las matrices de análisis consideradas como paradigmas para ver, pensar, repensar y vivir México han sido validadas por los centros del poder y reproducidas para otorgar grados de defensa, mantenimiento y crecimiento a la hegemonía. Dichos modelos preservan la idea que el Estado es inalterable, que la democracia es perfectible y que las instituciones perduran más allá de la terrible corrupción de los hombres que en ellas intervienen. De esta manera el todo se apreciaba por medio de la voluntad del presidente de la República, o bien, de ciertas facciones de la milicia u organismos corporativos (públicos o privados). Desde 1946 la denominada “institucionalización mexicana” (categoría acuñada por el investigador Luis Javier Garrido) engendró el pragmatismo político reformar/incluir, proveniente del vértice de la pirámide política. Profesores, estudiantes, profesionistas, técnicos, trabajadores manuales e intelectuales, comerciantes y sectores más vulnerables sólo representaban el núcleo numérico para demostrar legitimidad, pero nada más, pues las decisiones partían unidireccionalmente del eje sistémico, que tuvo como meta la conservación a toda costa del statu quo. La persistencia de entidades rígidas en los tres niveles gubernamentales (federal, estatal y municipal), congreso nacional y en la cámara de diputados de los estados fue diseñada y operada por liderazgos corporativizados, o sea, por encima de las “fuerzas populares”, tuvo como baluarte la fuerza del Estado y se tradujo en movilización policiaca, organismos militares y paramilitares, cuerpos de inteligencia, medios de comunicación cobijados por la discrecionalidad en los tratos de concesión-publicidad, leyes y decretos, planes de estudio y una visión cultural oficialista. Esto tuvo como finalidad la intención de moldear a la sociedad en masa multiforme que debía estar doblegada por el imperio del autoritarismo. El poder en México transitó por los rieles de políticas públicas y disposiciones unipersonales que hicieron del entorno mexicano un plano vertical. Las extremidades de los mandatarios (manos, dedos, piernas, pies, lengua y pene) eran ley cuasi divina, para que la inteligentzia, burócratas, políticos y ciudadanos de a pie se movilizaran o paralizaran dependiendo de sus querencias. Luego entonces la psique social, inoculada de antidemocracia, anidó el dogma que los cambios eran simple y llanamente graciosas concesiones del hombre que llevaba en el pecho la banda presidencial, ya que él y sólo él podía ser gestor, juez y parte, expropiador, mentor y dador de vida. Nuestros abuelos y padres crecieron con la idea –casi admitida como verdad absoluta- que el sistema político era indestructible e inalterable por los siglos de los siglos, porque así era el destino de la patria. La suposición estaba apuntalada por la cultura de Estado que propagó que la raza de bronce tenía como alfa y omega las pasiones e intereses del Tlatoani sexenal. Sin embargo, empezaron a brotar manifestaciones fuera del arbitraje político, mediante el empuje de médicos, maestros, ferrocarrileros, obreros no afiliados a la CTM, campesinos y estudiantes, las cuales sacaron de balance el credo de “aquí todo pasa, para que no pase nada”. En la perspectiva de la élite los sectores insurgentes eran disfuncionalidades que debían resolverse con cierto toque de apertura, inclusión y cooptación, pero hasta ahí, porque se asumía que la crítica y los “levantamientos” eran estimulados por intereses extraños, que se gestaban en la anarquía desestabilizadora que pretendía la desaparición de poderes, golpes de Estado o la dimisión del presidente. Pan, circo, garrote, reconocimiento, cárcel, prebendas, represión, exilio o cinco minutos de fama fueron los componentes del arquetipo premio y castigo para desactivar los supuestos peligros para el sistema político. En el segundo tercio del siglo XX las protestas fueron tomadas como ejercicios del laboratorio comunista mundial, que ansiaban poner en el suelo los fantásticos logros independentistas, liberales y revolucionarios de México. Claro está, siguiendo al pie de la letra los cánones de Estados Unidos de Norteamérica para ser vencedor de la Guerra Fría que libraba contra la ex-URSS. No obstante de los acomodos normativos, de la cooptación de estudiantes, profesionistas, guerrilleros arrepentidos, del permiso para la creación de partidos políticos, de la autorización para ampliar el congreso nacional por medio de representaciones proporcionales, de la apertura desmedida de dependencias administrativas para que los “revoltosos o críticos” tuvieran puestos de confianza y/o sindicalizados; después de 1955 la sociedad mexicana ya no fue la misma, pues amplios sectores comenzaron a percibir que no importaban cuántas reformas legales se alcanzaran, cuántos programas asistencialistas, becas, canonjías, despensas, descuentos en pago de servicios se otorgaran a las masas desposeídas, pero principalmente a la clase media; el cambio no vendría por las rutas trazadas por el poder político y económico. Los mecanismos tradicionales de