ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

Este es un espacio para conceptualizar, analizar, efectuar crítica y proponer estudios sobre política aplicada, marketing, comunicación, educación, métodos aplicados, alta dirección y proyectos sustentables. Contacto:baltasarhernandezgomez1@hotmail.com, baltasarhg@gmail.com

martes, 22 de febrero de 2011

LA DESPEDIDA DE UN GOBERNANTE EN MÉXICO


ADIÓS, ZEFERINO, ADIÓS
*Fin del sexenio de Zeferino Torreblanca Galindo en el estado de Guerrero*
*El cataclismo social, político y económico en Guerrero 2011*
*Clanes de poder en tierras surianas*
*El gobernador electo Ángel Aguirre Rivero no le debe nada a Zeferino Torreblanca*


Por Baltasar Hernández Gómez

Me resulta extraño escribir acerca del adiós a Zeferino Torreblanca Galindo que, en 1999 llegó a la presidencia de Acapulco con amplia legitimidad social, la cual fue ganada por su oposición frontal a los regímenes del PRI. Con esta estela de percepción social positiva en 2005 alcanzó la titularidad del poder Ejecutivo en Guerrero, haciendo creer que vendrían tiempos de cambio y bienestar para todos los habitantes del estado. Al todavía gobernante de la entidad “de mujeres sensitivas, hombres bravos y de acero”, como apunta una de las estrofas más conocidas de la canción El toro rabón de José Agustín Ramírez, se le está diciendo adiós, que no hasta la vista, porque en su devenir político abandonó los ideales progresistas que difundió cuando asumía tener ideas liberales y prometía cimentar un enclave productivo, seguro y con un horizonte de vida digna.

En los últimos seis años el hombre forjado en la disciplina mercantil de los negocios de su padre, en los preceptos recibidos durante su estancia en el Tec de Monterrey y en manifiestos de asociaciones civiles pro-empresariales, terminó siendo un administrador que jugó a la política peleándose con la mayoría de los sectores sociales, políticos y económicos de la entidad. Con el paso del tiempo se consolidó un hecho probatorio, que está a la vista de todos: Zeferino unió a Guerrero, sí, pero en su contra.

Y no es mi dicho, porque por sí mismas hablan las múltiples y variadas declaraciones ofensivas que emitió en actos oficiales, pero sobre todo la ineficacia en la obtención de resultados reales y no solamente en papel o certificación. Si hubiera sido precavido y sometido sus argumentos al plano off the record no habría habido tanta crítica por sus sentencias (crítica que mucho le molesta), pero como todo lo dice en el peor momento -temporal y espacial-, con una postura de retozo “para que todos lo oigan y sepan quién es y cómo son las nuevas formas de hacer política”, el gobernador se descubrió como reproductor del paradigma desdeñoso y autoritario existente en México desde el siglo XIX.

La crítica no es invento mío, ya que basta remitirse a los medios de comunicación impresos, boletines y crónicas, para comprobar que Zeferino tuvo un comportamiento tosco, hosco y totalitarista, que quiso esconder bajo la careta pre-fabricada de “hacerse el chistoso” con modismos regionales, vulgarismos o simplemente con pautas de silencio y desaparición por semanas del escenario político. El caso más reciente de su modo de actuar se dio en un evento del sector salud (16 de febrero 2011), donde al someterse a la prueba de próstata, vía sanguínea, anunció que a los indígenas de la región La Montaña los exhortó “a que se amarraran las verijas para no tener muchos hijos” y que los hombres maduros tenían que hacerse constantemente la prueba de próstata, vía recto, como él mismo lo hace y a lo que ya está acostumbrado.

¡Ah caray! El lenguaje privado en sitios públicos no es factor de unión empática, en virtud que si alguien presume de estadista no puede ir derramando palabras inadecuadas o comportándose como cómico de vodevil. En la otra arista de su conducción, el ataque a ex-alcaldes, funcionarios y gente que no estaban de acuerdo con él no se hicieron esperar, incluso en el plano jurídico, como la versión de demanda promovida por su hermano, Alberto Torreblanca al diario El Sur de circulación en Guerrero, entre otras muchas cosas que ocurrieron en los casi seis años de mandato.

