ANÁLISIS POLÍTICO Y SOCIAL, MANEJO DE CRISIS, MARKETING, COMUNICACIÓN Y ALTA DIRECCIÓN

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martes, 20 de enero de 2009

FILOSOFÍA DE VIDA AL ESTILO SAMURAI


UN SAMURAI NO SE LLENA EN LA VASTEDAD
NI SE VACÍA EN LA NADA
Por Baltasar Hernández Gómez

Hemos sido educados (siendo más específico diría “entrenados”) en conocimientos lineales, que simplemente representan ejes cartesianos X y Y, que dejan ver puntos que se unen en intersecciones, para saber el sitio superficial de las cosas en un plano de ubicación.

Vamos creciendo y acumulando información y las coordenadas cartesianas se metamorfosean en tres dimensiones X, Y y Z, cambiando muy poco las referencias validadas por la historia y la cultura. En nuestra juventud y adultez nuestra visión no es plana como al principio, pero tampoco universal por sus cuatro costados. Cuando nos percatamos que la vida se ha convertido en figuras geométricas, caemos en la cuenta que sabemos medir distancias, perímetros, superficies y contornos de lo que presumimos ser, así como el sitio donde imaginamos tener o poner las cosas que nos rodean.

Sin embargo, muy pocos trascienden al plano cuatridimensional, es decir, los cubos infinitos donde también interviene el tiempo (X, Y, Z y T) como variable que cambia las dimensiones de lo que somos, pensamos y actuamos. Desde el punto de vista de la física un objeto viene acompañado de un acto, que es situado en un tiempo. Por tanto, algo existe, se desarrolla y llega a su cometido en un tiempo determinado sin que ello concluya del todo. Esto es: se existe en este plano cuatridimensional, pero al mismo tiempo se desarrolla en paralelo la relatividad de actos simultáneos, contenidos éstos en el mismo entorno sin que cada acción se percate de ello.

Si asumes esta conceptualización de vida, luego entonces no habrá límites, sino tan sólo fases ad infinitum para abordar. Al llegar a una fase se pasa a otra sin perjuicio de nada pasado o de lo que siga. El único límite real es el que uno mismo establezca: "Si piensas actuar poniéndote límites, lo único que estarás logrando es morirte en la línea plana o forma geométrica que dibujas en tu interior, lo cual te condena a morir irremediablemente”.

UN SAMURAI NO DEFINE LA VIDA,
TAMPOCO DA NOMBRES NI SIGUE REGLAS,
PUES TERMINARÍA ANIQUILADO
Por Baltasar Hernández Gómez

Cuando quieras vivir a plenitud no debes anteponer los valores y principios dados como válidos. No pongas conceptos o nombres a las cosas o pensamientos que te ayudan a actuar. Si lo haces estás inscribiéndote en un modelo que es fácil repetir y ser repetido, pero que no necesariamente es el correcto para seguir viviendo. En este momento lo actuado se convierte en algo dado, descifrable, cómodo, convirtiéndolo en su propio verdugo.

Cuando antepones a las cosas un nombre es como si le pones una placa de reconocimiento a las “calles” de la vida (tu vida). Esto se convierte en un mapa previsible, que resta efectividad, movilidad y libertad. Traza tu senda en una sola dirección: Vive para actuar y actúa para vivir. Si te detienes a descifrar las cosas que suceden alrededor; si comienzas a nombrar las cosas para darle un significado, estarás perdiendo fluidez, porque te encierras en los trazos que estás creando y en los que otros han trazado.

Es así que no hay más remedio que vivas para actuar y actúes para vivir, evitando senderos inflexibles o recorridos por el simple hecho de haber sido explorados por otros. Cuando consigas transitar por el camino propio, es decir, el que vas construyendo sin pensar en distancias o características construidas por los demás, obtendrás libertad para seguir existiendo.

Si todo a lo que aspiramos y nos enfocamos es vivir para actuar y actuar para vivir estando íntegramente constituidos ¿Por qué limitarse a una forma preconcebida, que tal vez funcionó para otros, pero no para uno mismo? Es posible que las ideas prefijadas antes de la acción sean erróneas, disfrazadas de lucha continua (pero que esconde el proceso viciado que repite sin cesar “equivócate, pues siempre tendrás tiempo para seguir haciéndolo”).

