ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

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martes, 26 de julio de 2011

PODER POLÍTICO Y LA ELIMINACIÓN DE ESTORBOS.


PODER POLÍTICO Y LA ELIMINACIÓN DE ESTORBOS.
Por Baltasar Hernández Gómez.
[Extracto de mi libro Tácticas de poder, Editorial Pretextos, México, 2008].


Ejercitar PODER requiere primeramente erradicar ideas y prácticas culturales, que han sido aceptadas como válidas, muchas de las cuales invalidan la capacidad para transformar para sí un entorno inhóspito o impenetrable. Entrar al juego de PODER da posicionamiento en las relaciones con otras personas o instituciones y suprime elementos negativos que inhiben el avance óptimo para ganar autoridad.

Es indispensable romper esquemas de timidez y conformismo, pues paralizan la ofensiva. Se necesitan adquirir paradigmas de cambio para dar el salto a una posición de PODER aunque esto signifique borrar el pasado o transformar estilos caducos, que resultan estorbosos. Es confortable vivir en medianía, ya que se tiene un statu quo promedio;, trabajo, propiedad, automóvil hijos en instituciones públicas o privadas;, dinero para tomar vacaciones una vez al año, seguro de vida y fondo de retiro. Sin embargo, en la profundidad del ser hay una recóndita sensación de no estar en el sitio que algún día pensó estar.

Dejar la burbuja de comodidad permitirá potencializar las aspiraciones e incorporar cambios que lo hagan descollar. ¿Qué se necesita eliminar para adquirir PODER?

A continuación detallo los puntos que son obligatorios erradicar para situarse en el control de las cosas:

Basarse en valores:

Las personas actúan tratando de ajustarse a un catálogo de valores axiológicos que impiden alcanzar los objetivos trazados, ya que enfatiza códigos de “bondad y maldad”, que restringen el espacio de libertad para hacer las cosas. Establecer como plataforma de despegue lo bueno y lo malo; lo blanco y lo negro, nos aparta de la eficacia para lograr metas.

Las relaciones de PODER no se someten al imperio de la buena voluntad, pues en un acto de dominación sólo valen los instrumentos desplegados para llegar a un fin. Decía Dante Alighieri que “el camino al infierno está plagado de buenas intenciones” y es verdad: actuar con PODER debe prescindir de justificaciones morales, que son pretextos ideológicos para ocultar las intenciones materiales y quedar paralizados.

Aunque uno piense que todos trabajan con sentido ético, buscando beneficios particulares sin alterar el bien común, la realidad es que esto disfraza el carácter de clase del Estado, los intereses del mercado y los comportamientos ocultos de cada una de las personas. La gente piensa para sus adentros “de que lloren en mi casa, mejor que lloren en la de otros”.

Resulta falso pensar que la esencia del sistema imperante es homogeneizar a todos para que alcancen niveles igualitarios y equitativos en su calidad de vida. El capitalismo como modo de producción tiene un conjunto de valores que privilegian la competencia, propiedad privada y la acumulación, que son impedimentos para que exista una convivencia comunitaria, como lo señaló Tomás Moro en su libro Utopía. Asumir que todos juegan éticamente es vivir en el error.

No hay buenos ni malos, sino hombres y mujeres que quieren escalar posiciones para alcanzar metas específicas, en el plano grupal, familiar y personal. Si se va a introducir al escenario de PODER tendrá que erradicar el sentimiento de culpabilidad, pues si no lo concientiza está destinado a ser anacoreta, un inadaptado que se sujetará a los designios de otros.

Actuar anteponiendo sentimientos:

Hacer que prepondere la pasión versus racionalidad produce sentimientos encontrados, que obnubilan la correcta toma de decisiones. Caer en el terreno de las emociones como: amor, odio o venganza, demerita la estrategia de PODER, ya que es obstáculo para alcanzar los fines que se quieren. Si esto continúa hay crecimiento cero, lo cual conduce a seguir el juego de los adversarios.

Las pasiones son malas consejeras para la activación de tácticas de PODER, ya que se convierten en componentes que distraen esfuerzos. Si coloca la emoción como prioridad y a las políticas de dominio en posición secundaria está condenado al fracaso. Si los sentimientos son dejados a un lado la relación con las otras personas será de nivel superior, en virtud de que habrá objetividad.

Si la razón impera se guarda la distancia correcta, que permite ver la ocasión para determinar una acción a favor y alejar cualquier tipo de peligro. No debe haber cabida para los sentimientos añejados ni retrotraer iras acumuladas que desvíen el objetivo planteado. Si ofrece muestras de enojo, contrariedad o deseo revanchista, el adversario las puede utilizar en su contra y desbalancearlo. Los sentimientos deben guardarse en el cofre de los recuerdos y no sacarlos públicamente porque se corre el riesgo de perder control y, por ende, PODER.

Dejarse llevar por sensaciones personales:

Si se considera al PODER como asunto personal hay peligro de involucrar no solamente emociones, sino integridad psicológica y física, lo cual demerita su salud y la convivencia con sus seres queridos. Las relaciones sociales y profesionales deben ser tomadas como un estricto ejercicio de estrategia, para poner y quitar piezas que lo sitúen en una posición dominante.