asimilación, colaboración o desaparición de elementos contrarios al sistema político fueron suficientes hasta mediados de los años setenta, pero a la larga acumularon tensiones insalvables con la táctica paliativa de “dar más con menos” o “dar y esconder la mano, para luego apapachar”. A partir de 1975 hubo giros para el tratamiento de las manifestaciones sociales, a través de una represión selectiva, de inclusiones en la nómina gubernamental, fundaciones de escuelas, universidades, información privilegiada para hacer negocios, apertura de medios filopartidistas, créditos, dádivas, etc. Las redes gubernamentales, los modelos de desarrollo económico, el endeudamiento, la ilusoria riqueza petrolera, el señorío de lo medios de comunicación, entre otros elementos de control, sirvieron para la contención social. Sin embargo, desde la mitad de la década de los noventa y en lo que va del tercer milenio, cuando todo parecía tener ciertos niveles de estabilidad para las estructuras del poder, las contradicciones materiales de vida, las miserias, incongruencias y engaños empezaron a detonar nuevas formas de pensar y hacer política, sobre todo en la juventud y clases sociales que sienten en carne propia el verdadero peso de las carencias. La mentira democratizadora de la alternancia, puesta en terciopelo azul como transición truncada desinfló a las cúpulas. Bastaron los últimos doce años para que las clases sociales consolidaran su percepción de abandono. Más allá de las proyecciones hechas en Palacio Nacional, aparecieron tecnologías de la información (equipos y programas que crearon un ciberespacio conectivo entre el yo y los otros yo, que se vuelven incluyentes, porque conecta la localidad con la universalidad en cualquier parte de México y el mundo), que se han erigido en entes de emisión-recepción de modos de vida alternativos, pero también de desacatos a lo que fue catalogado como intocable. Esto produjo una “anticultura” de contestación y propuesta de visiones distintas para ser y estar. ********************************************* Si fueran verdaderas las profecías mayas que indican que el mundo se va a acabar a finales de diciembre del año en curso, la interpretación no sería de hecatombe, sino de transformación para rescatar y preservar el sentido humanista profundo, que ha sido vilipendiado por los preceptos capitalistas que imponen la explotación y la ganancia como razón existencial suprema. El Hombre convertido en el lobo del Hombre no va a ser más el prototipo que tienen que adoptar las nuevas generaciones, pues el mundo no soportará más el desprecio a la vida por parte de los grandes corporativos que sólo quieren ganar, ganar y continuar generando plusvalor sin importarles la salud mental y física del planeta tierra y de todos sus habitantes. Afortunadamente la consciencia humana está guardada en una zona neuronal difícil de exterminar, que empieza a emanar, poco a poco, para recordar(nos) que no hay más mundo que éste, que no hay escape si no se efectúan cambios profundos en la conducta de vida. Ni la luna, marte, asteroide o laboratorio espacial situado en la bóveda espacial visible pueden convertirse en el hogar que hemos estado perdiendo por la voracidad de la industria globalizada. Las utopías, que no sueños guajiros, están renaciendo para devolver al homo sapiens posmoderno la capacidad de pensar y actuar a favor de un mundo más armónico, que esté integrado con universos internos y externos que busquen la felicidad. Nadie hubiera imaginado que rodeados por catástrofes naturales, de campañas políticas que refrendan la insoportable levedad de la incoherencia, de medios de comunicación hechos para la enajenación y entretenimiento de la población, así como crisis social y económica revestida de violencia extrema; los jóvenes universitarios de instituciones privadas pudieran ser la llave de ignición para echar a andar un movimiento que hoy por hoy está rebasando, y por mucho, la exigencia de democracia. La clase política no previó que los ritmos electorales 2012 estuvieran regidos por el reloj colocado en el centro del debate por la juventud perteneciente a la clase media y media-alta, que hoy en día ha sumado voluntades generales. El 11 de mayo la Universidad Iberoamericana, etiquetada por el cómico Luis de Alba como una institución de “pirruris o juniors”, fue la coordenada cartesiana promotora del desenlace de un clamor avasallado por años de ocultamiento y represión. Años con medios de comunicación mudos y ciegos que tergiversan la realidad mexicana; de partidos ocupados en prolongar sus dietas económicas y puestos en los tres Poderes de la Unión; de valores y principios de resignación y acomodo a lo ya establecido; de planes económicos, financieros, culturales y educativos que fomentan el conformismo y estoicismo para subsistir en condiciones paupérrimas; fueron colocados en pecera de cristal sin maquillajes y lo que observaron los jóvenes no les gustó y mucho menos les pareció justo. Sin decirlo, se pusieron a desmentir la barbarie y luego actuar en consecuencia. La