ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

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jueves, 12 de marzo de 2009

SOLUCIONAR CONFLICTOS: EL YO Y EL OPONENTE


RESOLVER CONFLICTOS:
NO BASTA CONOCERSE UNO MISMO, SINO TAMBIÉN AL “OTRO”.
Por Baltasar Hernández Gómez


Cuando alguien enfrenta un conflicto hay una revisión del Yo (uno mismo y su organización, grupo, partido, empresa, etc.) y sus posibilidades. Primero hay una especie de sentimiento de culpa por no estar haciendo lo correcto o con la intensidad que se necesita y luego aparece la racionalidad de evaluar todo en su justo medio. No obstante de lo lógico que resulta plantearse fallas cometidas o presuponer estar cometiéndolas, se debe abordar el conflicto considerando al Otro, o sea, al adversario, que es el ente con quien se estará interactuando en la disputa de proyectos para alcanzar un fin determinado.

Tener un diagnóstico del Otro es prerrequisito para la operación de una táctica que vaya a la par con la estrategia a mediano y largo plazo sin olvidar el conocimiento de los probables movimientos y respuestas del rival. Es necesario saber acerca del “enemigo”, pero no sólo sus necesidades y capacidades, sino sobre todo el alcance de su intencionalidad.

Muchas veces se asumen riesgos potenciales y se desgastan recursos cuando en realidad el adversario no ha pensado en lo más mínimo atacar las fortalezas propias. Podemos percibir que el Otro tiene necesidad de permanencia, sobrevivencia o ampliación, conforme a las necesidades que subsisten en el ambiente social, pero esto no significa que lo vaya a hacer a costa del Yo.

Más allá de un estudio situacional del contrincante, es preciso tener todas las variables concernientes al Otro y no solamente determinar su plataforma programática. Esta información tiene que ver con el tratamiento de factores tales como:

A. Las intenciones:
El Otro puede estar en una situación de desarrollo, neutralidad o caída y por tanto se debe contar con los elementos (visibles y ocultos) para escudriñar cuáles van a ser los pasos que seguirá para posicionarse en el lugar que desea. Si la intención no es atacar al Yo, ni siquiera vale la pena proseguir en una dinámica de expectativa o defensa, mucho menos de ataque. La medición de la intención del contrincante debe ponerse como punto principal en la mesa para la correcta toma de decisiones, a fin de canalizar esfuerzos en otra dirección y no detenerse a elucubrar tareas que poco valdrían porque se está presuponiendo un conflicto inexistente.

B. La conducta política:
Elaborar una radiografía del adversario nos permite contar con la definición de sus actitudes. Una técnica es investigar su desempeño en procesos anteriores, ya que en ellos ha puesto al descubierto los métodos que siguió para salir avante o no, de un conflicto. El Otro no está en el escenario por generación espontánea, sino que se ha ido conformando, dejando huellas en su trayectoria, las cuales nos dan ubicaciones sobre las vías que despliega para desenvolverse en relación a los otros Otros y hacia nuestro Yo.

Cabe hacerse los siguientes cuestionamientos del Otro ¿Es visceral, temerario, negociador, diplomático, violento, conciliador? ¿Se deja llevar por las noticias del entorno o espera mejores oportunidades para la acción? ¿Es proclive a actuar los fines de semana, días festivos o en semana laboral, para distraer o concentrar la atención de los demás? ¿Recurre a los medios de comunicación o aliados para concentrar sus fuerzas en una dirección específica? ¿Es proactivo o reacciona ante la inminencia de un problema? ¿Trabaja en solitario o se rodea de los mejores profesionales y amistades para salir avante de un conflicto? ¿Habla y amenaza en demasía, pero actúa poco o viceversa? ¿Trabaja soterradamente o actúa pomposamente en público? ¿Es alguien que se precia de cumplir con su palabra o simulador para salir del paso? ¿Despliega sus recursos sin cortapisas o dosifica su uso?

C. Los medios con que cuenta:
En la medida en que hay un recuento de los recursos materiales, financieros, humanos y técnicos del adversario, se pondera la fuerza del Yo, es decir, se tasan los elementos tangibles e intangibles que se tienen. Esto permitirá dosificar el uso de recursos y procedimientos para impactar certeramente al rival. El conocimiento del potencial contrario dota al estratega de una dimensión concreta de los elementos que se tendrán que desplazar en un conflicto.

Esta información nos otorga seguridad para administrar los recursos, a fin de defender los intereses sin malgastar energías. En un conflicto vale la pena resguardar recursos y trasladar capitales de aliados contra el enemigo. Si se cortan los suministros al Otro y se acumulan los propios, luego entonces se podrá diezmar, dispersar o aniquilar las fortalezas atacantes hasta una posición donde la victoria esté asegurada.

CH. Los aliados y adversarios:
Nadie hace nada solo. Nadie es lo suficientemente autónomo para actuar en un ambiente sociopolítico y económico sin contar con aliados y su contraparte (adversarios). Realizar el conteo de quiénes son aliados y contrarios da la ocasión para regular la estrategia en tiempo, espacio y condición.

Después de este recuento se requiere el afianzamiento de las cofradías que están del lado del Yo, tratando -al unísono- que el número de adversarios disminuya o no participe en el conflicto. Primero es indispensable neutralizar ataques de adversarios coaligados al Otro, dejando en claro que es más conveniente que no se introduzcan en el conflicto, toda vez que esto les podría redituar pérdidas o más enemigos.

Si esto no se consiguiera, hay que demostrar que el conflicto puede resolverse adecuadamente sin la inclusión de elementos ajenos, porque el ataque no sólo irá dirigido al Otro, sino también hacia ellos por sumarse a la causa. El Yo empleará sus fortalezas y la de sus aliados para obtener el triunfo y es aquí donde el socio del Otro, puede perder más por lo menos, no solamente porque se convertiría en un enemigo directo, sino también de los aliados del Yo.

Estos indicadores dan certeza para estar al tanto cómo el Otro percibe y detalla al Yo. Si la fuerza opositora cree que es superior estará dispuesto a emplear todo su poder para la anulación, lo que lo vuelve poco cuidadoso en la utilización de sus propósitos y alcances. Muchas veces conviene edificar una imagen de poder extremo para espantar a los Otros, pero otras es mejor que la imagen sea sustentada en bajo perfil, para que se pongan a descubierto los enemigos y entren al círculo de control y dominio propio sin posibilidades de escapatoria.

En el caso de que el oponente aprecie la fuerza del Yo, luego entonces la respetará desde antes que inicien los ataques. Si el Otro valora la fuerza del Yo, pero siente que su poder es igual o mayor intentará como mínimo neutralizarla, olvidándose de aplicar su poderío a fondo y esto es un resquicio explotable para hacer que sucumba.

Si el Otro divisa demasiado poder en el Yo, el respeto se transmuta en temor y desvalorizará su fuerza, quedándole la táctica de infiltración para socavar desde adentro. B.H.G.

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