ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

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martes, 9 de junio de 2009

FUGA EN PENAL DE ZACATECAS, MÉXICO


FUGA EN ZACATECAS
La evasión en perspectiva ampliada
Por Baltasar Hernández Gómez


“Los de adelante corren mucho y los de atrás se quedarán” era la estrofa que coreaban los cincuenta y tres reos que se dieron fuga el dieciséis de mayo pasado de la cárcel de Cieneguillas, Zacatecas. De las investigaciones realizadas por las autoridades policiacas se ha desprendido que la huida fue planificada por uno de los once criminales más peligrosos de México, Santiago Hernández Navarro. El operativo duró escasamente tres minutos, pues los comandos armados que se introdujeron al penal desplegaron tácticas, con cronómetro en mano y utilizando equipos logísticos y armamentísticos sofisticados.

El escape es digno de hacerse película con estrellas de Hollywood, teniendo como protagonistas a George Cloney, Brad Pitt, Matt Damon, Russell Crowe, Harrison Ford, Bruce Willis y Tom Cruise, así como cuarenta y seis actores más; pero más allá de la fantasía épica de la evasión, el suceso tiene que ser analizado a consciencia por los cuerpos de inteligencia, milicia, seguridad nacional y policiaca de México, a fin de dar con los fugitivos y evitar a la postre este tipo de “hazañas” que derrumban los escenarios de tranquilidad social (hasta la conclusión del presente escrito se habían atrapado sólo a dos fugados).

En una caravana sincronizada de hombres pertrechados hasta los dientes y camionetas similares a las que utilizan las fuerzas del orden federal, los comandos entraron como “Juan por su casa”, teniendo el plus de la presunta cooperación de custodios y la ineptitud de la delegación policiaca, que se encontraba a escasos 7 kilómetros de distancia de la penitenciaría. Sólo en filmes de acción estilo Rambo, Duro de Matar y Fuga de Alcatraz habíamos visto semejante efectividad operativa para rescatar a “buenos o malos”. La policía y las fuerzas militares obviamente brillaron por su ausencia y previsión, sobre todo si se considera que una docena de evadidos eran criminales de alta peligrosidad para el sistema.

La fuga espectacular nos da la oportunidad de analizar tópicos de relevancia, como: la importancia de la detención con vida de personas ligadas a la mafia; institucionalidad de los organismos policiacos y militares; capacidad de maniobra del gobierno (en sus tres órdenes); instrucción, vestimenta, identificación y armamento de los cuerpos de seguridad; estructuras internas de los penales, y la eficacia en investigación, seguimiento y solución de los asuntos inherentes al narcotráfico.

¿Verdaderamente importa detener a los individuos que viven de actividades ilícitas? Si la inversión para la investigación y detención de “malhechores” es elevada en términos financieros, técnicos, materiales y humanos no se entiende por qué después del enjuiciamiento y encierro existe una clara omisión para proteger eficazmente las cárceles (eufemísticamente denominadas Centros de Readaptación Social). La lectura que se hace del escape es: no importa ser atrapado porque hay enormes oportunidades para ser liberado por tropas de asalto en el mismo traslado de los tribunales al penal, o bien, en estadía en los penales malamente llamados de máxima seguridad (recuérdese que en 2001 el capo Joaquín Guzmán Loera se fugó del penal de Puente Grande, Jalisco y ocho años después no hay ningún indicio de ser localizado).

En lo que respecta a la institucionalidad de los cuerpos policiacos y militares la situación se vuelve más caótica para el gobierno, toda vez que si no hay un confianza en sus miembros ¿En quién se confía? Las investigaciones “a la mexicana” no están basadas en la sistemática recopilación, tratamiento y estudio de evidencias ni tampoco por una eficiente labor de seguimiento; sino por la información de infiltrados, desertores de grupos delincuenciales o por “pitazos”(1). Es sabido que muchos policías y militares desertan o piden su baja del activo para incorporarse a las filas de la mafia, a fin de alcanzar mejores niveles de vida por sus servicios de contraespionaje y colaboración. Otros más, sin exponerse directamente, otorgan datos importantes y facilitan las operaciones delictivas, recibiendo mensualmente jugosos pagos en efectivo, drogas o canonjías especiales.

Lo anterior ha hecho que la ciudadanía tenga una apreciación bastante negativa hacia los agentes de seguridad, que impactan a la imagen del gobierno en su conjunto y sitúa en estado de psicosis la convivencia social. Los mexicanos dudamos si los uniformados son verdaderamente lo que pretenden aparentar y nos sentimos completamente inseguros de deambular, permanecer en lugares de convivencia o en casa, porque hay sospechas de ser víctimas de irrupciones, cateos, vejaciones, secuestros, violaciones o asesinatos, sea por aparición de policías, militares o miembros de la mafia.

En lo relativo a la maniobrabilidad gubernamental las cosas no están mejor, en virtud que la capacidad de prevención es ínfima y la de respuesta inmediata mucho menos. La descoordinación, infiltración y fuga de información nulifican la eficacia de los cuerpos dedicados a la seguridad pública, pues cuando se tiene conocimiento de la estancia localizada de un mafioso es seguro que, al momento de la incursión para su captura, se encuentren años luz de distancia, debido a que tuvo el tiempo suficiente para burlar el cerco policiaco o militar. En lo que sí es bueno el gobierno es en la premura de comunicar: inmediatamente se cita a conferencia de prensa para transmitir las imágenes de operativos exitosos (detenciones y decomisos) o de los “casi” arrestos(2). Los funcionarios de seguridad y hasta el presidente de la República se apersonan en los medios masivos de comunicación para emitir mensajes de “que ahora sí están por el camino correcto y se exterminará a los diferentes grupos de la mafia mexicana”. Sin embargo, en la práctica hay un rebase fenomenal de la Cosa Nostra que hace ver a los guardianes del orden como soldaditos de chocolate.