rebeldía juvenil irrumpió como respuesta ante la práctica partidocrática de negociar, transar o concertacesionar. La respuesta venida del olimpo político fue de ataque feroz contra las voces disidentes. Sin embargo, la cualidad priista de valorar costos y beneficios, concretada en menosprecio a la crítica, encendió la mecha de inconformidad universitaria que creció hasta volverse descontento colectivo. Queda claro que no se se trata del cierre de puertas al candidato presidencial Enrique Peña Nieto o boicot al duopolio Televisa-TVAzteca, sino de la asimilación que una cosa aparentemente sencilla lleva a otras de gran envergadura. El tratamiento político del PRI y la información televisiva no se quedaron en el espacio electoral o mediático, sino que trascendió al ámbito político, social, cultural, pero sobre todo y al modo de concebir nuevos proyectos de nación. Los léxicos e imágenes del marketing político impactaron tanto a las generaciones que no crecieron bajo el influjo de la televisión abierta o en ejercicios autoritarios del pasado, que muchísimos ojos y oídos se desbloquearon para pensar que en lo pequeño se esconde lo magnífico. Los jóvenes (cientos, miles o millones, de acuerdo al visor que los cuenta) se han empezado a percatar que el uso indiscriminado de la fuerza ideológica, represiva, económica y cultural conduce al oscurantismo y al atraso. Por lo mismo han dicho, palabras más, palabras menos: no más de esto. Lo que flotaba en el aire desde muchos decenios atrás, pero que no podía cristalizarse por miedo, desconocimiento o intereses deformados, surgió como tsunami que ahora inunda los espacios de la internet, pero también las calles, escuelas, casas, centros de trabajo y reuniones de convivencia social. La antidemocracia prevaleciente en el sistema político mexicano no cayó en el terreno del olvido como si se tratara de esconder el polvo bajo la alfombra, pues la crisis endémica producida por trece sexenios revolucionarios luego convertidos en neoliberales, de color verde, blanco, rojo y azul no sólo crearon pobreza por doquier, sino muertos, enajenados, ignorantes, insensibles y zombis preocupados por la supervivencia. En el programa matutino Detrás de la Noticia, que se transmite en Radio Fórmula, el comunicador Ricardo Rocha leyó la editorial titulada “No nos dejarán dormir, si no los dejamos soñar” que es un claro ejemplo del pensamiento oficialista de quienes tienen la tarea de defender lo indefendible, pues con la excusa del ejercicio de la libertad de expresión tratan de estipular que a los jóvenes y otros tipos de disidencias deben dárseles oportunidades de pronunciar desacuerdos, marchar y hasta patalear, pero hasta ahí. Ésta y otras voces comunicacionales aspiran marcar la pauta de que es mejor oír y aceptar los sueños de inconformes, para luego volver a dormir bajo el amparo de la pax romana. La opción más efectiva ante las inconformidades debiera asumir el compromiso para la abolición de infamias, opresiones, miserias y corrupciones, a fin de que surgiera un México armónico, justo, digno y a la altura de sus habitantes. Por el momento dicha iniciativa no está contemplada por el Estado mexicano porque el pago de facturas sociales sería interminable. Para los detentadores del poder lo más fácil es fustigar con diatribas a los universitarios que se oponen al candidato que mejor acomoda la alternancia PAN/PRI, a efecto de obviar la dificultad de diseñar y operar acciones contundentes, para que exista un verdadero proceso de transición y cambios sustanciales en las entrañas del sistema político. Apuestan a que la curva de atención hacia el movimiento #Yosoy132, que ha traspasado las vallas de la UIA, IPN, UAM, UNAM, se desmorone en dos o tres semanas (como sucede con la mayoría de las noticias “impactantes”) y luego regresar a la propagación de espectacularidades banales. Sin embargo, veo permanencia de mediano y largo plazo para el embrionario proyecto de negación a lo impuesto y acción propositiva por parte de la juventud, pues haber declarado la guerra a la manipulación mediática, negarse a aceptar imposiciones políticas disfrazadas por la partidocracia y empezar a diseccionar los tumores del “mexican way of life” no es pecata minuta. El movimiento parece que contiene los símbolos necesarios para dar nacimiento a corrientes amplias de pensamiento y acción, que no pueden minimizarse con los comentarios de intelectuales, líderes de opinión, funcionarios, encuestólogos, políticos y gobernantes orgánicos. Las actuales relaciones personales o grupales no son las mismas que se instauraron como canales clásicos de convivencia cercana, como por ejemplo, la unidad familiar, los contactos con amigos, compañeros de trabajo. La iglesia, lugares de recreación, centros de afluencia pública ya no son los únicos lugares para la interacción societal, en virtud de que la tecnología abrió espacio-tiempo a través de la telefonía móvil, televisión cableada o satelital y computadoras portátiles, que se han vuelto portales de conexión a distancia, atrayendo acercamientos inmediatos