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viernes, 27 de febrero de 2009

¿TEXTO U OBRA LITERARIA?


¿ TEXTO U OBRA LITERARIA ?
Por Baltasar Hernández Gómez


Cuando alguien experimenta el inmenso gozo de escribir y luego tiene la valentía de someterlo al examen público tiene que identificar claramente que sus pensamientos, investigaciones y sentimientos se convierten en una estructura organizada de conceptos, que van a dar forma a un texto. Hablar de obra literaria no implica tan sólo la hechura del texto, sino la interrelación del mensaje que desea transmitirse y la interpretación que hay del mismo por parte de quien lo lee.

El texto es el elemento que vincula al autor con el producto que está elaborándose (o como bien se dice “cocinándose”), mientras que el sentido literario de la obra sólo aparece cuando participa el lector. Esto es un proceso de dos vías: el texto se convierte en lectura significativa, estética y lúdica cuando hay encuentro entre lo que se pretende comunicar y lo que es interpretado y sentido.

Algunos puritanos han declarado que la obra literaria (que como vimos deja de ser simplemente texto) se circunscribe a la lectura directa. En otras palabras establecen que no debe intentarse ir más allá de lo que las palabras señalan. Piensan que la interpretación deforma la codificación del autor, alterando la intencionalidad del texto. Sin embargo, debe quedar bien claro que ninguna obra es realizada para que el autor se comunique a sí mismo, sino para que invada la interioridad de los lectores que escogen tenerla.

Por tanto, hay que dar al texto y su implicación literaria una dimensión menos reduccionista, a fin de que sean las palabras del autor quienes se pongan en contacto con los lectores. La obra del autor no solamente refleja su universo, sino también pretende proyectar el mundo exterior de los otros y sus múltiples implicaciones. Las líneas textuales se metamorfosean en pensamientos activos, pues no pasan delante de los ojos de los lectores como si fueran una película, sino que transitan dinámicamente en una visión universal de los hechos que se piensan, pero sobre todo que se viven. Los conceptos del autor son factores que decodifican otros elementos emotivos y/o racionales en el lector, permitiendo tener un enlace con sus propias experiencias.

La persona que lee se enfrenta a la obra en una posición proactiva y no pasiva, pues opina, critica, reafirma o simplemente se deleita. La interconexión entre lo que dice el escritor y lo que está pensando y sintiendo el lector es la prueba fehaciente de que el texto ha dejado de ser un manojo de palabras construidas en forma lógica e interesante, para dar paso a un espacio donde ambos se reinterpretan, de acuerdo a “lo que se quiso decir y a lo que verdaderamente se apropia”.

De tal modo que “lo leído” adquiere un significado distinto o enriquecido para el lector, pues éste puede volver a conceptualizar su existencia al adherirse a la obra. La lectura es un proceso que recrea el pasado y la inmediatez, proyectando expectativas a futuro. Es por esto que el texto convertido en obra literaria es transformado y puesto en práctica mediante el acto de leer.

Cuando un autor logra sintetizar y recrear una vivencia, convirtiéndola en una obra significativa (sea cual fuere la tipología del escrito) puede apreciar una respuesta de los lectores. El clímax está en que los que se apropian del mensaje exhiben plena empatía con lo planteado. Muchas personas al leer exteriorizan asombro, porque piensan que “ellos mismos pudieron haber escrito dichas frases”.

Ocurre igual con aquella gente que, al escuchar una canción, opinan que la letra acompañada de música relata algo similar a su propia experiencia de vida. Todas las expresiones artísticas tienen como meta llegar a esta zona de identificación: la pintura que desborde sentimientos; la escultura que capte asombro; la danza que estimule sensaciones, etc. Y es en este punto cuando el escritor puede ufanarse de que fue interpretado en su justa medida, toda vez que logró equiparar sus mensajes al denominador común de los sentidos de quienes lo leen.

No hay autor sin lector, porque la obra puede perdurar impresa o digitalizada por siglos, pero si no es leída carecerá de validez, haciéndola desaparecer en el vacío.B.H.G.

Referencias:

Umberto Eco. Obra abierta, editorial Seix Barral, España, 1975.

Wolfgang Iser. The act of Reading, editorial Universidad de John Hopkins, Baltimore, Estados Unidos, 1978.

Jorge Rufinelli. Comprensión de la lectura, editorial Trillas, México, 1989.

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1 comentarios:

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