ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

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lunes, 13 de junio de 2011

VIVIR PARA Y POR EL PODER


VIVIR EN EL PODER
[Introducción y consideraciones preliminares
del libro de mi autoría
Tácticas de poder, editorial Pretextos, México, 2008]

Por Baltasar Hernández Gómez.


PODER es la facultad que tiene una persona u organización para influir y determinar el modo de pensar y la conducta de los demás. Constituye la piedra angular por la cual mujeres y hombres se integran a los protocolos y rituales sociales en términos óptimos y favorables. El PODER tiene una relación intrínseca con la dominación, que no es otra cosa que el proceso integral para estructurar, dirigir y hacer que un fin se cumpla a través de los medios humanos, técnicos, materiales y técnicos con los que se dispone.

La dominación adquiere diferentes formas: el padre que ordena a la esposa e hijos; el profesor que direcciona el conocimiento de sus alumnos; el sacerdote que condiciona la espiritualidad de la feligresía; el político que decide los asuntos de interés público en materia económica, social, política y cultural, entre otras muchas maneras de ejercer poder. Es evidente que una de las representaciones más conocidas de PODER es la política, toda vez que el impacto de sus realizaciones repercute en millones de personas.

El PODER se ha convertido en un asunto trascendental para la consecución de todas las actividades sociales, ya que tiene que ver con las aspiraciones tangibles e intangibles del Hombre moderno. Quien no tiene PODER o por lo menos un segmento de mando, para direccionar el comportamiento de otro(s), simple y sencillamente se siente inútil. Para muchas personas la carencia de PODER resulta intolerable, toda vez que los hace sentir desprotegidos para continuar con su modo de vida.

En la dinámica competitiva del sistema de vida prevaleciente los sujetos sociales son convertidos en “jugadores”. En este escenario va a resultar imprescindible que los “jugadores” luchen por cuotas de PODER, que los haga sobresalir o por lo menos sobrevivir a los embates de los adversarios potenciales o concretos. Nadie quiere vivir por siempre bajo la égida de otros: se ansía tener y acumular PODER para llegar a un mejor estadio económico, social, político, de prestigio y mando. Quien lo niegue, miente, pues sin decirlo la gran mayoría de la gente moviliza sus actos por medio de “insumos” promovidos por vanidad, status, conocimiento, fama, dinero, reconocimiento, etc.

El PODER no es un talento innato del ser humano, sino producto del acervo y la experiencia acumulada. El niño no se impone a otros niños por razones puramente genéticas o provenientes de códigos sociales, sino por medio de un desarrollo físico, intelectual y práctico que le permitirá tener hegemonía. El PODER tampoco es una cuestión metafísica, que está a expensas de factores externos, como si se tratase de un don extraterrenal. El PODER aunque muchas veces pareciera etéreo, en la realidad es concreto y puede ser percibido por sus consecuencias.

La capacidad para impulsar acciones de PODER en la vida profesional tiene que ver con la praxis de elementos técnicos, materiales, físicos y educacionales, los cuales tiene que ser cultivados ex profeso para activar racionalmente las potencialidades de dirección y control.

Todos irremediablemente formamos parte del juego de PODER: unos que se evidencian al explayar sus intenciones y otros que emiten subrepticiamente su anhelo, adoptando conductas pasivas, pero sin dejar de estar en la trama. Si se es activo habrá procuración para mantener el PODER. Si se es pasivo añorará buscar los instrumentos para agenciarse PODER. Si alguien se engaña en considerarse neutral sólo sufrirá perjuicios por su indefinición.

Asumir ser jugador en el escenario del PODER no es tarea fácil, en virtud de que se demanda una readecuación de los parámetros cognitivos y de acción con los que se visualiza al mundo. Exige una posición de impecabilidad e implacabilidad, ya que las aptitudes que se despliegan no son naturales o espontáneas, sino resultado de un entrenamiento in situ de reglas para obtener, consolidar y reproducir estructuras de dominación.