y coincidencias entre una, tres, cien, mil o un millón de personas. Las consecuencias no son fáciles de pronosticar, pero en el corto plazo, las formas de comunicación en redes sociales, correos electrónicos, mensajes celulares y chats abrirán los pétalos cerrados que aprisionaron a las generaciones ahora maduras y añejas. ******************************** Después del 11 de mayo las clases hegemónicas (política-gobernante, empresarial, militar y eclesiástica) quedaron pasmadas, lo cual no significa paralizadas o socavadas, pero esta vez sí quedaron al descubierto las llagas que se creyeron cerradas por la penicilina de la desmemoria histórica, el impacto de los mass media y el circuito perpetuo de reformas legales que dan aliento y permanencia a los poderes de la República cada seis años. Los mitos geniales comenzaron a caer como fichas de dominó: la idea de que el candidato priista iba 30 puntos porcentuales arriba de su más cercano adversario fue derrumbada; las predicciones y simulaciones de televisoras, radio y prensa no convencen a la colectividad; el marketing golpeado con la vacuidad de imágenes y lemas que no dicen nada acerca de la realidad nacional; las redes sociales se volvieron foros abiertos que contuvieron y desenmascararon los “bots, trolls o fantasmas” de supuestos seguidores en Twitter y Facebook para favorecer a partidos y candidatos. De nueva cuenta las calles, las escuelas y los hogares están recuperando su función primaria para ser de nuevo sitios activos de reunión, una especie de ágora griega para discutir los asuntos de la Polis. A pesar de lo que aprecia el cerebro, a través de los cinco sentidos, así como de la constatación de lo que es real y lo ficticio, las voces institucionalizadas de los personajes más encumbrados de la partidocracia, gobierno, intelectualidad y medios de comunicación minimizan la nueva primavera mexicana de energía, protesta, propuesta y cambio, pues dicen, una y mil veces, que son idealismos propios de porros o inducidos por fuerzas extrañas (al más puro estilo del autoritarismo ejercido por los presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez en el periodo comprendido 1964-1976). Error tras error. ¡Ya pasará, ya pasará! repiten sin cesar, cuando es evidente que las condiciones materiales de existencia han moldeado concepciones diferentes de cómo, cuándo y por qué vivir. ¿Quién está detrás; quién desembolsa recursos; qué es lo que verdaderamente desean obtener los jóvenes? son algunos de las interrogantes que salen a la luz pública como dudas pre-construidas para interrumpir el impacto de la ola juvenil que está llevando en su cresta las expectativas sociales. ¿Por qué en el proceso electoral; por qué el movimiento nació en una universidad privada de corte jesuita; por qué se aparecen en todas partes cuestionando a los candidatos presidenciales, principalmente al del PRI; por qué ahora no solamente exigen soluciones en materia de comunicación, sino que pasaron a la crítica del sistema político y la estructura económica; por qué los universitarios y no campesinos, obreros o trabajadores de oficina? Por qués y más por qués que no tienen ninguna razón de ser. Los por qués tienen respuestas en la realidad sofocante, en la antidemocracia, en la burla, en la corrupción, en el nepotismo, en la ineficacia y en la irresponsabilidad del Estado, que ha fallado para garantizar los derechos más elementales de millones de ciudadanos. Mentes atrofiadas por tanta alienación a control remoto, eclécticos sin bandera y conocimientos, repetidores del establishment, clasemedieros y profesionistas conformes con lo que lograron atesorar, así como mujeres y hombres sin iniciativa, se convierten en ecos de la trama cupular para apedrear el ave fénix que está surgiendo de las cenizas. Las críticas brotan como virus para carcomer la piel del movimiento generado por jóvenes mexicanos, sugiriendo de manera inmoral e infame que todo va a pasar para regresar al cauce de las tradiciones. Primero que nos expliquen racionalmente ¿Qué es esto de lo tradicional? y luego exigir que no haya arropamiento en cadenas de suposiciones absurdas y viscerales, que invalidan cualquier tipo de acción social. La mayoría de renegados reprocha, pero no propone. En el transcurrir histórico muchos han dicho por qué Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero, Benito Juárez, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Lázaro Cárdenas, Nelson Mandela, Gandhi, entre otros cientos y cientos de personajes y organizaciones que han participado en la lucha social y política a nivel nacional e internacional. Ninguno de ellos se ha puesto a reflexionar por qué primero no se levantan temprano, se informan sobre qué está pasando en el país, cumplen con sus labores, son buenos padres, hijos, amigos y cónyuges. No, primero la paja en el ojo del otro sin ver la viga en el propio. Critican sin proponer, acusan sin comprobar y las cosas siguen exactamente igual o peor. ***************** El análisis de los fenómenos sociales no puede darse en la pared del frontón. Los