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lunes, 27 de junio de 2011

CONSEJO DE UN SAMURÁI MODERNO: vivir sin complicaciones


CONSEJO DE UN SAMURÁI MODERNO
(Existen cuatro cosas que jamás se recuperan: la piedra arrojada; la palabra dicha; la oportunidad perdida y el tiempo pasado).

Por Baltasar Hernández Gómez


Aunque muy pocas personas lo admitan abiertamente, los ciudadanos modernos están sujetos a una intrincada red de relaciones sociales, culturales, laborales, profesionales y afectivas que regulan su existencia de vida. De esto se desprende que si se requiere estar mejor posicionado en el mundo de la vida [como ha estipulado Jürgen Habermas] es preciso cambiar referentes cognitivos y actitudinales, a fin de enfrentar con decisión y prestancia las situaciones que se presenten en la cotidianeidad.

A continuación expongo un “consejo” que puse en la boca de un samurái moderno, uno de tantos que están compilados en el libro de mi autoría Samurái moderno: vivir sin hacerse haraquiri, editorial Corona Borealis, España, 2009:

Todo mundo desea en lo interno que las bondades de la vida terrenal fueran ecos repetibles, para atesorar instantes de victoria que repliquen siempre éxitos. Las personas ansían que los actos, las palabras y sobre todo triunfos regresen controladamente, sin embargo, esto casi nunca ocurre. Por esto mismo es muy recomendable que cuide la roca que arroje contra otros, ya que el daño no será reparado a posteriori por más palabras de aliento que se digan o masajes que se hagan a los cuerpos adoloridos.

Una palabra bien dicha es semilla que germina en campo fértil, trayendo cosechas positivas para el sembrador. Por el contrario, una palabra lanzada con dolo puede ser tumba donde la putrefacción devorará -más temprano que tarde- al que la emite, en virtud de que lo malo que digas puede revertirse en proporción desmedida. Cuide la intencionalidad de sus mensajes hablados o escritos, porque son armas letales que pueden volverse en su contra.

Por otra parte, no deje escapar las oportunidades, ya que jamás vuelven por el mismo camino. Cuando se presente una oportunidad analícela, pero no tarde mucho en tomar decisiones, ya que no por mucho pensar se va a detener el destino. Lo que se recomienda es partir de una base racional, pero abriendo los espacios para la intuición y el sentido común que mucho ayudan a definir futuras actuaciones.

El tiempo pasado empieza en el preciso momento que gira la manecilla del segundero de un reloj. No hay tiempo que vuelva y por eso hay que vivir el hoy y ahora con intensidad sin pensar que habrá otro momento para actuar. Actúe y punto. Actúe con la responsabilidad necesaria para hacer cosas con todo el ser.

La gente cree que el mar y los ríos permanecen inalterables y que son los mismos que nuestros pensamientos recuerdan o que continuamos viendo en un cuadro o fotografía. Nada más falso: los afluentes de agua se renuevan en el justo instante en que el observador parpadea. La persona, el suceso, la oración o la vivencia que experimentamos nunca es la misma que buscamos en el baúl del pasado.

Hay una canción que interpretó José José en la década de los ochenta del siglo XX, que dice en una de sus estrofas: “Porque somos como ríos cada instante nueva el agua…….” Y esto es cierto, pues no existen cosas inalterables. Somos cambiantes e irrepetibles. B.H.G. Ω

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