¡Zeferino siempre fue así! atajan aliados y adversarios. Sin embargo, la reconstrucción de su imagen a través del marketing logró borrar algunos signos autoritarios de su personalidad que inclusive llegaron a materializarse en las tomas de decisión gubernamental, que tuvieron el sello de soberbia. Para explicar su perfil él y muchos allegados no cejan de culpar a medios masivos de comunicación, líderes perredistas, priistas, convergencistas; a críticos que sacan a la luz pública sus impericias y a las situaciones adversas provenientes del exterior; pero lo cierto es que el mandato regional le quedó muy grande.

Varias personas que lo han tratado me han afirmado que, desde su etapa juvenil, Zeferino mostraba una semblanza flemática, fúrica y de separación emocional con quienes formaban parte de su círculo íntimo. Por esto no es tan descabellado plantear una reforma constitucional para que los candidatos a puestos de elección popular presenten constancias de preparación profesional, trayectoria de vida, salud física y mental, a efecto de que la sociedad no tenga que pagar por vicios ocultos y síndromes peligrosos que pongan en peligro la integridad civil.

El desenvolvimiento de Zeferino o de cualquier mujer u hombre que se dedique a la política es válida en el ámbito estrictamente personal, pero como el actual gobernador trasladó sus vivencias y modos de ser a la función pública pasó a formar parte del dominio general, y por ende, vino a representar un serio problema para el 51.7% del padrón electoral que votó por él en los comicios estatales 2005, pero también para el porcentaje restante que votó en contra o se abstuvo. Los aires de superioridad y las compulsiones obsesivas fueron injertadas al plano político, instalando un estilo sui generis de gobernar, lo cual produjo discriminación, inmovilidad, desinterés e irresponsabilidad. En lugar de que resolviera a fondo -por lo menos- una docena de problemas originados por la pobreza (enfermedades gastrointestinales, analfabetismo, improductividad, derechos humanos, obras de gran impacto social, etc.), Zeferino y el zeferinismo caminaron hacia atrás como cangrejos.

A punto de partir todavía está intentando pagar favores, como los casos de seis nuevas notarías públicas para amigos y amigos de sus amigos (primera semana del mes de febrero 2011), entre las que destaca la concedida al ex-consejero presidente del Consejo Estatal Electoral de Guerrero (hoy IEEG), Ceferino Cruz Lagunas. ¡No qué no! Los ardides que Zeferino Torreblanca reprochaba en el pasado reciente, ahora los repite para beneficio de su grupo. Y el reparto de patentes y cargos también hicieron aparición en el Congreso, pues en la designación de tres magistrados en el Tribunal Contencioso Administrativo (18 de febrero 2011) estuvo presente la maniobra para imponer a “palomeados” (personas que de antemano, tienen el visto bueno de un jerarca para ocupar un puesto público). De las tres magistraturas propuestas sólo logró una, sin embargo, quedó al descubierto que antes ha operado con la táctica del maiceo, lo que en pocas palabras significa dotación de recursos monetarios, automóviles, plazas para recomendados, canonjías, concesiones de bienes y servicios, créditos a la palabra y prestaciones extraordinarias a ciertos diputados que hicieron de su curul una franquicia altamente redituable…..En estos momentos, simple y llanamente la estratagema no le funcionó. Es así que al final de su sexenio se cayeron los castillos de arena: el gobierno zeferinista no fue ayer ni lo es hoy promotor del cambio democrático y menos del desarrollo económico armónico, justo e igualitario. Nada de transición ni “como nunca antes” que es el slogan propagandístico de fin de sexenio.

Algunas personas me han insistido que Zeferino sí hizo cosas. A ellos les insisto que esto es cierto y esto no se le puede negar, pues construyó hospitales, carreteras y caminos rurales. Adquirió equipo, mobiliario, papelería, computadoras, helicópteros, automóviles y medicamentos. Otorgó contratos de asesorías y servicios. Edificó mejoras en escuelas comunitarias. Dotó de desayunos a niños y adultos mayores. Dio protección simbólica a grupos vulnerables. Brindó créditos e instaló módulos computarizados para pago de servicios u obtención de documentos, entre otros logros. Ahora bien, hay que resaltar que éstas y otras obras, así como programas, son una obligación inalienable de los gobernantes. Tuvo la oportunidad de llegar a la gubernatura, rodearse de colaboradores, así como manejar recursos propios y/o etiquetados por la Federación y bueno, fue lo mínimo que pudo haber realizado ¿O no?