pronósticos deben tener la cualidad de ser objetivos, claros, imparciales y comprobables. En el caso del movimiento iniciado como #Yosoy132 el calor del momento impide visualizar los horizontes de la exigencia y movilización universitaria y los estratos sociales que se van uniendo a su causa. ¿Hacia dónde y cómo irán desarrollándose los acontecimientos; serán absorbidos o radicalizarán su protesta; serán un verdadero detonante social amplio, apartidista y sin intereses terciarios que garantice cambios profundos en el sistema político? Estas y otras preguntas flotan en el aire y son difíciles de contestar en el hoy y ahora, pero estoy convencido que el movimiento traerá saldos positivos en lo que atañe al entorno civil, pero al mismo tiempo en lo correspondiente al humanismo para volver a la primigenia de ver y sentir la vida en una dimensión plena de sensibilidad. Hasta el momento han hecho aparición algunos elementos que dejan ver liderazgos sin rostro, exigencias sin clichés, protagonismos rotativos y grupales, acciones sin estruendos ni banderas fundamentalistas. Dichos factores imprimen frescura a las nuevas formas de hacer política y son garantes de cambios para bien dentro de la vorágine del reformismo continuo. Para los complotistas hay muy pocos elementos de acusación para que sigan en su afán de hacer creer que el movimiento juvenil, que dicho de paso no es cosa de niños, porque todos ellos son universitarios, está situado en pilares de mesianismos o radicalismos. Lo cierto es que la juventud ha empezado a levantar la voz contra el Leviatán visto por los maduros y personas de la tercera edad como monstruo indestructible al que se le aprendió a soportar por necesidad, pero que en su interior lo quieren muerto y sepultado. Los incrédulos y escépticos señalan que para llegar a la consciencia se requiere de muchos años y kilómetros de marchas, tinta y puños levantados. Lo que se les olvida es que esto apenas está iniciando y será positivo para la generación de alternativas para el quehacer constructivo del tercer milenio. En un primer nivel habrá definiciones claras para el abordaje del futuro inmediato, pues los gatekeepers (término anglosajón para clasificar a los custodios del sistema) tendrán que admitir, para luego aceptar y atender las expresiones de los jóvenes y de otros sectores que irrumpirán en el ámbito público, con el objetivo de reacomodar andamiajes agrietados en lo que respecta a la legalidad y legitimidad de las estructuras de dominación. Los políticos tendrán que consensuar a través de diálogo abierto y no discrecional; implementar programas de reacción rápida y que impacten eficazmente las vivencias sociales; apresurar la creación de leyes y su aplicación en tópicos como la reforma de Estado, educativa, energética y protección de grupos vulnerados, como el caso de víctimas de la violencia, entre otros. Los empresarios de la comunicación tendrán más cuidado en la elaboración de sus productos informativos, para presentar la mediación entre lo que está pasando y sus representaciones simbólicas con mayor veracidad. Asimismo, habrán de aperturar sitios de debate e inclusión, para dar cabida a las manifestaciones de los millones de mexicanos que todavía consumen la mercancía televisiva, radiofónica y periodística, si es que desean que sus “industrias culturales” tengan ratings rentables, para seguir cumpliendo con el rol de ponerse como contenedores entre la ciudadanía y el poder. Los estudiantes que dieron origen al movimiento #Yosoy132 (que en el extranjero son identificados como “los enojados e inconformes”), padres de familia, profesores, trabajadores y ciudadanía organizada o no en sindicatos, organismos no gubernamentales o partidos que se han unido en un todo, deberán instalarse en exigencias que conciernen a la democratización del país sin caer en animadversiones, a fin de ir más allá para la transformación de las estructuras caducas en todos los contornos de la vida nacional. Si no hay inclinaciones protagónicas, tendencias hacia uno u otro partido, si se cuidan de las infiltraciones, si los discursos eliminan repertorios viscerales y si hay proposiciones racionales y sustentables, el movimiento caminará hacia adelante con posibilidades reales de edificar vías dignas para vivir en armonía, estabilidad, desarrollo y crecimiento. Ver, escuchar, pensar, participar, permanecer o criticar son los verbos que tenemos que conjugar para asumir retos y luego pasar a la toma de decisiones, a fin de que devolvamos el placer de sentirnos vivos y parte de una nación inmersa en una dinámica proactiva para orientarnos hacia nuevos rumbos. Las contribuciones del 68 mexicano y mundial, las luchas campesinas, magisteriales, obreras y populares ahí están, pues dieron pauta para alcanzar ciertas categorías democratizadoras. Los hechos ocurridos en Egipto, Libia, Marruecos, España y Grecia, por citar algunos acontecimientos sociales de actualidad reafirman que el estado de cosas existentes no puede perdurar en el silencio y la opacidad. ¿Llegó la hora? Ya lo veremos. B.H.G.

