ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

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martes, 3 de febrero de 2009

MUERTE DEL SECRETARIO DE GOBERNACIÓN EN MÉXICO (noviembre 2008)


LA MUERTE DE JUAN CAMILO MOURIÑO TERRAZO
(4 de noviembre de 2008).
Por Baltasar Hernández Gómez


Réquiem del avionazo.

Independientemente de que un fallecimiento es siempre motivo de lamentación, la muerte de Juan Camilo Mouriño Terrazo es una cuestión de Estado. Si bien es cierto una vida es igual a otra en términos humanistas, el deceso de quien fuera Secretario de Gobernación es un asunto eminentemente político, que debe ventilarse para no sumir al país en una percepción de inseguridad incontrolable.

Quiero subrayar que el dolor y la solidaridad demostrada ante la muerte del funcionario nacido en España en 1971 y naturalizado mexicano en 1989 deben ser vertidos también hacia las personas que murieron o quedaron heridas en tierra, las cuales no recibieron homenajes dignos de héroes de guerra ni excelsas defensas a su dignidad, honestidad y trayectoria. Para todos los deudos mis condolencias y el deseo de que la justicia descubra los por qué de este trágico accidente.

El imperio mediático convirtió la muerte de Mouriño Terrazo, funcionarios acompañantes y de ciudadanos que transitaban por una de las zonas con más afluencia del Distrito Federal, en un espectáculo parecido al de los programas televisivos de investigación criminalística. Más allá de que el presidente Felipe Calderón Hinojosa parafraseó versículos bíblicos de bienaventuranza y expresó a flor de piel su conmoción por la desaparición de Juan Camilo, quien fuera miembro prominente de su gabinete, uno de sus mejores amigos y asesor de cabecera; el macabro percance se transfiguró en set cinematográfico donde no faltaron declaraciones de personajes de la vida política y artística, policías y soldados en estado de alerta, redobles marciales, banderas ondulantes y biografías para uso exclusivo de mártires de la Patria.

Lo sentimentaloide y el “complotismo” fueron la envoltura del infortunio convertido en mercancía, que se vende por los medios de comunicación a un público ávido de sensacionalismo ante la crisis generalizada de satisfactores y valores, que día con día desmoraliza el espíritu de unidad de los mexicanos. Ni hablar, los negocios son negocios y ninguna aflicción es lo suficientemente importante para detener tintas, voces e imágenes en color amarillo y rojo. Sin duda alguna la muerte vende y vende bien.

Trayectoria de Mouriño en política.

Mouriño Terrazo incursionó en la política hace apenas 11 años cuando obtuvo la diputación del quinto distrito en Campeche, convirtiéndose así en el parlamentario más joven de la LVI Legislatura de ese estado. Posteriormente llegó a ser -por la vía plurinominal- diputado federal. En la LVIII legislatura conoció a Felipe Calderón Hinojosa, quien inmediatamente lo integró a su esfera de influencia en la presidencia de la Comisión de Energía de la Cámara.

Antes de culminar con su encargo representativo intentó llegar a la alcaldía de Campeche, pero perdió frente al priísta Fernando Ortega Barnés, hoy senador de la República. No obstante este escollo electoral se integró al núcleo “Amigos de Fox” y encarrilado el ratón, como dice el proverbio popular, Mouriño Terrazo fue nombrado coordinador general de asesoría y enlace de la Secretaría de Energía cuando el actual mandatario de la Nación era titular de la dependencia.

Posteriormente fue designado Subsecretario de Electricidad por el ex-presidente Vicente Fox Quesada y en 2006 ocupó la jefatura de la oficina de la presidencia siendo Felipe Calderón Hinojosa mandatario nacional……De ahí pal real en caballo de hacienda hasta el edificio de Bucareli.

Por razones de espacio y debido a la línea directriz del presente ensayo, dejo al margen los señalamientos sobre el origen, consolidación y crecimiento desmedido de la fortuna política y económica de la familia de Juan Camilo y los nexos “empresariales” que presumiblemente tiene Carlos Mouriño Atánes (padre y cabeza del clan) con negocios en México, España, Estados Unidos y supuestas ligas con organizaciones ilícitas, que se han beneficiado con tráfico de influencias y estupefacientes.

Desde hace algún tiempo muchas actividades de la familia están siendo investigadas a nivel nacional e internacional y son motivo de incontables especulaciones de corrupción e impunidad al más alto nivel. Hasta aquí dejo el comentario.

Implicaciones del accidente.