Cuando hablo de dominación no me estoy refiriendo a cuestiones maléficas, que puedan promover malestar o destrucción de los otros, sino a la capacidad para conseguir resultados exitosos. Se necesita aprender y manejar sistemáticamente un cúmulo de actitudes y aptitudes, a efecto de aplicar estrategias que asignen roles, funciones y responsabilidades para el ejercicio del PODER en una situación determinada.

Aspirar a tener PODER implica el compromiso interno de controlar conscientemente el entorno de vida, sin que haya reminiscencia de culpabilidad, ya que el proceso de dominación no se implanta tomando en consideración valores axiológicos. El hombre y la mujer que entra al espectro de PODER no puede pensar en parámetros morales, porque esto lo nulifica. La separación de “lo bueno y lo malo” tiene que ver con una cuestión estrictamente dirigida a intereses. No puede haber actuaciones, bajo supuestos de buena voluntad o fe (si un familiar o aliado trata siempre de defenderlo, pero sus actos conducen al fracaso será preciso neutralizarlo a como dé lugar, sin pensar en los lazos sanguíneos o de afinidad que existan).

El PODER es un juego que todo mundo juega, que tiene su origen en el diagnóstico del ambiente donde se desenvuelven los participantes. Las personas -en cualquier medio social/laboral- tratan de imponer sus reglas bajo el precepto de “salir lo menos raspado”. En cada acto que se efectúa está presente el PODER y por esto es indispensable tener una estrategia que optimice la toma de decisiones. Ésta debe ser acompañada por un conjunto de tácticas, que son los mecanismos operativos de la estrategia, para lograr los objetivos trazados al menor costo posible.

Muchos autores sobre el fenómeno PODER recalcan que las personas deben mentir o engañar para tener éxito en su vida personal y profesional, lo cual es una argumentación falaz, pues no es posible sentirse integralmente realizado por medio de prácticas insanas. Integrarse al PODER requiere entrenamiento para potenciar las fortalezas y disminuir las debilidades sin que esto signifique morir en el intento o vivir una representación teatral, que al final vaya en detrimento de la estabilidad psicológica y emocional.

Aprender a conducirse con PODER demanda la adopción y adaptación de un conjunto de normas, según sea la circunstancia que se enfrente. A continuación detallo las más importantes características para afrontar situaciones de PODER:

1. Eliminar los referentes de bondad y maldad.
2. Erradicar actuaciones pasionales (enojo, prejuicio, amistad, enemistad).
3. Incorporar el pensamiento “nada es personal”.
4. Ser objetivo para la determinación de alternativas de ataque y respuesta.
5. Estar siempre en estado de alerta.
6. Diagnosticar el curso de los acontecimientos prevalecientes.
7. Estudiar al adversario y su entorno de desenvolvimiento.
8. Tener una visión ampliada de las cosas.
9. Ajustar las tácticas a los acontecimientos que se presenten.
10. Adoptar tácticas de mimetización y sincretismo.
11. Ser capaz de mostrar y ocultar a voluntad.
12. Ser impredecible.
13. Ser eficiente y eficaz en los cometidos que se realizan.
14. Ser impecable e implacable.

Muchas personas encuentran imposible adquirir PODER, anteponiendo la frase “eso a mí no me importa porque yo no estoy en la política”. sin embargo, reconocer que todos formamos parte de este intrincado “juego” social es atreverse a participar de manera proactiva y no pasiva. La vida no se vive con suerte o pensando que el destino coloca a cada quien con su cada cual. Muy por el contrario, el devenir se construye paso a paso con la firmeza de saber dónde se está situado.

¿Se puede vivir siendo una hoja en medio del vendaval? ¿Es posible conformarse a la categoría de subordinado? Mi opinión es que nadie puede existir sin una postura digna ante la vida. Nadie puede llegar a ser sin saber qué quiere, cómo lo quiere y cuándo activar las potencialidades humanas y profesionales que posee y que se ha ganado en su trayectoria. Hay que dejar de ser simples receptores y convertirse en hombres y mujeres íntegramente realizados. B.H.G. Ω

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