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jueves, 4 de agosto de 2011

EL ARMA SECRETA PARA LAS ELECCIONES 2012 EN MÉXICO


EL ARMA SECRETA EN LA ELECCIÓN DE 2012 EN MÉXICO.
Por Baltasar Hernández Gómez.


A pesar de que la representación oficial de la democracia mexicana intentan hacer creer que el país está transitando a un estadio estabilizador en el plano político, pese a las fluctuaciones sociales, económicas y a las inconsistencias creadas por la partidocracia, lo cierto es que la política ha sido trasladada al campo de las percepciones. Sí, la actividad política que supuestamente tiene una cobertura de cultura ciudadana, está puesta en el terreno de las apreciaciones, sobre todo las generadas por los organismos e individuos pertenecientes a la esfera del poder político y el imperio mediático.

Con toda la cauda de recursos financieros, materiales, técnicos y humanos destinados al marketing y propaganda institucional, la percepción civil se ve obligada a observar una danza de flashes de un México distinto y distante a lo que ocurre verdaderamente en las calles. Sin embargo, el sensus mexicano que cada vez más es víctima o testigo directo de la barbarie, aprecia un estado crítico donde proliferan los estragos producidos por la ineficacia, autismo e irresponsabilidad de los órganos que integran al Estado mexicano. La ciudadanía siente en carne propia la violencia física y psicológica, desempleo, pocas oportunidades de desarrollo, pobreza, enfermedades y muertes por doquier, lo cual disminuye el grado de interés, aprobación, apoyo, acción y legitimación en su universo existencial próximo y futuro.

A menos de un año que se concrete la elección federal 2012 la percepción nacional hacia los gobiernos, dependencias encargadas de seguridad, procuración y administración de justicia, iglesias y partidos políticos, entre otras decenas de instituciones públicas y privadas, es altamente negativa. Todo lo que surge de las entrañas del poder político y económico es visto como perversión que trata de mantener equilibrios, mientras el país se debate entre la vida y la muerte. Ante este panorama de desconfianza, la legalidad y legitimidad se pierden a velocidad luz, rompiendo con la cohesión entre los actores políticos.

El sistema político mexicano no le apuesta a la eficiencia y mucho menos al trabajo eficaz continuo, que dote a la ciudadanía de programas sustentables que lleguen al corpus societal por medio de empleos, créditos productivos, seguridad, servicios públicos, vivienda, centros hospitalarios, medicinas, escuelas dignas, etc.; sino al ocultamiento de los actos que forjan los grupos dominantes. En el ámbito electoral esta situación de inconformidad da como resultado un estado de tensa calma, como si se tratara de una olla express sobrecargada que, a punto de estallar, sólo deja escapar el “silbido” de la válvula de presión, que presumiblemente asegura cero derrames peligrosos, pero que termina por expeler masas y líquidos mortales. El resultado final es observado sin subjetividades en el abandono de las urnas de manera consciente y premeditada.

A casi doce años de que las apariciones y dichos de Vicente Fox Quesada ganaran el porcentaje suficiente de “esperanza” de una sociedad cansada por siete décadas de regímenes priistas y llegar a la silla presidencial, México se encuentra ahora al borde de regresar a lo que en ese entonces era considerado nefasto, autoritario y horrendo. Las administraciones panistas, llenas de palabras e imágenes de superación personal y religiosas, de dobles discursos, de moralidades falsas, de corrupciones financieras, de falta de compromiso, de ideología conservadora, de posiciones parcializadas que desataron los demonios de inseguridad, pobreza extrema, ignorancia y desinformación; están enfrentadas a una realidad impensable: verse sin apoyo social. Los panistas, divididos en calderonistas, foxistas, maderistas, creelistas, vazquistas, lujambistas o espinistas, se sienten indefensos ante la oleada tricolor que, no obstante concertacesiones políticas, prebendas económicas y protecciones de todo tipo, rebasó el “cerco blanquiazul”.

Desde 2009 el PRI y las coaliciones satelitales que lo acompañan han venido ganando más gubernaturas, diputaciones y presidencias municipales, mientras que el PAN involuciona a su estructura original como “grupo de notables”, perdiendo registros estatales (el estado de Guerrero por ejemplo), militantes y simpatizantes debido a las constantes y crecientes pugnas internas, pero sobre todo por la estela de corrupciones de sus miembros prominentes. Si el horizonte panista se reduce, el perredista también y con mayor rapidez, pues el PAN, como quiera que sea, tiene todavía el control formal de los aparatos estatales [represivos e ideológicos], que se traducen en puestos públicos, dinero, canonjías, dineros y materiales logísticos; pero el PRD tiene cada vez menos posibilidades para sacar recursos que apuntalen sus proyectos de manutención y/o crecimiento.