Aunado a ello, la vestimenta, identificación y equipo logístico está fuera de control, pues no hay estandarización para regular los uniformes, gafetes y aparatos de comunicación, que permita asegurar que sólo los agentes de seguridad o militares portan atuendos institucionales. En armerías, tiendas de fornituras y hasta en los mercados de Tepito se adquieren uniformes completos de cualquier dependencia oficial. Lo mismo pasa con las credenciales, que bien pueden ser adquiridas en imprentas o clonarse en equipos computacionales con alta calidad de impresión. En lo que respecta al armamento, lo que se ha visto no está en duda: los revólveres, rifles y ametralladoras, chalecos blindados y cascos de la mayoría de los cuerpos de seguridad son de la era paleolítica, lo cual les da capacidad cero de proactividad y defensa. Armados y vestidos como policías o militares, la mafia supera la efectividad gubernamental, pero sobre todo hace imperar el terror en la psique social.

Aún cuando los penales son considerados como lugares de protección y readaptación, lo cierto es que fungen como universidades del crimen, convirtiéndose en núcleos protegidos -desde dentro y fuera- para comandar todo tipo de acciones delictivas. Hay pruebas de que en las cárceles se comercian drogas, armas, favores sexuales, protección, lujos, salidas clandestinas, bebidas alcohólicas, venta de insumos y hasta escapatorias. Los capos son tratados a cuerpo de rey, lo que los hace más y más poderosos, en tanto obtienen amparo, juicio a favor o fuga.

Se han preguntado ¿Por qué hay motines cuando se prohíben las visitas a los penales y protestas civiles fuera de los muros? No son por defender la humanidad de los reclusos, sino porque habiendo suspensión del tránsito foráneo es más difícil introducir drogas u otro tipo de productos ilícitos que agrandan el poderío de la mafia. Desde adentro de las cárceles hay extorsión por secuestro, prostitución a domicilio y embustes financieros por hacer creer que se ganó un concurso de telefonía o lotería.

Si no hay un instituto de alto rendimiento investigativo, operativo y de seguimiento(3) los cuerpos de seguridad estarán confinados a dar “palos de ciego”, dependiendo, como lo han hecho hasta ahora, de las filtraciones fortuitas, negociadas o pagadas para obtener información que finalice en un operativo exitoso contra la mafia. La infiltración de las estructuras de base, medias y altas es una constante que fragmenta la función de salvaguardar la paz y armonía social. Hasta el momento ni los sueldos elevados, prestaciones, bonos o el prestigio que implicaría ser agente federal, estatal o municipal han sido suficientes para detener la ola de deserciones, traiciones u omisiones en el cumplimiento del deber. Se siguen haciendo dibujos por artistas que se “reclutan” en parques públicos; tomando fotografías por empíricos que toman gráficas afuera de las iglesias; se señalizan las escenas del crimen con vasos desechables; se aplica la tortura indiscriminada para inculpar, y se confía en “la corazonada” y en las llamadas anónimas para actuar contra la delincuencia.

Mientras que las corporaciones de la mafia se modernizan en todos los renglones (reclutamiento, equipo, armas, materiales de procesamiento, comunicación, diversificación de funciones y responsabilidades, ampliación de mercados, contubernio/colaboración y soborno), el gobierno sigue jugando a los policías y ladrones. La mafia está segura y va por buen camino en su visión de negocios, porque sabe muy bien que o se renueva a cada momento o fenece. El gobierno sigue pensando en que vienen los después, que le toca al que sigue o bien hace como que hace, pero no hace nada, para evitar el escarnio y señalamiento nacional y extranjero.

Luego entonces ¿Dónde queda la sociedad civil? ¿Colabora o hace como que no ve, no oye y no percibe? ¿O de plano sirve a las causas de la mafia? ¿Qué hacer? ¿Alguien lo puede decir? B.H.G. bbhdezgomez@hotmail.com baltasarhg@gmail.com www.baltasarhernandezgomez.blogspot.com
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REFERENCIAS.
(1)En la jerga policiaca esta expresión es usada cuando se obtiene información sobre una organización o malhechor, a través de un informante, conocido como “soplón o chiva”, quien otorga datos para la identificación o detención de personas involucradas con la delincuencia.

(2)Altos funcionarios de la PGR, la extinta AFI y de la Secretaría de Seguridad Pública no tienen ningún retraimiento cuando exponen públicamente que los capos, lugartenientes o especialistas de la mafia estuvieron a punto de ser detenidos, pero por alguna razón (filtración o protección de autoridades) se escaparon en el último segundo. El caso del “Chapo” Guzmán es un icono de las leyendas urbanas: los policías han encontrado tazas humeantes de café en donde supuestamente se encontraba localizado, lo que significa que casi casi era atrapado en el momento de darle un sorbo a la bebida recién preparada.

(3)Es necesario saltar el discurso oficial e imponer un centro avanzado de criminalística, conformado por profesionales forenses y de inteligencia con ética, misión y visión nacionalista, a fin de integrar un sistema nacional de investigación, análisis y seguimiento, que tenga: química, serología, toxicología, balística, grafología, base de datos enlazados y sistematizados, rastros de evidencia, equipo de captación y procesamiento de información, psicología, psiquiatría, patología, fotografía, video, antropología, sociología, etc.

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