Si hay involucramiento personal se devalúa la objetividad y se pasa al terreno subjetivo, repercutiendo negativamente en la puesta en marcha de las tácticas para alcanzar victoria. “Nada es personal”: el PODER no tiene nada que ver con simpatías, fobias o agravios. Uno de los diálogos más impactantes en la prestigiada película “El padrino”, Marlon Brando, que personifica al jefe de la Cosa Nostra, Vito Corleone, da un consejo a su hijo (Al Pacino): “no debes tomar nada como asunto personal, de lo contrario no podrás llevar los asuntos de la familia”.

Estar desprevenido:

Si por confianza u omisión se deja que las cosas ocurran por sí solas, lo único que se consigue es mostrar flancos débiles a los adversarios. La no prevención hace que los ritmos y condiciones que establezca anticipadamente su contrincante sean acatados por usted.

La mejor forma para evitar este estado cataléptico es “estar siempre alerta”, que predispone preparación del escenario, argumentación y fuerza de ataque ante cualquier situación potencialmente riesgosa. Si se está desprevenido los cálculos costo-beneficio pueden ser catastróficos, trayendo como consecuencia desmoronamiento o retardo forzoso para la concreción de planes.

Ignorar al adversario:

Subvalorar al adversario provoca sorpresas inesperadas, que pueden desembocar en derrota. Ignorar las capacidades y experiencias del contrincante es la forma más estúpida de perder PODER, porque nadie se presenta sin estudiar al de enfrente ni el entorno que lo rodea.

El análisis del contrincante es primordial para saber cuáles pueden ser los impedimentos para dominar un evento. Si de origen se ignora al oponente no habrá posibilidad de cambio para sortear imprevistos.

No hay que olvidar que el juego de PODER demanda el ajuste del oponente a los patrones de dominación planeados. Olvidarse de las potencialidades del otro es someterse al campo de acción contrario.

Tener conocimientos parciales:

Para tener PODER no sólo debe contarse con conocimientos particularizados del proyecto que se quiera dominar, sino también saber las implicaciones, historia y experiencias que han ocurrido o están pasando en otras latitudes. Es preciso pensar globalmente y actuar localmente.

Para imponerse es necesario contar con datos locales, regionales, nacionales e internacionales, así como experiencias exitosas y de fracaso, que lo ayuden a tener una perspectiva amplificada para acceder, mantener y acrecentar el PODER.

Creer que todo es igual:

Recuerde que el tiempo cambia y los individuos cambian con él. Para estar en posición de PODER se requiere tener flexibilidad para ajustar la estrategia, con la finalidad de que las variables que se vayan presentando no hagan que usted baje la guardia.

Es fundamental tener preparadas salidas alternas ante complicaciones no previstas, ya que cuando no se construyen escenarios de crisis se da apertura a que el adversario desmembre la estrategia programada. Si se es rígido e intransigente ocurre un efecto espiral de ataque por parte del contrincante que puede desequilibrar el PODER. Pensar rápido, ajustarse al medio y activar opciones emergentes fortalece su imagen y el aniquilamiento del adversario.

Actuar con estilos duros:

Cuando se actúa con posturas rígidas y estilos definidos, que pueden ser decodificados por el contrincante, se corre peligro de que identifiquen anticipadamente el método de PODER que vaya a emplear. El camuflaje es una técnica que saca de balance a los oponentes, ya que al variar su punto de equilibrio no tendrá la mínima oportunidad para conocer las tácticas que se utilizarán para conseguir/reafirmar PODER. Quien no sabe esto se convierte en cazador cazado.

El sincretismo es la adopción -a propósito- de una acción “similar” a la de su contrincante. Sincretizarse da PODER en tanto no se muestran las armas, sino por medio del “reflejo” del otro. Si el oponente tiene la idea de que existe concordancia con sus planteamientos no se preparará para los embates que inclinen la balanza a su favor. Actuar sincréticamente hace suponer al adversario que es posible derrotarlo sin mayor esfuerzo. Al asumir esta idea se descubre como tal porque, poniéndose a la altura que usted previamente ha programado.

Ser transparente:

Mostrarse abiertamente es regalar una radiografía del PODER que se posee. Por esto es preciso que enseñe una porción bien delimitada de las habilidades con que cuenta. El meollo del asunto es ocultar los fines últimos de la estrategia que se quiere fraguar, toda vez que si hay exhibición el adversario no sólo trazará vías de escape, sino que devolverá ataques más intensos hacia las debilidades detectadas, lo cual lo puede debilitar hasta un punto de desgaste y rompimiento.

No decir todo lo que se piensa ni hablar de más es una cortina de humo, un impasse que desconcierta al oponente. No exagerar actuaciones ni demostrar emociones e intenciones logra un impacto desastroso en el adversario, ya que no le da pistas del rumbo que vayan a tomar las cosas. Cuando demuestra una actitud de atención con silencio el adversario no sabe a ciencia cierta qué está pensando ni cuáles van a ser sus próximos movimientos.

No decir nada forma parte de la táctica del silencio. Resulta desesperante para el adversario no tener claros sus propósitos, menos aún cuando usted no dice nada. El manejo del silencio no consiste en quedarse mudo, sino en espaciar –a voluntad- los tiempos de su participación. Nunca diga más de lo que le solicitan. Conteste lo estrictamente necesario y no deje ver sus pensamientos personales. Revierta preguntas, para que su oponente continúe exponiendo sus puntos de vista, mientras usted acumula fuerzas, así como respuestas menos riesgosas. B.H.G. Ω

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