Desde la óptica del PRI, 2012 será un escenario político favorable. Da por hecho que ganará con 35 puntos porcentuales de diferencia frente al PAN o PRD (según sea el segundo lugar de la contienda). Está convencido que salvaguardando su alianza con el partido Verde Ecologista de México y con Nueva Alianza logrará una votación hegemónica. El PAN cree -a cuenta gotas- que la estela dejada por el foxismo-sahagunismo y las acciones emprendidas por Calderón Hinojosa serán suficientes para mantenerse en el poder. Claro que dicha aseveración es de dientes para afuera, porque en la intimidad hasta Vicente Fox y destacados panistas en funciones, pero también en retirada, consideran como un hecho indudable el regreso del PRI a Los Pinos.

Felipe Calderón no pudo conformar un gobierno siquiera decente, pues 5 años de gestión se han perdido en una guerra fallida contra el crimen organizado y en resolver los trastornos acarreados por la crisis económica mundial desde 2008. Los presumibles puntales del calderonismo en lugar de traer beneficios sensibles, produjeron insensibilidad, desconfianza extrema, pobreza creciente y nulas posibilidades de crecimiento personal o grupal. En el plano político Calderón Hinojosa no moldeó cuadros políticos, no fortaleció a su partido, pues lo único que hizo fue imponerle liderazgos a modo, que destrozaron la apertura democrática y la acción nacional en sus órganos de decisión.

El presidente cree ciegamente en algunos de sus subalternos cuando le repiten al oído que en algún lugar muy bien resguardado está escondida el “arma secreta” para vencer a sus enemigos. Uno de los funcionarios susurrantes es Genaro García Luna, toda vez que su capital y fuerza que lo ha sostenido pese a sus detractores, es la sistematización y manejo de información de inteligencia sobre la vida pública y privada de políticos, gobernantes, burócratas, legisladores, jueces, miembros de las fuerzas armadas, banqueros, industriales y comerciantes. Muchos dicen que hasta las ligas con las mafias le proporcionan blindaje transexenal.

El ingeniero mecánico García Luna, convertido en experto en seguridad pública desde hace 21 años, aplica la tesis de que información es poder y lo ha puesto en funcionamiento poniendo en jaque a amigos, aliados y enemigos, pues el cúmulo de datos profesionales, laborales, financieros y personales tienen un peso específico para que él y su equipo de trabajo deambulen por Los Pinos, instituciones públicas y privadas y calles de México con desparpajo e impunidad. Sus archivos físicos y digitalizados le dan manto de impenetrabilidad y perpetuidad, toda vez que el titular de la SSPF no es cuestionado y mucho menos removido de su cargo. Ni militares, marinos, políticos o funcionarios lo pueden tocar atrás o enfrente del ciudadano presidente. Algo tiene, algo guarda, que resulta de vital trascendencia para los “tomadores de decisiones”.

Aunado a esto, la autorización y protección de agentes de espionaje e investigación de Estados Unidos de Norteamérica proporcionan a la presidencia, García Luna, Sedena, Marina, Gobernación, Cisen y PGR, diversas fuentes de información clasificada, que pueden ser el factor por medio del cual la cofradía de seguridad pública desestabilice las elecciones futuras a su favor. A este estadio de inestabilidad, zozobra, terror y muerte le apuesta Calderón Hinojosa y los detentadores del poder.

Los priistas lo saben. Tan es así que, desde las catacumbas han empezado a efectuar labores de contraespionaje y reavivamiento de relaciones con diferentes sectores de poder, tanto constitucionales como metaconstitucionales. El PRI no murió en el año 2000, sino por el contrario ha persistido en su empeño de afianzar sus estructuras de control, presión y acumulación de fuerzas, que manejan a la perfección desde la década de los 30´s del siglo XX. El dinosaurio siguió vivo, aceitó sus articulaciones, mientras que los promotores iniciales de la “transición”, que nunca llegó a configurarse, porque sólo llegó a alternancia, se ajustaron al modelo de transacción y modus operandi establecido por lo que ellos mismos llamaron en su momento el viejo régimen.

Desde fuera de las instituciones -que por más de setenta años encabezaron- el PRI comenzó a ganar espacios políticos, administrativos y legislativos. Jamás dejó de operar lo que sabe hacer bien, o sea, allegarse votos por diferentes vías, como por ejemplo reingeniería electoral, programas clientelares, marketing y propaganda; compra-venta de información clasificada, etc. Repitiendo los lemas usados en campaña por el expresidente Zedillo Ponce de León “El PRI sabe cómo hacerlo. El PRI sí sabe gobernar”, este partido está atesorando, analizando, filtrando y manejando información sobre actos de corrupción, enriquecimientos inexplicables, concertaciones secretas, nepotismo y otros menesteres apócrifos que han realizado políticos, familiares, aliados y protegidos del presidencialismo panista. Lo anterior va acompañado por un creciente activismo de su organización territorial, reagrupamiento de sectores, intereses y perspectivas, con base en conceptos cuasi mágicos utilizados por la clase política mexicana: unidad, disciplina y lealtad a toda prueba.

