ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

Este es un espacio para conceptualizar, analizar, efectuar crítica y proponer estudios sobre política aplicada, marketing, comunicación, educación, métodos aplicados, alta dirección y proyectos sustentables. Contacto:baltasarhernandezgomez1@hotmail.com, baltasarhg@gmail.com

martes, 20 de enero de 2009

PRINCIPIOS Y CARACTERISTICAS DEL SAMURAI MODERNO

SAMURAI MODERNO
Vivir sin hacerse harakiri
Extracto del libro de mi autoría editado y publicado, 2008.
Baltasar Hernández Gómez

ÍNDICE
INTRODUCCIÓN 12-13
LA CONCEPCIÓN SAMURAI 14-17
EL CÓDIGO SAMURAI 18
Rectitud 19
Coraje 19-20
Benevolencia 20
Respeto 21
Sinceridad 22
Honor 22
Lealtad 23

CUALIDADES DEL SAMURAI 24
La observación 25-26
Nada al azar 27-29
Sin contemplaciones 30-32
Ser impecable 33-34
Ser actuante 35-36
Ser impredecible 37-39
Ser cazador 40-41
Tomar decisiones 42-43
Ser implacable 44-45
Ser humilde 46-47
Nada es necesario 48-49
Certeza de morir 50-52
Sin rencor 53-54
Acercarse y alejarse 55-56

PROVERBIOS DEL SAMURAI 57-59
Todo lo que parece complicado 60-61
se arregla de la forma más sencilla.
Cuesta lo mismo estar feliz que enojado 62.
Si tiene poder dirija a personas, 63
si no, pues no.
Quien no trabaja no se equivoca 64.
Si es feliz no lo diga, ya se le pasará 65.
Las personas ociosas son las que 66
se cansan más.
La estupidez de creer saber todo es 67-68
más infinita que el cosmos.
Hay dos tipos de fracasos: por no 69
escuchar a nadie y por escuchar a todos.
La experiencia es lo que se obtiene 70
justo después que uno la necesita.
Los viejos paradigmas son cómodos… 71-72
también los ataúdes.
No conviene llamar la atención 73
ni provocar envidia.
La gente tira a matar cuando 74
volamos muy bajo.
Mucho de lo que somos como humanidad 75-76
ha dependido de la sin razón.
La victoria tiene algo “negativo” 77
jamás es definitiva.
Los préstamos son como los chiles 78-79
en escabeche: los disfrutas hoy con
mucho gusto y mañana te achicharran
el trasero.
El sufrimiento en privado es bastante difícil… 80-81
en público es insoportable.
Existen cuatro cosas que jamás 82-83
se recuperan: la piedra arrojada;
la palabra dicha; la oportunidad perdida
y el tiempo pasado.
Hable pausado, pero piense rápido 84-85.
Cuando le hagan una pregunta que 86-87
no quiera responder: vea el rostro
de su interlocutor y devuelva el
cuestionamiento ¿Por qué desea saberlo? La regla de las tres “R”: 88-89
respeto a sí mismo,
respeto a los demás y
responsabilidad de los actos.
Errar es humano, pero culpar a otros aún más 90-91.
Hay dos palabras que le abrirán 92
muchas puertas: “jala” y “empuja”.
Si no puede convencerlos, confúndalos 93.
Nunca luche contra el viento 94-95.
Recuerde siempre que es único…al igual 96
que los demás.
Todo mundo parece normal hasta 97-99
que se da a conocer.
La depresión es sólo un acto sin entusiasmo 100-101.
Apoye a las bacterias: son las únicas 102-103
que pueden “cultivar” algo en ciertas
personas.
La luz viaja más rápido que el sonido, 104-105
por eso alguna gente parece brillante
hasta que la escuchamos hablar.
Cuando le digan que no puede… 106-107
fortalecen más la decisión de hacerlo.
Cuando un hombre no sabe hacia 108
dónde navega, no hay viento que lo
lleve a algún lado.
Preferible una verdad que duela 109-110
a una mentira que mate.
Alabanza en boca propia es vituperio 111-112.
El camino al infierno está 113-114
pavimentado de buenas intenciones.
El mejor rival es el que no existe 115-116.
El último minuto tiene sesenta segundos 117-118.
No hay enemigo pequeño 119-120.
No importa que vea a otros tener fuerza, 121-122
lo importante es cómo equilibra su poder.
El arrepentimiento no existe: 123
uno acierta o se equivoca.
El poder es como un explosivo: 124-125
se maneja con cuidado o estalla.
Las grandes almas tienen voluntades; 126-127
las débiles tan sólo deseos.
No acepte obsequios de sus adversarios 128-129.
Un suspiro tiene la fuerza de un huracán 130-131.
Fiat volúntas universum 132.
Saber más cosas del todo, que saber 133-134
todo de una sola cosa.
Dar todo lo que sabe por la milésima 135
parte de lo que ignora.
Quien no tiene temor no puede actuar 136-137.
Basta un instante para convertir 138-139
a un hombre o mujer en samurai.
Vencerse a sí mismo es la máxima victoria 140.
La victoria vuelve estúpido al triunfador 141-142
y rencoroso al vencido.
No existen actos inevitables 143.
La vida fácil suele ser la más difícil 144-145.
Conclusiones.