Si nos empeñamos en seguir la máxima del samurai vivir para actuar y actuar para vivir estaremos recorriendo una infinidad de rutas, las cuales sin nombre o etiquetas nos pueden mostrar la luz que necesitamos para ser y estar.

UN SAMURAI SIENTE QUE CADA DÍA ES UN PRÉSTAMO
QUE TIENE QUE DEVOLVER A LA VIDA
Por Baltasar Hernández Gómez

Se debe vivir el momento sin ningún tipo de pensamiento negativo ni mucho menos de exigencia por futuros inciertos. Estamos acostumbrados a pensar y no actuar el ahora, añorando el pasado y planificando lo que presumimos vendrá. Es por esto que debes enfocarte para actuar con toda intensidad en cada cosa que realizas (no debes pensar en actuar, sino en actuar y punto).

Disfruta levantarte por las mañanas; exígete, pero también consiéntete porque nada es para siempre, si no solamente hoy. No te preocupes por intangibles, porque lo mejor de la vida es ocuparte en lo que vas a efectuar. Debes centrarte en el presente, en lo que haces en cada momento, ya que sólo de esta forma eliminarás el estrés y la ansiedad que traen los pensamientos sobre lo que te ha ocurrido y lo que supones puede ocurrirte.

La vida se vive ahora: maravíllate de estar vivo; disfruta tus comidas, tus pensamientos, tus ocurrencias, temores y arrojos. Siente que en cada acto que realizas va todo tu ser sin ningún tipo de miramientos.

Estamos “entrenados” en esperar acontecimientos fantásticos para empezar a disfrutar de la vida, que cuando llegan no son como las imaginamos o consideramos que no están a la altura de nuestras expectativas. Tienes que re-educarte y encontrar la vía que hace que todo sea maravilloso por vivir, en cada pequeño momento de la cotidianeidad.

Siempre hay una belleza oculta en cualquier instante del día. Basta que cambies la actitud y mires alrededor con voluntad de ser y estar íntegramente. Eres tú y nadie más que tú quien decide cómo interpretar el mundo y determinar tu actuar para vivir.

UN SAMURAI SILENCIA LA VOZ QUE DICE IMPOSIBLE
Por Baltasar Hernández Gómez

Paraliza tu capacidad de pensar de más. Silencia tu capacidad de elucubrar, pues vivir para actuar y actuar para vivir es una constante para desterrar miedos y soberbias, que lo único que te traen son consecuencias negativas. En la mayoría de las ocasiones la mente humana juzga, compara, se enfada y lamenta, por lo que es necesario que detengas los pensamientos en tu actuar.

Cuando aparezcan los pensamientos limitados no hay que dejar que te carcoman la intención de hacer ni mucho menos la voluntad de actuar. Una manera efectiva de parar los pensamientos es encontrarse a solas y en silencio (aún rodeado de objetos y personas), ya que desde esta situación podrás dar el justo valor a las cosas. El silencio (mental y de lenguaje) permite poner las cosas en su real dimensión, alejando ansiedades innecesarias.

Eliminar las interferencias del pensamiento reactivo y colocar voluntades activas te permitirá hacer las cosas para vivir a plenitud. Busca un momento del día para que estés solo contigo mismo, pero lo más importante encuentra esos espacios cada vez que enfrentes situaciones de contrariedad. Bastan unos segundos o minutos, en su caso, para ver cómo corren en múltiples direcciones las líneas de los sucesos que ves o vives.

En ese tiempo no deben existir pensamientos contrariados ni voces que te impidan pensar con precisión o inmovilicen tu actuar. Intenta que esta disciplina íntima se convierta en una constante flexible para aclarar tu mente, pero sobre todo tu forma de actuar en consecuencia.

Dale vuelta a las situaciones incómodas o difíciles de resolver a tu favor. Cambia la percepción que tienes para ver e interactuar con las cosas. La realidad no es buena ni mala, sino de la manera en que la percibes y actúas en ella. Es algo así como cuando dos hombres en la misma celda se asomaron a la ventana de su prisión: uno vio el metal que no lo dejaba escapar a la libertad y el otro contempló las estrellas del firmamento. Así es la vida: del cristal con el que quieras mirarla.