En el caso del PRD, las pugnas intestinas lo pueden arrinconar y poner en una situación de alta volatilidad, que lo colocarían en una posición desventajosa frente al PRI, que es el verdadero enemigo a vencer. Los perredistas dependen hoy en día de arreglos cupulares y movimientos geográficos, pues muchos avances han sido transados con los otrora enemigos políticos, alcanzando beneficios a corto plazo en lo concerniente al reparto de plazas administrativas y políticas en entidades y municipalidades focalizadas. En la primera semana del mes de agosto 2011 la presidencia del PRD y los líderes de corrientes comandadas por Jesús Ortega y Jesús Zambrano (los Chuchos, pues) ya dieron su voto adelantado a favor de Marcelo Ebrard, a fin de que sea él y nadie más que él el candidato de izquierda para alcanzar la presidencia de la República. Ebrard asiente, sonríe, se exhibe con su novia hondureña en una revista frívola del mundo del espectáculo. Lo han hecho pensar que es el mejor hombre para ganar la banda presidencial, distanciándolo de su exjefe, amigo y aliado Andrés Manuel López Obrador.

López Obrador por su parte no se quedó entumecido, ni mudo y mucho menos alejado de la base social. Por el contrario se puso a trabajar desde 2007 con los partidos del Trabajo y Convergencia (hoy denominado “Movimiento Ciudadano”, echando a andar el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena por sus siglas) para alcanzar la candidatura de la “izquierda mexicana”, incluyendo al PRD, que en los años recientes intenta cerrar compuertas al menor asomo del lópezobradorismo. A López Obrador lo han tratado de opacar, denostar y poner en el sitio más apartado del universo político, pero ni las cúpulas chuchistas, los arreglos con facciones opositoras lo han podido derrotar, pues el capital logrado en 2006 le proporciona un capital político indiscutible y calidad de decisión dentro y fuera del partido negro-amarillo.

A muchos se les olvida que estuvo a un pelo de gato de ser presidente de México (muchos analistas, intelectuales, pero sobre todo ciudadanos con y sin partido siguen afirmando que ganó legítimamente la elección federal 2006) y que eso le brinda la posibilidad real y concreta de encabezar, de nueva cuenta, el estandarte de la democracia, desde una perspectiva diferente a la de priistas, panistas y perredistas orgánicos a favor del mexican way of life.

En este ambiente de incertidumbre, el “as” calderonista, el arma secreta que presumiblemente vencerá a los enemigos y recompondrá la percepción negativa que tiene la mayoría de la sociedad hacia las administraciones panistas y, en especial del todavía presidente de la República, está a punto de irrumpir en el cuadrante derecho de la mesa del póker en que se ha convertido el sistema político. El arma de la información negra sobre partidos, políticos, legisladores, jueces, militares, marinos, etc. está pendiendo como espada de Damocles en el escenario de la realpolitik. El PRI tiene -aún cuando lo niegue o no lo quiera descubrir- una estrategia centrada en la agresividad de su discurso y acción [el caso de Humberto Moreira, líder nacional de dicho partido, es la tendencia más visible], que le otorga la posibilidad de obtener miles de votos, como sea y a como dé lugar en la mayoría de los estados.

Los políticos con bocas grandes, movimientos estridentes, pero también con colas largas; de empresarios rescatados con fondos y favores públicos; de mujeres y hombres apoyados por organizaciones oscuras; de narcotraficantes de “gran calado” que, posiblemente desde hace algunos meses ya están detenidos, pero que aparecerán a luz de la opinión pública como recién capturados; pueden ser ingredientes del caldo de cultivo para que el actual mandatario federal y su grupo recuperen porcentajes de aceptación para el 2012. Las detenciones judiciales serán uno de los componentes para detener candidaturas o inclinar, para uno u otro lado, la balanza política-electoral. Ni más ni menos.

Desafortunadamente para la generalidad social la política estará recubierta de pragmatismo puro sin que haya mediación de racionalidad, estatutos, principios, valores, objetivos, idearios y metas para hacer del país un sitio digno para vivir. Los mexicanos sin canonjías seguirán subsistiendo en la mar del encubrimiento elitista, pues parece que se ha hecho realidad que cuando la clase dominante y más precisamente la “familia del poder” cae en desgracia, ocurren dos cosas: 1) O se compactan en búnkeres de protección legal y mediática a toda prueba o 2) Dejan caer a una o dos personalidades para desviar el torrente en contra y así solventar crisis.

¿Alcanzarán 11 meses para recomponer la visible debacle presidencialista y, por ende, panista, para así catapultarse a la conservación del poder formal? ¿Será verdad que seremos testigos y hasta participantes de la ganancia totalizadora del PRI y el acabose del PRD como partido importante? ¿Repetirá la hazaña electoral López Obrador o cederá su empuje y capital a Marcelo Ebrard? Los dardos vuelan rumbo al 2012. B.H.G. Ω

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