INTRODUCCIÓN
En la modernidad el hombre y la mujer tienen la obligación de saber que están interconectados a un conjunto de relaciones donde la máxima regla impuesta es la exterioridad, es decir, la valoración del reflejo de uno en los otros y viceversa. Sin embargo, esto deja olvidada la interioridad, que es punto medular de todo lo que sentimos, pensamos y hacemos.

La gran mayoría de las personas basan su actuación social en criterios de cómo creen que se ven y cómo juzgan a los otros, sin ponerse a pensar que la realidad es un desafío que debe asumirse con sentido y voluntad.

La mejor manera de afrontar al mundo es tomar todo lo que se nos presenta como un reto y la mejor manera para transitar los caminos de la vida es como un samurai, que siente y hace sentir que cualquier cosa que desarrolla es un combate donde va todo su ser.

Si no sigue por esta ruta, estará secuestrado en la creencia -bastante extendida- de aceptar que todo o es una bendición, o bien, una maldición, lo cual significa viajar en un bote a la deriva, dependiendo del juego perverso recompensa-castigo. La verdad es que no se puede andar por la vida jugando a los dados.

Ser samurai no es un asunto aleatorio o coyuntural, como si fuera colocarse los calcetines o limpiarse la nariz. Convertirse en samurai es una lucha permanente que va formando un carácter sui generis para la toma de decisiones. Nadie nace samurai y para llegar a serlo es necesario adquirir un cúmulo de conocimientos conceptuales para luego traducirlos en práctica pura, y así alcanzar equilibrio y armonía.

Un samurai trata todo lo que le rodea con respeto y no pasa por encima de nada o nadie a menos que en verdad tenga que hacerlo para sobrevivir. Un samurai no deja ningún acto al libre albedrío y si se “mete” con alguien tiene la convicción de lo que está haciendo, asumiendo riesgos y responsabilidades.

LA CONCEPCIÓN SAMURAI
El término samurai tiene dos acepciones: 1) Está referida a los guerreros japoneses como servidores y/o guardianes, y 2) Se emplea para designar al hombre preparado para la guerra. El samurai es un luchador experto en las artes marciales con habilidad extraordinaria en el manejo del sable y el arco, pero que también se enfila a la perfección interior para conducirse.

Su destreza para la guerra no queda en el campo de batalla, sino que traspasa el umbral del mundo cotidiano. Vive para ser congruente consigo mismo; tiene pertenencia absoluta a sus principios, a la familia y a sus propósitos que le den consistencia. El samurai vive con lo necesario porque no requiere atesorar riquezas materiales y su interés se centra en actuar con honor y valor. El hombre o mujer samurai no teme morir en vano y por eso se entrega milímetro a milímetro en cada combate que libra.