UN SAMURAI DEBE TENER VISIÓN DEL UNIVERSO MÚLTIPLE
Por Baltasar Hernández Gómez

Las cosas que piensas y haces no son únicas ni están desconectadas del todo. Lo que realizas está directamente relacionado con lo que te propones y con los asuntos que se desenvuelven a tu alrededor. Tu alcance es la medida de vivir para completar tus deseos en el ahora, pero debes tener presente que esto irremediablemente impacta al universo mismo.

¿Cómo es esto? La sensación de bienestar en ti no suele ser la misma que para los demás. Si bien es cierto debes vivir para actuar y actuar para vivir, tienes que cuidar que tus quehaceres no contraigan más facturas a pagar que las que deseas obtener. Aún cuando lo que hagas es porque debes hacerlo, en la medida que tus actos sean impecables e implacables estarán encajándose con los actos de los demás (que no deben importarte ni mucho menos obstaculizarte).

Al actuar piensas en conseguir el satisfactor tangible o intangible de las cosas, pero no por ese simple hecho siempre ganas, porque si siempre ganas no significa que ganas siempre. Prepárate para actuar y no para obtener triunfos (traducidos en ganancias), pues si lo haces estarás condenado al dolor del fracaso.

Si vas manejando y se atraviesa un animal tratarás de desviar el vehículo en que te transportas, pero esta misma acción de salvarte y de no perjudicar la integridad del animal, puede ocasionar que el vehículo se deshaga (y tú con él), o bien, que atropelles a otro sujeto o animal y, en el último de los casos colisionar con otro vehículo y perjudicar a terceras personas u objetos.

Así es el acto en el universo: uno nunca sabe los alcances que derivarán, pero no por esto te detengas a hacer lo que debas hacer.

UN SAMURAI DEBE SER LÍQUIDO QUE SE MOLDEA, PERO QUE NO ESCAPA.
Por Baltasar Hernández Gómez

No busques establecerte en un punto de comodidad. No te acoples a lo ya explorado porque te ha resultado positivo. No adoptes formas preconcebidas, sino amóldate a la forma que consideres oportuna adoptar para vivir. Debes tener la característica de los fluidos, pues esto te permitirá acondicionarte en la mejor posición para seguir actuando.

Viértete y constitúyete en la forma que requiere el momento. Construye tus propios moldes y vacía el propio líquido en otros nuevos, de acuerdo a las condiciones que vivas. Si debes ser círculo, pues sé círculo, pero si en otra ocasión esta figura no es adecuada, entonces hazte cubo o triángulo o lo que fuese necesario ser, para seguir actuando.

El líquido no sólo se acomoda y se mantiene pasivo, sino que desborda, rompe y desgarra los moldes para transformarse en nuevas cosas. La gota de agua por sí sola es cantidad que provoca ruido y ritmo, pero repetida un millón de veces taladra, perfora y cambia su entorno. Esto no significa ser voluble o cambiante: es camino para abordar nuevas cosas sin revestirte de durezas.
UN SAMURAI HACE UNA Y OTRA VEZ LAS COSAS
QUE TIENE QUE HACER.
Por Baltasar Hernández Gómez

No se trata de repetir esquemas ni volverse predecible o duro en las formas de actuar., sino por el contrario, haces lo necesario con disciplina redoblada para alcanzar el momento. Nadie toma importancia a las personas que hablan con un millón de frases elegantes, pero sí pones atención hacia aquellas que han pronunciado una frase contundente un millón de veces.

Al igual que un boxeador que pega cientos de golpes a diferentes partes de la humanidad de su contrincante, sólo consigue acumular puntos; el más efectivo es el que pega un gancho al hígado cientos de veces. Actuar, actuar y volver actuar hasta alcanzar tu propósito es la constante del samurai (la tuya). Un escritor o un artista, por ejemplo, debe a su disciplina de trabajo y más trabajo la majestuosidad de su obra, que se convierte en inmortalidad.
B.H.G.

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