Antes de conocer los resultados periciales sobre las causas del accidente aéreo se hace necesario desmenuzar el hecho con ojos distintos a la de los guardianes de la conspiración banquetera o de café, ya que el mortal incidente es un suceso enmarcado por la guerra entre el Estado mexicano y el crimen organizado, así como los vaivenes en el ámbito político y financiero.

Más allá de que el avionazo haya sido producto de una falla técnica o humana -por razones de uso o inducción- éste ocurrió en el preciso momento que se realizaba la elección presidencial en Estados Unidos; en el centro neurálgico del país; a casi dos meses del granadazo en Morelia, Michoacán; después de espectaculares detenciones y decomisos al narcotráfico, y una vez aprobada la reforma de Pemex.

El avión no transportaba paquetería o productos imperecederos, sino a un grupo selecto de colaboradores del Poder Ejecutivo, como es el caso de Juan Camilo Mouriño Terrazo y José Luis Santiago Vasconcelos, ex-titular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada de Delincuencia Organizada, quien se había salvado con anterioridad de operativos de exterminio por parte de las fuerzas del narco. Luego entonces el avionazo es un asunto mayor que concierne al Estado y su gobierno…… Ni más ni menos.

Está por cumplirse el primer tercio del mandato constitucional de Felipe Calderón Hinojosa y se ha tenido que prescindir a forciori de los servicios de investigadores, fiscales, comandantes y funcionarios de primerísimo nivel en el gobierno. Por lo mismo hay que instalar en altorrelieve las palabras ofrecidas por el Presidente de la República, una vez confirmado el fatal accidente: “Pido a todos mis colaboradores redoblar esfuerzos y continuar con sus actividades por el bien del país”.

En la forma hay contenido -estableció Jesús Reyes Heroles- y en esta ocasión el discurso oficial filtró gran preocupación sobre el estado de cosas domésticas y la percepción circundante de que gobernar es una tarea peligrosa. Queda suspendido en el aire el pensamiento de que no hay nada que compense ataques a la integridad física. Los bonos por riesgo laboral o condecoraciones post mórtem ya no son alicientes para trabajar por México. Hoy más que nunca nadie quiere morir en el intento.

Otras consecuencias.

Las piezas del ajedrez calderonista están siendo sometidas por las circunstancias imperantes. La estrategia de mantener en su equipo a cercanos y eficientes colaboradores ha sido rota por variables no previstas o medianamente dictaminadas (quiebra del sistema económico-bursátil mundial, fluctuaciones del petróleo, etc.), pero también por los ritmos implantados por los enemigos del establishment (políticos opositores radicales, crimen organizado, presiones de grupos de interés, entre otros).

¿Quién será, de qué grupo provendrá y cuáles serán las instrucciones del nuevo Secretario de Gobernación? ¿Se caerá en una especie de aletargamiento/omisión por parte de los servidores públicos, especialmente los que atienden asuntos de seguridad nacional, procuración de justicia y combate a la delincuencia organizada? El presidente Calderón Hinojosa se encuentra en la disyuntiva de colocar a un político afín a su proyecto, o bien, ubicar a un político equilibrado y eficaz sea cual sea su condición política y de interés, teniendo presente la gravedad de la situación.

¿Se colocará por encima de todo el interés nacional o dominará la pretensión de grupo para afianzar 2012 y los años subsecuentes? En este mismo cuadrante observamos que la pus no termina de salir de los organismos de seguridad pública y es inocultable la existencia del miedo mezclado con contubernio por el “sospechosismo latente” que trae consigo el fenómeno atentado.

El desazolve de los canales de diseño y operación en esta vital área será más lento de lo originalmente concebido o de plano sumamente difícil de cumplir, por no decir imposible. Las reacciones previsibles en lo macro (nacional) y en lo micro (estados y municipios) están situadas en coordenadas de fluctuación y desconcierto.

Traspasando las líneas del discurso nacionalista, que acentúa reforzamiento en las tareas gubernamentales, equipamiento y recursos para combatir la crisis económica e inseguridad; el factor temor predomina en los hombres y mujeres que detentan puestos públicos. En el común denominador ciudadano persiste un sentimiento extremo de incertidumbre “a lo que vendrá”…. ¿Y ahora quién podrá defendernos? como decía el famoso personaje de El Chapulín Colorado.