Tiene presente el orgullo de un ser de conocimiento, estricto consigo mismo y con los demás, ya que cada momento es una increíble porción de vida que puede terminarse, por lo que valora cada situación que se le presenta. Vive y lucha significativamente cada instante, en virtud de que su pensamiento no admite sentimientos intermedios.

En la modernidad el samurai recoge el estricto código de ética denominado bushido, que significa “camino del guerrero”, que en su forma más acabada, es praxis que exige ponerse en estado latente de “vivir sin temor”, para actuar con la mayor intensidad.

Pese a que estas normas disciplinarias estuvieron orientadas a la guerra y a la defensa del status quo, hoy en día el bushido ha sido revalorado como factor de cohesión interna. En la actualidad es muy fácil criticar la inflexibilidad de los guerreros japoneses del siglo XII, sin embargo, cuando se visualiza su posición de combatiente salta a la vista que sus anclajes ideológicos pretendían fuerza y equilibrio.

Si aceptamos la consistencia samurai como baluarte de fortalezas y contradicciones, reconoceremos su trascendencia para impulsarse a través de la estrategia, entrega, honor, tolerancia, pero sobre todo del espíritu que vive al máximo. Esta combinación de elementos -fuera de mitos y leyendas- hace que hoy en día las personas que desean ser samurai recobren conciencia, situándose en un nivel supremo de ser y estar.

EL CÓDIGO SAMURAI
Siete son las virtudes que componen el código básico de un samurai:

Rectitud.
Ser recto es igual a ser directo, es decir, “de una sola pieza”. Representa la fortaleza para tomar decisiones correctas y seguir viviendo. La rectitud es fidelidad con los convenios personales que hay entre uno y la realidad.

El samurai con rectitud adopta justicia y honradez para sí, dando siempre el beneficio de la duda a los demás, pero jamás es confiado ni ingenuo. Para él no hay claroscuros: sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

Coraje.
El samurai comprende que no puede estar en la medianía de las personas temerosas que no actúan con determinación. Sabe que vivir no es un asunto de ocultamiento y por eso afronta al mundo con coraje. Su coraje no es ciego o visceral, sino premeditadamente inteligente.

Un samurai sustituye el temor por la planificación audaz, la precaución y la fuerza en todos los actos que realiza, reemplazando el miedo por respeto y prevención.

Benevolencia.
La benevolencia no es sinónimo de bondad, pues el samurai actúa tomando decisiones al vuelo. Vive en combate permanente sin detenerse a pensar si lo que lleva a cabo es bueno o malo. Al desarrollar rapidez en sus actos y aceptar los ritmos de su entorno, tiene la certeza que su poder se usa para alcanzar sus propósitos.

Ser benevolente no es igual a convertirse en “alma de la caridad”, sino a ser recíproco con el ambiente que lo rodea, porque sólo así logra sus fines sin perturbaciones inesperadas.

Respeto.
El samurai está consciente de su poder y por eso no lo despliega innecesariamente. Esto hace que no tenga motivo para ser cruel, ya que al no requerir demostración de su condición trata con respeto a los demás.

El samurai no busca aprobación y tampoco emplea tácticas inadecuadas para conseguir sus fines. Su desenvolvimiento es cortés con aliados y adversarios. Esta virtud le asegura ser visto y tratado con respeto, no solamente por la impecabilidad al realizar sus actos, sino por la forma en que trata a las personas.

Sinceridad.
El samurai demuestra entereza con la palabra dada, pues cuando asegura que va a realizar un acto, es como si ya estuviera hecho. Nada lo detendrá para realizar su propósito y por eso no promete, cumple.

El simple acto de hablar pone en movimiento su ser, porque la sinceridad se mide bajo el fundamento pensar- actuar.

Honor.
El samurai no actúa pensando que hay jueces dictaminando a favor o en contra de sus actos. Sabe que el tribunal más implacable -al que no puede engañar- es él mismo. Las decisiones que toma y cómo las ejecuta son un reflejo de lo que es.