Si a un profesor se le honra no es por el hecho de haber permanecido décadas en salones de clases, sino porque pudo transmitir eficazmente conocimientos que coadyuvaran a transformar el pensamiento y la actuación de niños y jóvenes. El homenaje es un plus a su actividad profesional, pero no una condición forzosa, porque esa es la función obligatoria que tuvo que cumplir y por la cual fue recompensado con sueldos y prestaciones. En este sentido las condecoraciones salen sobrando cuando un gobernante efectúa sus obligaciones, conforme los preceptos constitucionales y éticos inherentes al cargo. Por esto, Zeferino no fue más o menos que otros gobernadores, pues ejecutó lo que le correspondía llevar a cabo. De cualquier manera el pago en obras y servicios fue raquítico, ya que con ello no solventó ni la millonésima parte de la voluntad y confianza depositada por la ciudadanía por medio de su voto.

Cuando se habla del gobierno 2005-2011 debe estar presente el recuento de daños provocados por la desatención a cuestiones prioritarias en las zonas rurales, suburbanas y urbanas del estado, pues su estancia fue un reacomodo persistente de alfiles pertenecientes a los clanes de adeptos que acompañaron a Zeferino en la administración pública. La mayoría de sus amigos fueron colocados estratégicamente en puestos clave donde hubo manejo discrecional de recursos o en dependencias auditoras, de contratación de personal, transporte, así como en el poder Legislativo y órganos de influencia municipal. Por eso hago mía la línea “Para decir adiós, sólo tengo que decirlo” de la balada interpretada por Alberto Vázquez en la década de los años ochenta del siglo pasado, pues basta que desde ahora miles de guerrerenses no favorecidos por los planes modernizadores zeferinistas, enmarcados en formatos del pasado autoritario, le digan en su paseo de despedida…………….adiós, Zeferino, adiós.

Por las cortinas de humo y muros de lambisconería que lo rodean, Zeferino Torreblanca no quiso darse cuenta que solamente organizaciones de mujeres y empresarios afines le colocan medallas y diplomas de reconocimiento, pero que indígenas, campesinos, comerciantes, estudiantes, profesionales, obreros, empleados, técnicos y amas de casa no tienen una percepción favorable o siquiera aceptable sobre su actuación. Allá él si sigue creyendo como verdad el conjunto de zalamerías que le transmiten sus partidarios por medio de empresas televisivas, radiofónicas y periodísticas, porque durante su administración, Guerrero siguió igual que en la época en que insistía que sí iba a poder comandar los destinos del pueblo a través de la puesta en marcha de programas y actividades para atender/solucionar las demandas populares.

A mes y medio de que vaya al exilio, el cual ha adelantado como sabático necesario “ante tanto desgaste”, Zeferino dejó un panorama de opacidad, desequilibrio y sobre todo de desesperanza, ya que no terminó con la construcción de carreteras; no promocionó adecuadamente al sector turístico, que es el motor principal de la actividad económica del estado; no resolvió los rezagos ni modernizó la Procuraduría de Justicia; no saneó la Secretaría de Educación; no erradicó los actos de corrupción en las áreas de Finanzas, Recursos Humanos y Adquisiciones de las distintas instituciones gubernamentales; no hubo creación de Pymes sustentables, sino únicamente créditos con cargo a fondo perdido, dirigidos a satisfacer solicitudes de empresas creadas en la coyuntura.

“Adiós, que te vaya bien, si un día quieres volver sabes dónde estaré y si no ya me fui” dice un fragmento de la canción interpretada por Mario Pintor, el cual se ajusta a las voces que ha empezado a oír el actual gobernador en eventos donde anteriormente observaba lleno absoluto y porras a granel y que ahora sólo cuentan con minúsculas asistencias. Que se va Zeferino es innegable, pero ojalá antes de que partiera al estado de Texas, U.S.A., pudiera dejar superávit en la tesorería del gobierno. Desafortunadamente ya adelantó que dejará déficit en Educación, Salud, Desarrollo Social, Obra Pública y Economía, reconociendo que persisten los rezagos de todo tipo.