Los sectores sociales y políticos que desean postergar decisiones o cambiar proyectos están al acecho, alistando tácticas para magnificar presión, sobre todo en temas como: Ley del ISSSTE, Acuerdo para la Calidad Educativa, Ingresos y Egresos de la Federación, así como la elaboración y puesta en marcha de la Reforma Integral del Estado (reforma político-electoral, reforma jurídica-constitucional, inversión financiamiento y participación relativa al TLC, electricidad, transporte y comunicaciones, por ejemplo). Sin lugar a dudas el avionazo diversificó los frentes de batalla y puso en la fragua los problemas existentes.

Ronda de especulaciones.

En la espera de conclusiones de peritos mexicanos y extranjeros, el consciente colectivo mantiene fija la idea de que la caída del jet no fue un accidente como los que ocurren en líneas aéreas comerciales. Hasta ahora, dentro del espectro “de lo probable”, la(s) falla(s) que pudieron provocar la precipitación del avión se inscriben en tres hipótesis de investigación: 1) Error humano, 2) Descompostura de un dispositivo mecánico, eléctrico o electrónico y, 3) Atentado.

Los datos que se tienen a disposición apuntan que el jet venía en ruta, sin embargo en fracción de segundos los controladores del aeropuerto perdieron contacto visual y comunicacional. No se da razón de explosión ni aviso de emergencia por radio u otra vía. Por tanto, la supuesta falla humana no tiene sustento, en virtud de que no hay evidencia de crisis durante el vuelo y mucho menos durante la maniobra de aterrizaje ¿Se habrá quedado dormida -de súbito- la tripulación por comer alimentos o bebidas dentro de la nave? ¿Se desmayaron los pilotos y funcionarios por la repentina inhalación del smog de la capital o de un gas letal?

Si hubo descompostura en algún instrumento de navegación ¿Quién o quiénes revisaron y dieron mantenimiento al “learjet” en San Luis Potosí, que fue el último lugar donde estuvo estacionado? Si el error provino de piezas aeronáuticas defectuosas se hubiera hecho notorio en el despegue o en el trayecto-crucero ¿Por qué no hubo reporte para activar un plan B de emergencia?

Concediendo sin conceder, como estipulan los abogados, que la caída del avión hubiera sido producto de un atentado, éste no se dio por explosivos, misil o bazuca, cabiendo la única posibilidad de infiltración en el manejo de refacciones, recarga de combustible, avería de instrumentos electrónicos y hasta la introducción del “pulso electromagnético”, para fundir comandos de control. Al estar viviendo los tiempos en que la cruda realidad rebasa con creces la ficción, nos hemos transformado en participantes del juego perverso de las deducciones. Piensa mal y acertarás.

Sin embargo, la información sobre la investigación oficial de este accidente (apoyada por expertos de Estados Unidos e Inglaterra) arroja que el derribe del aeroplano se debió a la denominada turbulencia del avión comercial que venía en proceso de aterrizaje antes que el learjet donde viajaban los altos funcionarios del gobierno mexicano. Turbulencia fatídica a la supuesta distancia tan corta que venía el jet donde se transportaba, entre otros, el ahora ex-secretario de Gobernación mexicano.

A manera de conclusión.

El avionazo es un mensaje en sí mismo (ya sea por descompostura, lo cual es versión oficial; o provocado que es parte de lo especulativo del asunto), ya que sus alcances no quedan en el escenario del accidente, sino que impacta a la columna vertebral del gobierno mexicano. El presidente Felipe Calderón Hinojosa y su programa estadista para organizar, dirigir, evaluar y solventar los asuntos internos de la Nación (gobernabilidad, funcionamiento del aparato administrativo, comunicación y redes de información, enlace y resolución de la agenda legislativa y judicial, entidades federativas, municipios, partidos políticos, organizaciones sociales, seguridad nacional y protección civil) fueron contundentemente trastocados.

Por lo mismo le resulta imperativo realizar reacomodos y cambios sin demora. Si no lo hiciera, el país se nos estaría escapando de las manos…..Y todavía quedan cuatro años. A 6 días de la muerte de Mouriño el presidente Calderón Hinojosa nombró a Fernando Gómez Mont como nuevo titular de la Secretaría de Gobernación, que es la dependencia del gobierno mexicano que controla los hilos de la política interna. Más allá del afecto al amigo fallecido estaba la urgencia de no dejar acéfalo este ministerio, sobre todo por el cúmulo de acontecimientos políticos en el Congreso, las elecciones estatales en varias partes del país; la movilidad y presencia del narcotráfico, y la situación económica a nivel mundial.B.H.G.

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