El honor entendido así es coherencia entre pensar y hacer. El honor es suyo, no una mercancía intercambiable, que busca aceptación.

Lealtad.
El samurai es leal con su actuación y respeta a sus pares. Reconoce que decir, pensar y hacer es algo de su pertenencia y por ende es fiel a sus decisiones.

Es responsable de cómo vive y deja vivir, así como de todas las consecuencias que le prosiguen. La lealtad no es medible por subjetividades, tales como amor, compasión o capricho, sino por la magnitud y consistencia de los actos que realiza.

CUALIDADES DEL SAMURAI

LA OBSERVACIÓN
Un samurai debe observar todo, desarrollando certeza para advertir los elementos tangibles e intangibles en su entorno. Ésta es la característica esencial para saber dónde está situado y cómo debe actuar para salir avante en su proyecto de vida.

Por ningún motivo se confía de lo que sabe o supone conocer, ni pretende obviar factores visibles u ocultos a simple vista, porque en esto radica su éxito.

Observa rostros, gestos, palabras, circunstancias y la disposición de las cosas para interiorizarse en el ambiente donde se encuentre. Esto es trascendental porque ofrece la proporción exacta de dónde, con quién, cómo y cuándo ejecutar sus destrezas.

La observación permite conocer los actos que se emplearán por los otros y da oportunidad a la planificación en ese instante y a futuro. Observar otorga poder para descifrar códigos secretos para la mayoría, abriendo la posibilidad de acceder a un nivel hegemónico sin llevar a cabo luchas infructuosas.

Observe primero para luego ver, sólo así tendrá acceso a una realidad más clara. Preste atención a las circunstancias que rodean sus encuentros; analice las salutaciones, las facciones de los demás; tenga presente el modo en que se dicen las palabras y pondere las intenciones de los demás.

La observación permite tener un panorama global y al tener este tipo de visión no existe involucramiento en el juego de intereses y pasiones que hay en medio. No participe en algo si no es jugador y tiene las cartas en la mano.

NADA AL AZAR
Un samurai no deja absolutamente nada a la suerte, porque nada es casual y mucho menos involuntario. La naturaleza del mundo no es azarosa, pues se compone de leyes (muchas descifradas por la razón científica y otras que todavía conservan su misterio) que ponen a cada quien en el sitio exacto.

En el mundo de la vida todas las personas persiguen fines, nada es como parece de simple y por esto es imprescindible que nada se deje a designios externos. El samurai rechaza la moraleja “cuando el destino nos alcance”.

Siempre hace uso de su voluntad y capacidad para cumplir sus propósitos y para modificar el curso de las situaciones que afronta. Si se deja la voluntad al azar estará permitiendo que otros impongan condiciones y no hay nada peor que perder el control.

Al saber que nada se hace “por tirar los dados” empleará todo su ser en actuar porque nada es sencillo o complejo como parece.

El humano da por hecho una serie de cuestiones vitales, tales como: respirar, caminar, pensar, hablar, reír o simplemente dormir, no obstante que cada uno de estos actos son encendidos por una intrincada red de reacciones físicas, químicas y eléctricas, que ponen al descubierto movimientos corporales, intercambios de fluidos y sinapsis neuronal.

Un samurai nunca da por hecho nada y todo lo asume como un nuevo reto donde emplea lo que esté a su alcance, porque si nada es azar, sólo le queda impulsar su determinación para generar oportunidades y luego convertirlas en fortalezas.

El samurai nunca se abandona a su suerte y lucha -en primera instancia- por aceptar su devenir, para luego, si lo desea y puede, trastocar lo que aparentemente es inevitable.

*** El libro completo consta de 150 páginas…Esta versión es de preámbulo. B.H.G.

Etiquetas: , , , , ,

2 comentarios:

A las 27 de febrero de 2013, 7:22 , Blogger meh crew ha dicho...

Como puedo tener el entrenamiento y convertirme en un Samurai?

 
A las 16 de marzo de 2013, 18:44 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Interesante, pero creo que los samurai son mucho más complejos.
Análisis pobre.

 

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Página principal