Como ya soltó las riendas y está girando instrucciones para que se entreguen libros blancos por conclusión de mandato, Zeferino no sufre fatiga al acentuar que los problemas de saneamiento estructural serán responsabilidad del nuevo gobernador, restregando con desparpajo a todo quien lo ve y escucha ¡Ahí se ven! la verdad es que dejan un considerable paquete al nuevo gobernador Ángel Aguirre Rivero, como el caso de la seguridad pública, de la cual asegura que tuvo a las mejores policías certificadas (declaración realizada el 21 de febrero 2011), aún cuando la violencia está en la dermis social. Remata este dicho con la afirmación de que su sucesor tendrá menos dificultades gracias a su laboriosidad. Ajá.

Como émulo de Poncio Pilatos, Zeferino, el hombre de la Z, se lava las manos en piletas vacías de Acapulco, porque el agua sigue siendo un artículo de primera necesidad inexistente en el puerto, sitio donde apenas hace una semana regresó su ex-enemigo y actualmente cómplice de andanzas Manuel Añorve Baños como presidente municipal, ya que tuvo autorización temporal del Congreso para competir por la gubernatura del estado, la cual perdió en forma estrepitosa frente al gobernador electo Ángel Aguirre Rivero. Ojalá que cuando Zeferino se vaya lleve consigo a los saltimbanquis, rémoras y delincuentes de cuello blanco que lo custodiaron y que además produjeron la ruina de Guerrero y una opinión pública desfavorable por su ineficiencia. Que se retire con los hermanos Bajos Valverde, Peña Soberanis y Pasta Muñúzuri. Que lo acompañen las familias Donoso, Latabán, González de la Vega y Sierra, entre otras, en su destierro voluntario.

Adiós, Zeferino, adiós. Llegó la hora en que se va y nadie hará nada para exigir que regrese, en virtud que se ganó a pulso el calificativo non grato. Como no forjó cuadros de posicionamiento y operatividad política y como el gobernador Ángel Aguirre Rivero no le debe absolutamente nada (a diferencia de él que sí tuvo que pagar deudas por su investidura, debido a los oficios de priistas connotados, como los nombrados en el párrafo anterior) lo más seguro es que algunos logros de su periodo sólo queden en placas conmemorativas que, con el paso del tiempo se deterioren por los efectos del salitre, y que su gente se retire a malgastar los millones de pesos obtenidos en sus cotos burocráticos. De todos modos los castigos llegarán más temprano que tarde. Ya lo verán.

“Si piensas que por tu ausencia me estoy muriendo, piensan mal porque piensas que vivo triste. Piensas mal porque piensas que estoy llorando. Te equivocas […] vivo cantando y de nuevo dichoso porque te fuiste. Los amores traidores no me hacen daño, mi corazón de mármol es insensible, huye cual ave negra del desengaño……….”

Hay que presionar para que pronto se concreten juicios jurídicos, políticos y administrativos contra los culpables del cataclismo guerrerense. Los juicios de índole social, moral y espiritual serán los más duros, pues los muy prontos ex-funcionarios tendrán que enfrentarlos en soledad con dolencias y enfermedades, vicios reprimidos, sin esposas(os), sin parentelas incondicionales, sin amigos verdaderos o aduladores a toda hora, esperando que el sufrimiento interno concluya lo más rápido posible y no se transforme en muerte lenta y dolorosa.

P.D.

Está cerca el día en que los guerrerenses dejaremos de escuchar folklorismos empleados sin ton ni son, de ver caras largas y de fastidio, de sentir el desprecio de Zeferino y su grupo de notables, de percibir el desgano de gobernar para todos, de ser testigos de imposiciones disfrazadas de decisiones administrativas o defensas mediáticas. Se irán con él vocablos como “verijas”, “vejigas”, “chirundos”, “desarrapados”, “traidores y chantajistas”, “lo que hice no fue de mala fe”, “fajarse las enaguas”, entre otras muchas palabras y frases notificadas en actos gubernamentales. Que lleve sus dichos con él y abra una fundación pro-defensa de la idiosincrasia lingüística de Guerrero o asociación con fines parecidos. Tiene ventaja, pues no será el primero en proponer fundaciones que le devuelvan algunos reflectores públicos de vez en cuando, pues tiene el ejemplo de Vicente Fox y Marta Sahagún. B.H.G. Ω

Etiquetas: , , , ,

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal